El primer ministro británico, Andy Burnham, ha traspasado al Lord Canciller la responsabilidad constitucional de asesorar al monarca sobre determinados nombramientos eclesiásticos y ha anunciado que su Gobierno presentará una reforma legal para eliminar las restricciones que se lo impiden por profesar la fe católica.
La decisión fue anunciada por el propio Burnham en una declaración escrita presentada al Parlamento británico el 10 de septiembre. Las restricciones proceden de dos textos del siglo XIX: la Roman Catholic Relief Act de 1829 y la Jews Relief Act de 1858.
Ambas leyes levantaron en su día buena parte de las incapacidades civiles que pesaban sobre católicos y judíos en el Reino Unido, pero conservaron una excepción: ni unos ni otros pueden aconsejar directa o indirectamente al soberano sobre determinados nombramientos eclesiásticos de la Iglesia de Inglaterra y de la Iglesia de Escocia.
La prohibición aparece, para los católicos, en la sección 18 de la ley de 1829. La norma establece además que quien la vulnere incurre en un delito y queda inhabilitado para ocupar cargos civiles o militares bajo la Corona. La Jews Relief Act de 1858 contiene una restricción equivalente para quienes profesan la religión judía.
Burnham, que sigue profesándose católico aunque desde hace años se encuentra alejado de la práctica religiosa regular, no puede ejercer personalmente esa función. Por ello la ha transferido al Lord Canciller, mientras su Gobierno tramita la reforma.
«Es inaceptable que exista una barrera legislativa contra que personas de cualquier fe desempeñen todas las funciones de mi cargo», afirmó Burnham en su declaración. El primer ministro añadió que el Gobierno presentará un proyecto de ley «en la primera oportunidad posible para corregir esta anomalía anticuada y arcaica».
Por ahora, el Ejecutivo no ha fijado un calendario concreto ni ha detallado el contenido del proyecto.
Una restricción que ha sobrevivido casi dos siglos
La situación de Burnham resulta excepcional porque es el primer jefe de Gobierno británico que llega a Downing Street profesando la fe católica.
Otros primeros ministros no anglicanos no se encontraron con la misma restricción. Rishi Sunak, hindú, pudo ejercer el cargo sin que se activara esta prohibición, ya que las leyes del siglo XIX mencionan específicamente a católicos y judíos.
También existe el precedente de Benjamin Disraeli, único primer ministro británico de origen judío, pero había sido bautizado en la Iglesia de Inglaterra cuando era niño y, por tanto, no profesaba el judaísmo cuando ocupó el cargo.
La reforma anunciada tiene un alcance práctico limitado y un significado desproporcionado respecto a ese alcance. En los principales nombramientos episcopales, la intervención política es hoy mucho menor que en el pasado y el papel del primer ministro se desarrolla después del procedimiento eclesial de selección. Sin embargo, la legislación sigue reservándole constitucionalmente determinadas funciones de asesoramiento a la Corona.
Suprimir la prohibición eliminaría así uno de los restos normativos de la legislación que durante siglos distinguió específicamente a los católicos por su religión, una restricción que ha sobrevivido casi doscientos años a la propia ley de emancipación que la contiene.
Una identidad católica que no se extiende a cuestiones de moral
El movimiento tiene también una lectura menos halagüeña para el interesado. Burnham llegó a Downing Street en julio reivindicando sus raíces católicas y sosteniendo al mismo tiempo posiciones favorables al aborto y a la agenda LGBT, una combinación que InfoVaticana documentó durante la carrera por el liderazgo laborista y que la Conferencia Episcopal de Inglaterra y Gales no abordó en su posterior mensaje de felicitación.
Corregir una discriminación legal que le afecta personalmente es la clase de gesto que permite a Burnham reafirmar su identidad católica sin coste político alguno y sin tocar ninguna de las cuestiones en las que esa identidad choca con el programa que ha defendido durante su carrera política.
Burnham fue educado como católico y ejerció como monaguillo, pero lleva años alejado de la práctica religiosa regular. Al mismo tiempo, ha reivindicado públicamente la influencia de sus raíces católicas y de la doctrina social de la Iglesia en su formación. En el terreno político, sin embargo, ha defendido posiciones contrarias a la enseñanza católica en cuestiones como el aborto, el matrimonio y la moral sexual.
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La peculiaridad de una Iglesia establecida
Queda por ver qué hará el Gobierno con la asimetría de fondo. La reforma anunciada suprimirá la incapacidad específica de católicos y judíos para asesorar a la Corona sobre determinados nombramientos eclesiásticos, pero no toca la existencia misma de una Iglesia establecida cuyos nombramientos mantienen una participación formal de la Corona y del poder político.
Tampoco altera otras disposiciones constitucionales vinculadas a la religión. El soberano británico, por ejemplo, debe permanecer en comunión con la Iglesia de Inglaterra, por lo que un católico no puede acceder al trono.
La reforma de Burnham elimina, por tanto, una discriminación que le afecta personalmente, pero deja intacto el entramado constitucional en el que se inserta. Mientras el proyecto llega al Parlamento, será el Lord Canciller y no el primer ministro católico quien ejerza la función que una ley aprobada en 1829 todavía le impide desempeñar.