Dos obispos de la cumbre de Amoris laetitia piden ver «qué hay de bueno» en las parejas que conviven

Los dos ponentes de la sesión sobre los jóvenes y el matrimonio defienden acompañar la convivencia sin boda; Farrell admite que los matrimonios caen en todo el mundo

Dos obispos de la cumbre de Amoris laetitia piden ver «qué hay de bueno» en las parejas que conviven

Los dos ponentes de la sesión dedicada a los jóvenes y el matrimonio en el encuentro convocado por León XIV por los diez años de Amoris laetitia pidieron este viernes a los obispos reunidos en el Vaticano acompañar a las parejas que conviven sin estar casadas y preguntarse «qué hay de bueno» en sus relaciones. El arzobispo de Perth, el salesiano Timothy Costelloe, y el obispo auxiliar de Bombay, Stephen Fernandes, desarrollaron el segundo de los cinco núcleos temáticos de la reunión, «Los jóvenes y el descubrimiento de la vocación matrimonial», ante los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de las Iglesias orientales católicas.

La jornada la abrió el cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, con un diagnóstico de partida: el número de matrimonios, civiles y religiosos, está disminuyendo en todo el mundo. Farrell señaló que la cuestión preocupa también a los padres cristianos cuyos hijos sufren soledad, dudan ante cualquier compromiso duradero o rechazan el camino que ellos mismos emprendieron, e invitó a examinar el número de divorcios, la variedad de formas de vida en pareja y el peso de las tendencias culturales dominantes. Según la crónica de Europa Press, el cardenal planteó además, en un plano más profundo, la pregunta de si Dios ya no habla al corazón de los jóvenes ni despierta en ellos el deseo de casarse.

Costelloe, que intervino después de escuchar el testimonio de varias familias, descartó las respuestas fáciles y las soluciones institucionales sencillas y sostuvo que el problema es, ante todo, cultural. A su juicio, en Australia, y probablemente en muchos otros países, ya no se entiende ni se acepta de forma generalizada el vínculo entre la actividad sexual y la procreación ni su lugar en el matrimonio cristiano, y la frecuencia de los divorcios lleva a muchos jóvenes a dudar de que un compromiso para toda la vida sea posible o siquiera deseable.

Al referirse a las parejas jóvenes que conviven antes de casarse, el arzobispo afirmó que el hecho de que no estén a la altura del ideal del matrimonio cristiano no significa que no haya nada bueno en sus relaciones, y propuso acogerlas en su situación actual y acompañarlas mientras avanzan hacia una expresión más plena de ese ideal. Defendió que el catolicismo siempre ha intentado conciliar la fidelidad a sus ideales con el respeto hacia quienes no logran alcanzarlos o, en determinadas etapas de su vida, los consideran poco realistas, y pidió presentar la enseñanza de la Iglesia sobre el matrimonio no como una lista de normas y prohibiciones, sino como un ideal digno de ser vivido.

Fernandes describió a unos jóvenes que rechazan las relaciones marcadas por el dominio, la manipulación o la desigualdad y que esperan respeto mutuo e igual dignidad entre hombres y mujeres. Sobre las parejas que conviven, advirtió de que sus situaciones son diversas y de que hay que evitar tanto la indiferencia como la condena. La primera tarea, explicó, es conocer su historia: por qué han elegido vivir juntos, qué esperan, qué miedos u obstáculos encuentran, qué hay de bueno en su relación y dónde pueden vislumbrarse signos de generosidad, fidelidad, responsabilidad y gracia. El obispo añadió que ese acompañamiento exige un verdadero discernimiento, porque la pregunta no es solo cómo ayudar a la pareja a avanzar hacia el matrimonio, sino si esas dos personas están realmente llamadas a él y preparadas para una alianza de por vida.

El planteamiento figuraba ya en el itinerario temático publicado en julio para preparar el encuentro, que proponía reflexionar sobre cómo acompañar a las parejas que conviven en el discernimiento de un camino que las lleve a madurar la decisión de casarse y de acoger a los hijos. La propia Amoris laetitia había señalado, en su número 78, que una convivencia que alcanza una estabilidad notable mediante un vínculo público puede verse como una oportunidad para acompañar hacia el sacramento del matrimonio.

Familiaris consortio abordó la misma realidad en otros términos. En su número 81, dedicado a las uniones libres de hecho, Juan Pablo II pedía a los pastores y a la comunidad eclesial conocer esas situaciones caso por caso, acercarse a las parejas con discreción y respeto, iluminarlas con paciencia, corregirlas con caridad y allanarles el camino hacia la regularización de su situación. En el número 34, la misma exhortación advertía de que la llamada ley de la gradualidad no puede identificarse con una gradualidad de la ley, y de que los esposos no pueden mirar la ley moral «como un mero ideal que se puede alcanzar en el futuro».

Entre los participantes españoles en el encuentro figuran el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el cardenal arzobispo de Madrid, José Cobo. Los trabajos se prolongarán hasta el miércoles 14 de octubre, cuando León XIV presidirá a las diez de la mañana, en la plaza de San Pedro, la misa de clausura.


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