El encuentro sobre Amoris laetitia esquiva la nota 351

El encuentro sobre Amoris laetitia esquiva la nota 351

La segunda jornada del encuentro convocado en Roma por los diez años de Amoris laetitia dejó este jueves una idea que resume bien el tono del cónclave familiar. Ante los presidentes de las conferencias episcopales y los jefes de las Iglesias orientales, el profesor Vincenzo Rosito, vicedecano del Pontificio Instituto Teológico Juan Pablo II y docente en la Lateranense, sostuvo que las transformaciones que atraviesa la familia «no son problemas, sino actividades humanas», procesos «en los cuales las personas y las familias actúan, reaccionan, aprenden y desarrollan nuevos recursos».

La jornada, dedicada a «Las familias hoy: realidad, belleza y desafíos», reunió en el Aula Pablo VI las intervenciones de los cardenales Mario Grech, Kevin Farrell y Filipe Neri Ferrão, además de la del propio Rosito. Por la tarde, el trabajo continuó en grupos a puerta cerrada.

Rosito: aprender de las prácticas familiares

El ponente, al que la propia Vatican News presenta como «filósofo político», construyó su intervención en forma de preguntas para el discernimiento. Partió de la encíclica Magnifica humanitas de León XIV para pedir que «cada uno preste atención a las relaciones que construye dentro de su propia familia y dentro de la Iglesia», y fijó la tesis central: «las prácticas familiares nos ayudan a comprender cómo las Iglesias y las familias aprenden unas de otras. Tanto la Iglesia como la familia, en efecto, aprenden también a través de las prácticas de su vida cotidiana».

A los obispos les propuso un examen personal: «¿Soy capaz de reconocer y presentar a los demás al menos una cosa nueva que he aprendido a hacer, o a hacer de manera diferente, durante los últimos años de mi vida familiar o pastoral?». A continuación llegó la frase de la jornada, la de los cambios que «no son problemas, sino actividades humanas». Como ejemplo, Rosito eligió lo digital: «Pensemos, por ejemplo, en cómo el uso de las nuevas tecnologías digitales está transformando los hábitos cotidianos de las familias y la educación de los hijos». Familias e Iglesias, añadió, «aprenden juntas en medio de las transformaciones».

Habló también de las comunidades que, «a través de la experiencia de las familias refugiadas y migrantes», se están «reconfigurando como “iglesias refugio”», y de la violencia: «La inseguridad que proviene de la violencia social y política es una realidad preocupante que muchas Iglesias deben afrontar hoy, en su vida cotidiana», capaz de «devorar también los afectos familiares y las mismas relaciones eclesiales».

Cerró con un programa: «Soñar, imaginar formas nuevas para la Iglesia significa también renovar eso que ya hacemos. Imaginar la Iglesia significa estar dispuestos a aprender unos de otros, mientras nos transformamos juntos, como Iglesias y como familias». Y con una última pregunta: «¿Qué necesitamos, en medio de las luces y las sombras del presente, para aprender e imaginar nuevas formas de ser familia y nuevas formas de ser Iglesia?».

En toda la intervención difundida no aparece una sola referencia a la doctrina sobre el matrimonio, al pecado o a la conversión. El cambio queda descrito como un aprendizaje, sin criterio alguno para distinguir el que edifica del que destruye.

Ferrão: «No existe un único modelo estereotipado de familia ideal»

La ponencia principal correspondió al cardenal Filipe Neri Ferrão, arzobispo de Goa y Damán y presidente de la Federación de Conferencias Episcopales de Asia. Abrió con una afirmación de calado, recogida por Vida Nueva: «No existe un único modelo estereotipado de familia ideal, sino más bien un complejo mosaico de realidades diversas, marcadas por alegrías, esperanzas, dificultades y heridas».

Para el purpurado, «la familia no es solo un lugar donde la Iglesia proclama el Evangelio, sino también un lugar desde donde el Evangelio cobra vida, de generación en generación, de una familia a otra y de familia a sociedad». Planteó a la asamblea una pregunta que invierte la dirección habitual: «¿Qué cambio le pide el Espíritu Santo a la Iglesia?», referida «no solo a lo que hacemos por las familias, sino a cómo las comprendemos, las acompañamos y las convertimos en protagonistas del Evangelio». Y precisó el método: «No llegamos con respuestas prefabricadas. Discernimos junto a las familias y, haciéndolo, aprendemos cómo se le pide a la propia Iglesia que cambie».

Su retrato de Asia fue crudo: «El crecimiento es rápido, pero desigual; las oportunidades aumentan, pero el acceso a ellas sigue siendo discriminatorio». Denunció que «las familias cristianas en diversas partes de la India y Asia se ven obligadas a convivir con una creciente polarización y hostilidad religiosa, lo que dificulta cada vez más la expresión pública y la transmisión de la fe».

Sobre la respuesta pastoral, explicó que tras Amoris laetitia las Iglesias asiáticas «empezaron a escuchar a las familias», y que ahora consideran «la preparación para el matrimonio como el inicio de un camino que dura toda la vida». Propuso «pasar de la misión dirigida a las familias a la misión entre las familias» y advirtió: «No podemos actuar como guías desde la distancia y limitarnos a señalar la meta. Debemos ser faro y lámpara». Dejó además una consigna que retrata el espíritu del encuentro: «No nos preguntemos qué les falta a las familias, sino qué está haciendo ya Dios en medio de ellas», junto a otra frase de lectura delicada a la luz del capítulo VIII: «La fragilidad no es ausencia de gracia».

Grech admite «tensiones e interpretaciones diferentes»

El secretario general del Sínodo, cardenal Mario Grech, abrió la mañana presentando el encuentro como «un ejercicio de escucha atenta» a los «ecos» que llegan a los pastores. Reconoció que la recepción de Amoris laetitia «no ha sido uniforme» y que «ha conocido tensiones e interpretaciones diferentes», y defendió que en cada Iglesia particular «la misma verdad del Evangelio ha inspirado diversas respuestas pastorales, moldeadas por distintos contextos culturales». La fórmula elegida para conciliar ambas cosas fue esta: «Si bien el mensaje permanece inmutable, su recepción y aplicación manifiestan la riqueza y la creatividad del Espíritu Santo».

Grech insistió en que el Evangelio «es la voz fundamental, de la cual debe inspirarse toda acción pastoral», mencionó el Magisterio como segundo eco y reservó el tercero a las familias: «Las familias son protagonistas de la misión de la Iglesia, y de ellas tenemos mucho que recibir y aprender», según recoge Vatican News. Admitió que «la fidelidad y la fragilidad suelen estar entrelazadas en la historia familiar».

El cardenal Kevin Farrell, prefecto del Dicasterio para los Laicos, la Familia y la Vida, se limitó a presentar el tema del día, recordando unas palabras de León XIV, «nuestro tiempo está marcado por rápidas transformaciones», y anunciando que los participantes se preguntarían «dónde podemos encontrar apoyo y señales de esperanza para vivir el matrimonio».

Lo que nadie nombró

Ninguna de las intervenciones difundidas de esta segunda jornada aludió al capítulo VIII de la exhortación, a la nota 351 ni al acceso a los sacramentos de los divorciados vueltos a casar, el punto que dividió al episcopado durante una década y que motivó los dubia nunca respondidos. El encuentro, que concluirá el 14 de octubre con una misa del Papa y un documento de síntesis, continuará mañana con la jornada dedicada a los jóvenes y la vocación al matrimonio, seguida de la primera rueda de prensa de la Santa Sede.

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