León XIV ha nombrado este sábado a monseñor Aurelio García Macías secretario del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, el mismo organismo en el que hasta ayer ejercía de subsecretario. Ocupa la silla que deja el franciscano Vittorio Francesco Viola, enviado a la Basílica de San Pedro como arcipreste, vicario general para la Ciudad del Vaticano y presidente de la Fábrica de San Pedro, tras el traslado del cardenal Mauro Gambetti a Chieti-Vasto.
El relevo tiene más peso del que aparenta. El prefecto, el cardenal Arthur Roche, nació en 1950 y rebasa holgadamente el límite de edad, de modo que la gestión cotidiana del dicasterio —respuestas a las conferencias episcopales, dispensas, expedientes— queda ahora en manos del prelado español. El equipo que Francisco instaló en Culto Divino en mayo de 2021, siete semanas antes de firmar Traditionis custodes, sigue intacto en lo esencial: cambian los despachos, permanecen los hombres.
Un vallisoletano de San Anselmo
García Macías nació en Pollos (Valladolid) el 28 de marzo de 1965 y fue ordenado sacerdote en 1992. Licenciado en Filosofía por Salamanca, se doctoró en el Pontificio Instituto Litúrgico de San Anselmo con una tesis sobre la ordenación presbiteral en los ritos bizantino y romano. En su diócesis fue delegado de Liturgia y rector del seminario, y presidió la Asociación Española de Profesores de Liturgia. Benedicto XVI lo hizo consultor de la Congregación en 2010; en septiembre de 2015 se instaló en Roma, en 2016 fue nombrado oficial del dicasterio y en 2021 Francisco lo elevó a subsecretario con carácter episcopal y sede titular de Rotdon. Recibió la ordenación episcopal en la catedral de Valladolid el 11 de julio de aquel año.
Sus afinidades intelectuales nunca han sido un misterio. Tradujo al castellano Liturgia y belleza. Nobilis pulchritudo, de Piero Marini, antiguo secretario de Annibale Bugnini y maestro de ceremonias de Juan Pablo II hasta que Benedicto XVI prescindió de él. En 2025 recibió el Memorial Pere Tena del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona, galardón que lleva el nombre de otro liturgista que ocupó su misma subsecretaría.
De Sarah a Roche sin desafinar
Llegó a la Congregación bajo el cardenal Robert Sarah, el prefecto que pidió a los sacerdotes celebrar mirando a Oriente y fue corregido por la Sala de Prensa a los pocos días. Tras la renuncia del guineano en 2021 y una inspección interna confiada al obispo italiano Claudio Maniago, el organigrama quedó reorganizado con Roche de prefecto, Viola de secretario y García Macías de subsecretario. Sirvió a ambos regímenes, tan opuestos en orientación, con idéntica diligencia, y en once años no consta una sola declaración pública que se aparte de la línea del prefecto de turno. Es el perfil del funcionario impecable: eficaz, discreto y perfectamente intercambiable de bandera.
Él mismo relató los entresijos de su promoción en una entrevista concedida en julio de 2021 a la Comisión Isabel la Católica del Arzobispado de Valladolid, días después de su consagración. Contó que fue el cardenal Sarah quien escribió al cardenal Blázquez para reclamar su incorporación a Roma, y que en la primavera de 2021, con la Congregación sin prefecto y bajo la mirada de un visitador enviado por Francisco, llegó a pensar que regresaba a su diócesis. La realidad fue otra. Le comunicaron que seguiría como subsecretario, cargo que la curia suele reservar a un presbítero, y fue el sustituto de la Secretaría de Estado, Edgar Peña Parra, quien le reveló de improviso que Francisco quería además hacerlo obispo. La noticia pilló desprevenido incluso a su superior, y hubo que confirmarla con una llamada al Papa. Nada de la consulta previa ni del tiempo de discernimiento habituales: un nombramiento directo, decidido en Santa Marta, en plena demolición del legado de Sarah. Su lema episcopal, tomado del capítulo 17 de san Juan, es Pro eis, «por ellos».
La «camarilla de San Anselmo»
En febrero de 2023, la periodista Luisella Scrosati señaló en La Nuova Bussola Quotidiana a un grupo de liturgistas formados en el Ateneo de San Anselmo como el núcleo de la ofensiva contra la misa tradicional. En aquella «cricca di Sant’Anselmo» figuraban Viola, los subsecretarios García Macías y Marcjanowicz, y los responsables de las celebraciones pontificias Ravelli y Midili. Todos ellos son hijos de la misma escuela romana que surte de profesores de liturgia a buena parte de los seminarios italianos.
Traditionis custodes, desde la segunda fila
El motu proprio de Francisco se publicó el 16 de julio de 2021, cinco días después de la consagración episcopal de García Macías. Durante su etapa como subsecretario, el dicasterio emitió los Responsa ad dubia de diciembre de 2021, que presentaban la misa antigua como una concesión transitoria, y obtuvo el rescripto de febrero de 2023 que reservó a Roma las dispensas para celebrar con el misal de 1962 en iglesias parroquiales.
Su voz pública sobre el documento ha sido escasa; su firma, en cambio, aparece allí donde la norma se aplica. Este mismo verano, unos fieles de la diócesis italiana de Saluzzo que pedían una sola misa tradicional al mes recurrieron a Roma después de que su obispo se la negara invocando Traditionis custodes. La respuesta, fechada el 17 de julio y firmada por García Macías, se limitó a devolverlos al mismo obispo que los había rechazado, recordándoles que solo a él compete autorizar el misal de 1962. El prelado reiteró su negativa en septiembre. Algunos de aquellos fieles, cansados del peloteo entre la curia diocesana y la romana, terminaron en las capillas de la Fraternidad San Pío X.
Chiapas: incienso, «principales» y balanceos rítmicos
El expediente mexicano lo acompañaba desde el principio. En aquella misma entrevista de 2021, al describir su trabajo, citaba como ejemplo la adaptación de la misa a las lenguas y culturas indígenas de México, en tsotsil y tseltal, que el dicasterio estudiaba ya entonces. A finales de febrero de 2023, García Macías viajó a San Cristóbal de las Casas para participar en los trabajos de adaptación del Ordinario de la Misa a los pueblos tseltal, tsotsil, ch’ol y tojolabal. Sobre la mesa estaban la incensación a cargo de hombres y mujeres designados por la comunidad, la figura del «principal» —un laico o una laica que guía la oración junto al sacerdote—, el encendido ritual de velas y la danza. El obispo Rodrigo Aguilar reconocía que esas prácticas ya se realizaban y que lo que se buscaba era el visto bueno de Roma. El subsecretario describió la experiencia como un enriquecimiento personal.
La recognitio llegó el 8 de noviembre de 2024, ampliada además a los zoques. Dieciséis días después, la Conferencia del Episcopado Mexicano tuvo que salir a explicar que no se había aprobado ningún «rito maya», ni altar maya, ni oraciones a los puntos cardinales, y que lo autorizado no eran danzas sino «balanceos rítmicos del cuerpo». La precisión semántica, digna de un manual de eufemismos curiales, no impidió que las imágenes dieran la vuelta al mundo.
El giro de septiembre frente a los excesos en México
El 4 de septiembre pasado, ante 49 obispos recién nombrados de territorios de misión, el mismo García Macías advirtió contra la inculturación improvisada: «No basta con añadir un canto tradicional o introducir una danza», dijo, y señaló el sincretismo y el folclore como peligros. Palabras sensatas, y hasta oportunas, en boca de quien acompañó de cerca el expediente chiapaneco. Cabe leerlas como fruto de la experiencia o como simple adaptación al clima del nuevo pontificado; el lector juzgará qué balanceo pesa más.
Lo que dice el nombramiento
León XIV ha recibido en estos meses a los cardenales Burke, Sarah, Zen y Müller y al obispo Athanasius Schneider, y ha escuchado peticiones de alivio para los fieles apegados al rito antiguo. Mientras tanto, Roche aseguró en julio a The Tablet que el Papa no tocará Traditionis custodes, y la Fraternidad San Pío X consumó el 1 de julio sus consagraciones episcopales. El ascenso de García Macías no modifica por sí solo la política litúrgica de Roma, pero confirma que la maquinaria que la ejecuta seguirá en manos de quienes la diseñaron. El próximo gran movimiento será el relevo de Roche. Hasta entonces, quien quiera saber hacia dónde sopla el viento en la plaza Pío XII hará bien en mirar menos las audiencias y más las firmas.