El párroco de Taybeh alerta del éxodo cristiano: «¿De qué sirve conservar una iglesia si las familias deben marcharse?»

El párroco de Taybeh alerta del éxodo cristiano: «¿De qué sirve conservar una iglesia si las familias deben marcharse?»

El padre Bashar Fawadleh, párroco de Taybeh, el último pueblo enteramente cristiano de Cisjordania, ha advertido de que proteger la presencia cristiana en Tierra Santa no puede reducirse a conservar sus templos y lugares históricos si las familias que los mantienen vivos terminan obligadas a abandonar la región.

«Proteger a los cristianos de Tierra Santa no significa solamente custodiar iglesias, monasterios y piedras. La protección de la presencia cristiana comienza por proteger a las personas y su derecho a permanecer en su propia tierra», escribe el sacerdote en una reflexión publicada por la Agencia SIR.

«¿Cómo preservar la presencia cristiana si incluso quedarse se convierte en motivo de preocupación?»

Fawadleh parte del reciente encuentro de León XIV con una religiosa francesa que había sido agredida en Jerusalén. A su juicio, el gesto del Pontífice no fue únicamente una muestra de cercanía hacia una persona herida, sino que vuelve a plantear una cuestión decisiva para el futuro de Tierra Santa: cómo proteger la dignidad y la seguridad de las personas y garantizar que puedan permanecer en sus lugares de origen.

El sacerdote evita interpretar la agresión en términos de un enfrentamiento general entre religiones. «La agresión a una religiosa en Jerusalén no puede reducirse a un conflicto entre cristianos y judíos», precisa. La responsabilidad, señala, corresponde al agresor y «toda forma de violencia debe ser condenada sin ambigüedad».

El episodio, sin embargo, se produce dentro de «un clima más amplio de tensión, violencia y miedo» que afecta a numerosas personas y, de manera particular, a la población palestina de Cisjordania.

La presión sobre Taybeh

Fawadleh menciona las «agresiones contra terrenos y propiedades, incendios, actos vandálicos, movimientos de colonos armados cerca de las viviendas y de los campos cultivados», además de las crecientes restricciones a la libertad de movimiento y al trabajo.

La situación viene deteriorándose desde hace meses. En agosto, el propio párroco advirtió que los cerca de 1.200 cristianos que permanecen en Taybeh se sentían «olvidados» y «solos» ante las incursiones violentas y el temor creciente de las familias por su futuro. El cardenal Pierbattista Pizzaballa, patriarca latino de Jerusalén, describió posteriormente Cisjordania como una «tierra sin ley» y denunció la «agresión continua» de colonos contra la población palestina.

Fawadleh insiste en que lo que ocurre en Taybeh tampoco debe interpretarse exclusivamente como una agresión contra los cristianos por su fe. Sus habitantes padecen muchas de las mismas dificultades que afectan al resto de las comunidades palestinas de Cisjordania.

La particularidad de Taybeh reside, sin embargo, en las consecuencias que puede tener el éxodo de sus habitantes: «La prolongación del miedo, la presión y la emigración amenaza una presencia cristiana arraigada en esta tierra desde hace siglos».

«¿Qué valor tiene conservar una iglesia histórica?»

Para el párroco, la supervivencia de la presencia cristiana no puede separarse de las condiciones concretas que permiten a las familias continuar viviendo en Tierra Santa.

«¿Qué valor tiene conservar una iglesia histórica si las familias que la frecuentan se ven obligadas a marcharse? ¿Qué sentido tiene hablar de la importancia de la presencia cristiana si los jóvenes no encuentran trabajo, los agricultores tienen miedo de llegar a sus campos y las familias consideran la emigración para buscar seguridad?», pregunta.

El Patriarcado Latino ha advertido en términos similares de que los cristianos de Tierra Santa no quieren ser conservados como «una curiosidad histórica», sino disponer de las condiciones necesarias para trabajar, formar una familia, educar a sus hijos y practicar su fe en la tierra donde sus comunidades llevan siglos asentadas.

«Taybeh no pide privilegios ni protecciones a costa de otros», concluye Fawadleh. Lo que reclama es «seguridad, Estado de derecho, protección de la tierra y de las personas y la posibilidad de construir un futuro para sus hijos».

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