Solemnidad de Nuestra Señora del Monte Carmelo

Solemnidad de Nuestra Señora del Monte Carmelo

María, Reina del Carmelo y Madre de todos los hombres

Descubre tu presencia, 

y máteme tu vista y Hermosura: 

mira que la dolencia 

de amor que no se cura 

sino con la presencia y la figura.

(Cántico espiritual 11)

Santísima Virgen del Carmen, Reina del Monte santo, Madre del Verbo encarnado, Hija amadísima del Padre y Esposa fidelísima del Espíritu Santo; Señora revestida de sol, hermosura de la Iglesia, esperanza de los peregrinos, consuelo de los afligidos y Estrella luminosa de los mares: en este día bendito en que toda la familia carmelitana y el pueblo cristiano os aclaman con filial alegría, venimos a postrarnos ante Vos para poner en vuestro Corazón maternal cuanto llevamos en el nuestro y cuanto necesita el mundo entero, seguros de que jamás deja de ser escuchada la súplica de quien acude con confianza a la Madre de Jesucristo.

Presentad al Padre, por las manos de vuestro Hijo, a la Santa Iglesia Católica. Guardad en la unidad de la fe al Santo Pueblo de Dios; fortaleced al Papa, a los obispos, sacerdotes y diáconos; inflamadlos con el fuego del Espíritu Santo para que anuncien a Cristo con valentía, celebren santamente los divinos misterios y conduzcan a las almas por el camino de la verdad y de la santidad. Haced florecer en toda la Iglesia el amor a la oración, la fidelidad a la doctrina recibida, la belleza de la liturgia, el celo apostólico y la alegría de los santos, para que resplandezca ante el mundo como Esposa sin mancha de vuestro divino Hijo.

Volved vuestra mirada hacia todas las almas. Buscad especialmente a quienes viven lejos de Dios, a quienes han perdido la fe, a quienes se encuentran esclavizados por el pecado, la desesperanza o la indiferencia. Como en Caná advertisteis la necesidad antes de que nadie os la manifestara, descubrid también hoy las pobrezas ocultas del corazón humano y alcanzad de vuestro Hijo el milagro de innumerables conversiones. Que ningún pecador desespere de la misericordia; que ningún hijo pródigo deje de volver al abrazo del Padre; que el Espíritu Santo renueve la faz de la tierra con un nuevo Pentecostés de gracia y santidad.

Bendecid a las familias cristianas. Haced de cada hogar un pequeño Nazaret donde Jesucristo sea amado, la oración sostenga la vida cotidiana, los esposos se entreguen con fidelidad y los hijos crezcan en sabiduría, en gracia y en virtud. Consolad a las familias heridas, reconciliad a quienes viven divididos, fortaleced a los ancianos, defended a los niños, sostened a quienes cuidan con amor de los enfermos y haced que toda casa cristiana sea una lámpara encendida en medio del mundo.

Madre del Carmelo, suscitad abundantes y santas vocaciones al sacerdocio, a la vida contemplativa, a la vida apostólica y al santo matrimonio. Que nunca falten almas generosas que, dejándolo todo por Cristo, hagan visible en la tierra la belleza del Reino de los cielos. Proteged de manera especial a los misioneros, que anuncian el Evangelio en medio de peligros y fatigas; a las comunidades que sostienen silenciosamente a la Iglesia con su oración; a los religiosos y religiosas, para que perseveren con alegría en su primera entrega; y a todos los sacerdotes, para que, configurados cada día más con el Buen Pastor, sean hombres de Dios, enamorados de la Eucaristía, de la Virgen y de las almas.

Acordaos también, Madre bondadosa, de los trabajadores de toda condición. Bendecid el esfuerzo de quienes se ganan honradamente el pan con el sudor de su frente; sostened a quienes carecen de empleo; proteged a los que desempeñan tareas peligrosas o sacrificadas; iluminad a quienes tienen responsabilidades públicas para que trabajen siempre por la justicia y el bien común; y haced que toda actividad humana contribuya a la gloria del Padre y al servicio de los hermanos.

Con singular ternura ponemos bajo vuestro manto a los presos, a los cautivos, a quienes viven privados de libertad, a los secuestrados, a las víctimas de las guerras y de toda violencia. Romped las cadenas del pecado que esclaviza el corazón humano y haced que cuantos sufren la pérdida de la libertad encuentren en Cristo la verdadera redención, la paz del alma y la esperanza de una vida nueva.

Estrella de los mares, dirigid una mirada de predilección a los marineros, pescadores, hombres y mujeres de la mar, a cuantos viven del océano y encuentran en él su sustento; proteged a quienes navegan, a quienes trabajan en puertos y embarcaciones, a las familias que esperan en tierra el regreso de los suyos. Guardad con especial solicitud al Ejército de Marina, a cuantos sirven con nobleza en la defensa de sus pueblos y a todos los que arriesgan su vida para salvar la de otros. Sed para ellos puerto seguro en la tempestad, estrella en la noche y consuelo en toda dificultad.

Proteged igualmente a los viajeros, a cuantos recorren caminos, cielos y mares por necesidad, por trabajo o por servicio; acompañad a los emigrantes, a los peregrinos y a todos los que viven lejos de su hogar, para que experimenten siempre vuestra cercanía maternal y lleguen con bien a su destino.

Os encomendamos con filial amor nuestra querida y pobre España. Conservad viva su fe católica, fortaleced a sus familias, iluminad a sus gobernantes, despertad nuevas vocaciones, defended la dignidad de la vida humana, mantened la paz y haced que esta tierra, tan marcada por vuestra presencia y por la de tantos santos, siga siendo generosa en el servicio de la Iglesia y en la propagación del Evangelio.

Finalmente, Madre del Escapulario, no olvidéis a las benditas almas del purgatorio. Que la Sangre preciosa de Jesucristo, ofrecida en el Santo Sacrificio del altar, las purifique de toda deuda; que el Espíritu Santo las introduzca en la plenitud de la luz; y que, por vuestra maternal intercesión, puedan contemplar cuanto antes el rostro glorioso de la Santísima Trinidad y unirse al coro eterno de los santos.

Y a nosotros, que todavía caminamos por este mundo, concedednos la gracia de perseverar hasta el fin en la fe de la Iglesia, de vivir únicamente para Jesucristo, de dejarnos conducir dócilmente por el Espíritu Santo y de buscar en todo la gloria del Padre. Que llegue pronto el día en que la Santa Madre Iglesia resplandezca con renovado esplendor, el Evangelio sea anunciado hasta los confines de la tierra, el Corazón Sacratísimo de Jesús reine en todos los corazones, pueblos e instituciones, y toda lengua proclame que Él es el Señor, para gloria de Dios Padre.

Nuestra Señora del Carmen, Reina y Hermosura del Monte santo, proteged a vuestros hijos, defended a la Santa Iglesia, alcanzad la conversión del mundo, socorred a las almas del purgatorio y conducidnos a todos hasta la eterna contemplación del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

 

Por: Mons. Alberto José González Chaves

 

Novena completa a nuestra Señora del Carmen 

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