Ni el 1% de las diócesis autorizadas: Los números de Traditionis Custodes confirman el estrangulamiento de la Misa tradicional

Ni el 1% de las diócesis autorizadas: Los números de Traditionis Custodes confirman el estrangulamiento de la Misa tradicional

El Dicasterio para el Culto Divino publica el Summarium Decretorum de 2025. Entre las más de tres mil circunscripciones eclesiásticas del mundo, apenas 34 recibieron el permiso romano para que la Misa tradicional se celebre en una iglesia parroquial. Comparadas con el censo del Latin Mass Directory, que registra cerca de mil quinientos lugares aprobados en 64 países, las cifras vaticanas retratan un régimen concebido para que la liturgia antigua muera lentamente, con la cortesía de las prórrogas bienales.

El Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos ha hecho público el Summarium Decretorum correspondiente a 2025, el índice anual de las decisiones adoptadas por el organismo que dirige el cardenal Arthur Roche. El documento revela que, a lo largo del año pasado, la Santa Sede concedió permiso para celebrar la Misa según el Misal Romano de 1962 en iglesias parroquiales de 34 diócesis. Siete de esos decretos llevan fecha del pontificado de Francisco; los 27 restantes fueron firmados después de la elección de León XIV, el 8 de mayo.

La letra pequeña del índice desinfla cualquier interpretación benévola. Veintinueve de los 34 decretos son simples renovaciones, por el plazo habitual de dos años, de autorizaciones que ya existían. Sólo un puñado de comunidades obtuvo un permiso nuevo. Según el recuento del semanario británico The Catholic Herald, el conjunto de decretos afecta a 55 iglesias parroquiales repartidas en 33 diócesis, entre el 16 de enero y el 12 de diciembre de 2025.

Una gota en el océano de la Iglesia universal

El Anuario Pontificio contabiliza 3.041 circunscripciones eclesiásticas en el mundo católico, entre diócesis, archidiócesis, prelaturas, vicariatos y ordinariatos, con unos 1.400 millones de bautizados. Las 34 diócesis beneficiadas en 2025 representan algo más del uno por ciento de las sedes de la Iglesia. Veinticuatro de esos 34 decretos corresponden a Estados Unidos, con diócesis como Sacramento, Seattle, Nashville, Lincoln, Davenport o Cleveland. El resto del planeta, desde América Latina hasta África y Asia, aparece prácticamente en blanco.

En 2022, primer año completo de vigencia del motu proprio, se concedieron permisos a 35 diócesis y jurisdicciones, 20 de ellas norteamericanas. En 2023 la cifra subió hasta 55 decretos, para descender a 34 en 2024 y quedarse clavada en ese mismo número en 2025.

Lo que dice el censo independiente

El Latin Mass Directory, el censo internacional que desde 2015 registra exclusivamente las Misas según el Misal de 1962 celebradas con aprobación episcopal, ofrece el contrapunto necesario. Su base de datos recoge en la actualidad cerca de mil quinientos lugares de culto en 64 países, con Estados Unidos (446), Francia (224), Polonia (117), Italia (117), Reino Unido (98), Brasil (92) y Alemania (87) a la cabeza; España figura con 36.

Las dos cifras, una junto a otra, dibujan el verdadero perfil de Traditionis Custodes. Los 55 templos parroquiales del Summarium apenas suponen entre el tres y el cuatro por ciento de los lugares aprobados que consigna el directorio. La inmensa mayoría de las Misas tradicionales autorizadas se celebra ya fuera de las iglesias parroquiales, en capillas de institutos, oratorios, cementerios, colegios, salones o locales alquilados, exactamente donde el motu proprio quería arrinconarlas. El artículo 3 §2, al prohibir el uso de las iglesias parroquiales, no redujo el número de fieles; los expulsó del corazón de la vida diocesana y los convirtió en inquilinos precarios de su propia Iglesia.

El directorio cuantifica también el daño. En 2022, primer año de aplicación plena, se marcaron como suprimidos 232 lugares de culto, 96 de ellos explícitamente a causa de Traditionis Custodes. Estados Unidos, el país con mayor número de fieles apegados al rito antiguo, ha perdido 71 lugares desde 2021, un 14 por ciento, con desplomes de 65 y 52 lugares en 2022 y 2023. El Reino Unido ha caído un 27 por ciento; Australia, un 22 por ciento; los Países Bajos, un 24 por ciento. Perú, la patria de León XIV, vio cancelados en 2022 sus tres únicos centros autorizados y hoy no conserva ninguno. China, Costa Rica, Letonia, Malasia y Sri Lanka figuran igualmente a cero. Como ya publicó InfoVaticana en julio, catorce países de tres continentes carecen de un solo lugar donde asistir a la Misa tradicional sin la sombra de la irregularidad canónica.

En los países donde los obispos han resistido la presión romana, el panorama es otro. Francia ha crecido un 29 por ciento desde 2021 y suma 224 lugares; Alemania ha pasado de 36 a 85, un 136 por ciento; Polonia ha subido un 67 por ciento; Italia, un 102 por ciento; Suiza, la tierra de Écône, ha duplicado su oferta. Allí donde el ordinario ha querido, la liturgia tradicional ha florecido pese al motu proprio. Allí donde el ordinario ha aplicado el texto con celo, ha desaparecido. Traditionis Custodes no ha unificado nada: ha convertido la suerte de los fieles en una lotería episcopal.

Un compromiso diseñado para morir

Traditionis Custodes, promulgado por Francisco el 16 de julio de 2021, no ordenó la vida litúrgica de una minoría: la puso bajo tutela. Prohibió la Misa tradicional en las iglesias parroquiales, vetó la erección de nuevas parroquias personales, exigió a los sacerdotes ordenados después del motu proprio una licencia de la Santa Sede para poder celebrarla y reservó a Roma la dispensa de cada prohibición. La Responsa ad dubia del cardenal Roche, de diciembre de aquel año, remató el cerco: la dispensa sólo cabe cuando resulte imposible hallar otra iglesia, oratorio o capilla; la Misa no puede figurar en el horario parroquial; no debe coincidir con las actividades de la comunidad; y el permiso se retirará en cuanto aparezca un local alternativo. Ninguna otra realidad eclesial, ninguna asociación, ningún movimiento, ningún rito oriental, ha sido sometido a semejante régimen de sospecha.

Las prórrogas bienales, presentadas como gesto de benevolencia pastoral, son la pieza más perversa del mecanismo. Cada dos años el obispo debe justificar ante Roma la asistencia, los pasos dados hacia la liturgia reformada y el «bien espiritual» de unos fieles a quienes se presume en falta. El objetivo declarado no es la estabilidad sino la extinción. Lo confesó con desarmante franqueza el obispo de Pittsburgh, Mark Eckman, al anunciar en agosto el fin de la única Misa tradicional diocesana, celebrada en la iglesia de San Tito durante casi veinte años: el permiso «sólo estaba concebido como temporal» y la expectativa de la Santa Sede era que la necesidad de esa dispensa «llegara eventualmente a su fin» y que los fieles fueran «conducidos hacia la celebración del rito posconciliar». La última Misa tuvo lugar el 4 de septiembre. La ficha de San Tito en el Latin Mass Directory fue actualizada hace apenas unos días.

Tal es el compromiso que se ofrece a los católicos apegados a la liturgia de sus padres: una autorización caducable, condicionada a demostrar periódicamente que se está dejando de necesitarla. Un compromiso de muerte, con fecha de vencimiento renovable a discreción del prefecto de turno. Knoxville obligó a tres iglesias a pasar íntegramente al Misal de 2002 el 1 de enero de 2026. Owensboro cerró la Misa de Earlington el 28 de junio porque la diócesis «no podía satisfacer las condiciones impuestas por la Santa Sede», entre ellas las medidas destinadas a encaminar a los fieles hacia la liturgia reformada. Camden clausuró la de Santa Gianna Beretta Molla el mismo día. Ninguna de esas desapariciones figura en el Summarium; el índice sólo anota las gracias concedidas, nunca las que se dejan expirar.

La incoherencia de fondo

El aparato es grotescamente desproporcionado. Un dicasterio de la Curia romana dedica personal, informes y decretos numerados a decidir si en Akron, en San Angelo o en una parroquia rural de Kentucky puede seguir celebrándose una Misa mensual con el Misal de San Juan XXIII, mientras las capillas de la Fraternidad de San Pío X, cuyos cuatro obispos fueron excomulgados este año tras las consagraciones sin mandato pontificio, acogen sin pedir permiso a nadie a los fieles expulsados de sus parroquias. En Perú, en Costa Rica, en Kenia, en Sri Lanka, la única Misa tradicional que queda es la de la Fraternidad. Traditionis Custodes, dictado en nombre de la unidad, ha resultado ser el mejor agente de reclutamiento de Écône.

El propio arzobispo de Oklahoma City y presidente de la Conferencia Episcopal estadounidense, Paul Coakley, reconocía en agosto que los católicos apegados a la liturgia tradicional afrontan un «dilema» y confesaba no estar seguro de que se hubiera escuchado «la última palabra» de León XIV. En Alemania, según las respuestas recabadas por CNA Deutsch, diócesis como Hamburgo, Colonia, Ratisbona o Passau confirmaron que no tienen intención alguna de ampliar la oferta, aun cuando el tono romano se haya suavizado. Otros pastores, como el obispo de Oslo, Fredrik Hansen, o el de Aberdeen, Hugh Gilbert, han ampliado horarios.

Un pontificado que aún no ha hablado

León XIV mantiene en vigor Traditionis Custodes y no ha anunciado modificación alguna. Las fuentes vaticanas coinciden en que el Dicasterio para el Culto Divino se muestra más receptivo a las peticiones de dispensa y que las condiciones resultan menos gravosas en la práctica. Los 27 decretos posteriores al 8 de mayo, frente a los siete del último tramo del pontificado anterior, apuntan en esa dirección. Un tono más amable no deroga una norma injusta; la administra con mejores modales.

Un instrumento normativo pensado para una Iglesia universal gobierna con minuciosidad policial una realidad estadísticamente ínfima: 34 diócesis de 3.041, 55 iglesias parroquiales de un universo de más de doscientas mil parroquias, mil quinientos lugares aprobados en todo el planeta para más de mil cuatrocientos millones de católicos. Si el propósito era contener una amenaza a la unidad, las cifras demuestran que la amenaza nunca existió en la escala que se le atribuyó. Si el propósito era acompañar a una minoría fiel, el goteo de clausuras, los catorce países vaciados y la humillante mecánica de las prórrogas demuestran que el modelo ha servido para lo contrario.

El Summarium Decretorum de 2025 retrata, con la frialdad de un índice administrativo, la desproporción entre el aparato desplegado y la realidad que pretende gobernar. Los fieles no piden privilegios: piden que se les deje rezar como rezó la Iglesia durante siglos, en la iglesia de su parroquia, sin tener que pedir cada dos años perdón por existir. La pelota sigue en el escritorio de León XIV.

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