Savannah amaneció este 31 de octubre con una multitud inusual para una ciudad sureña acostumbrada a otras celebraciones en la víspera de Todos los Santos. Unos diez mil fieles llenaron el Centro de Convenciones para asistir a la elevación a los altares de fray Pedro de Corpa, fray Blas Rodríguez de Cuacos, fray Miguel de Añón, fray Francisco de Veráscola y el hermano lego Antonio de Badajoz, los cinco franciscanos españoles asesinados en septiembre de 1597 en la costa de la actual Georgia por negarse a bendecir lo que la Iglesia no puede bendecir. Es la primera beatificación celebrada en suelo georgiano y en todo el sur de los Estados Unidos.
Presidió la ceremonia el cardenal Frank Leo, arzobispo de Toronto, como legado del papa León XIV. Concelebraron el nuncio en Estados Unidos, Gabriele Caccia; el obispo de Savannah, Stephen D. Parkes, y su predecesor emérito, J. Kevin Boland; el arzobispo de Atlanta, Gregory J. Hartmayer; el arzobispo de Mérida-Badajoz, José Rodríguez Carballo, y el arzobispo de Urgel, Joan-Enric Vives, en representación de la Conferencia Episcopal Española, junto al ministro provincial franciscano Michael Perry, el postulador general de la Orden, Giovangiuseppe Califano, y decenas de sacerdotes. La liturgia, celebrada en inglés y en español, conservó el latín en los cantos.
La carta apostólica y el lienzo descubierto
Al comienzo de la Misa, el obispo Parkes presentó la petición formal de beatificación y repasó la larga historia de la causa, recordando que la Iglesia vive el Año Jubilar del octavo centenario de la muerte de san Francisco de Asís. Siguieron las semblanzas de los cinco frailes, leídas en inglés y después en español por el padre Pablo Migone, uno de los grandes impulsores del reconocimiento de los mártires.
El cardenal leyó entonces la carta apostólica firmada por León XIV el pasado 30 de septiembre, festividad de san Jerónimo, que el arzobispo Hartmayer, franciscano conventual, proclamó en inglés y monseñor Vives en español. El Papa presenta a los nuevos beatos como mensajeros de Cristo a quienes nadie logró doblegar, hombres que antepusieron la verdad salvadora del Evangelio a su propia seguridad, y fija su memoria litúrgica el 22 de septiembre. Con la proclamación se descubrió la imagen oficial de los mártires, pintada por el artista de Savannah Jared Matthew Seff, mientras la asamblea entonaba el himno de alabanza. La cruz procesional lucía palmas, antiguo emblema del martirio, y un coro con orquesta estrenó piezas compuestas expresamente para la ocasión, entre ellas un salmo en español.
Una muerte por la verdad del matrimonio
La historia de estos cinco hombres es de una nitidez que incomoda. Llevaban dos años viviendo entre los guales, sin escolta militar, en cinco misiones repartidas por la costa y las islas de La Florida española. Juanillo, heredero de un cacicazgo y bautizado, quiso tomar una segunda esposa según la costumbre de su pueblo. Fray Pedro de Corpa se lo prohibió. Juanillo y sus hombres lo mataron en su misión y, entre el 14 y el 17 de septiembre de 1597, acabaron con otros cuatro frailes. Un sexto, Francisco de Ávila, fue secuestrado y torturado durante meses antes de recobrar la libertad. Fray Blas Rodríguez, según los relatos de la época, pidió celebrar una última Misa antes de morir.
El obispo Parkes, al término del rito, expresó su convicción de que la intercesión de los nuevos beatos traerá un respeto renovado por la dignidad del sacramento del matrimonio, la fidelidad entre los esposos y el florecimiento de familias creyentes en Georgia y más allá. Es la lectura que InfoVaticana ya adelantaba esta misma mañana: vale la pena morir por el matrimonio.
La homilía: contra el Evangelio rebajado
El cardenal Leo, que predicó en inglés y en español y dedicó un saludo especial a la delegación llegada de España, llamó a los cinco franciscanos «testigos luminosos del Evangelio» y subrayó que su reconocimiento es un regalo para la Iglesia entera, y no solo para la diócesis de Savannah. Citó el Catecismo para definir el martirio como el testimonio supremo de la verdad de la fe y se apoyó en el Evangelio de san Juan para recordar que la fe vence al mundo.
El pasaje más afilado llegó cuando el legado describió las presiones actuales para diluir las exigencias del Evangelio, comprometer la integridad de la fe y plegarse al espíritu de la época. Frente a esa tentación, dijo, el ejemplo de los mártires obliga a mirar cada relación, cada trabajo y cada estudio a la luz de Cristo y de su Reino. Recordó también que la beatificación coincide con el 250.º aniversario de la Declaración de Independencia estadounidense, animó a los jóvenes a seguir a Jesús con un corazón indiviso y cerró con una frase que resume la jornada: «Todavía hay cosas por las que vale la pena vivir y morir».
Cuatro siglos de causa y unas reliquias perdidas
El camino ha sido largo. La propuesta de llevar la causa a Roma nació en el episcopado estadounidense a comienzos del siglo XX, el padre Marion Habig fue nombrado vicepostulador en 1950 y la fase diocesana no se abrió hasta febrero de 1984, bajo el obispo Raymond W. Lessard. En enero de 2025, el papa Francisco aprobó el decreto que reconocía su muerte por odio a la fe, lo que abrió la puerta a la beatificación sin necesidad de un milagro, como InfoVaticana explicó en su día. Los organizadores rindieron homenaje al franciscano Conrad Harkins, antiguo vicepostulador fallecido en 2020, y al arqueólogo David Hurst Thomas, cuyas excavaciones en la misión de Santa Catalina de Guale iluminaron aquel periodo.
Queda un misterio sin resolver. Las reliquias de cuatro de los frailes fueron recogidas y llevadas a San Agustín de la Florida, donde se les atribuyeron curaciones, pero se desconoce su paradero. Algunos historiadores sostienen que los franciscanos se las llevaron a Cuba cuando la plaza pasó a manos británicas en 1763, y un cráneo hallado en Darien se está analizando por si perteneciera a uno de ellos.
Las ocho palmeras que adornaron el recinto serán trasplantadas junto al monumento a los mártires en la parroquia de Nuestra Señora de la Natividad, en Darien. Este domingo, 1 de noviembre, monseñor Parkes celebrará una Misa de acción de gracias en la catedral basílica de San Juan Bautista de Savannah, y La Albuera, cuna de fray Antonio de Badajoz, festejará a su nuevo beato con una Eucaristía presidida por el arzobispo de Mérida-Badajoz. Extremadura suma dos beatos en un solo día: el hermano Antonio y fray Blas, natural de Cuacos de Yuste.