Chaput responde a Spadaro y Figueroa: ‘Los que luchan por la libertad religiosa son héroes, no ‘haters'»

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El arzobispo de Filadelfia comenta el artículo publicado en La Civiltà Cattolica y critica que rechazar los ataques actuales a la libertad religiosa como una «narrativa del miedo» suena «intencionadamente ignorante».

«La historia está llena de grandes citas que la gente nunca dijo y de comentarios desafortunados que realmente se dijeron». Esta es la reflexión que hace Charles J. Chaput, arzobispo de Filadelfia, para introducir su comentario sobre el reciente artículo del jesuita Antonio Spadaro y Marcelo Figueroa publicado en La Civiltà Cattolica. 

El director de La Civiltà Cattolica y el director de la edición argentina de L’Osservatore Romano publicaron hace unos días un artículo conjunto -del que se hizo eco el diario oficial de la Santa Sede- en el que arremeten contra lo que consideran un “ecumenismo de odio” entre “evangélicos fundamentalistas” y “católicos integristas” en Estados Unidos.

En su columna publicada en Catholic Philly, Chaput critica que el artículo en cuestión «es un ejercicio de burla e inadecuada presentación de la naturaleza de la cooperación católico-evangélica sobre la libertad religiosa y otras cuestiones clave».

El arzobispo de Filadelfia afirma que los católicos y otros cristianos que se ven a sí mismos como «progresistas» tienden a ser «cautelosos» en el debate de la libertad religiosa al considerar que se trata de  una cortina de humo para la política conservadora o una distracción de otros asuntos urgentes.

«Pero trabajar por la libertad religiosa nunca ha impedido servir a los pobres, al contrario», refuta Chaput, argumentando que, en América, la libertad de las comunidades religiosas ha sido siempre un semillero de acción social para los necesitados.

El arzobispo defiende que la cooperación entre católicos y evangélicos en Estados Unidos, «el ecumenismo que parece preocupar a La Civilta Cattolica», responde a preocupaciones y principios compartidos, no a la ambición de poder político.

«Rechazar los ataques actuales a la libertad religiosa como una «narrativa del miedo» -como lo describe curiosamente el autor de La Civiltà Cattolica- podría haber tenido algún sentido hace 25 años», afirma Chaput, añadiendo que, sin embargo, «ahora suena intencionadamente ignorante»

Para el arzobispo, resulta sorprendente que los creyentes sean atacados por sus correligionarios «simplemente por luchar por lo que sus Iglesias siempre han defendido».

«Los grupos que luchan por la libertad religiosa son héroes, no «haters», recuerda Chaput, al tiempo que exhorta a los católicos a no dejarse reducir a «instrumentos útiles» de aquellos que querrían sofocar la fe por la que muchos cristianos han sufrido y continúan sufriendo hasta el completo testimonio.

Spadaro y Figueroa y el ‘ecumenismo del odio’

“Apelando a los valores del fundamentalismo, se está desarrollando una extraña forma de ecumenismo entre los fundamentalistas evangélicos y los integristas católicos, unidos por el mismo deseo de influencia religiosa en la esfera política”, aseguran los autores de “Fundamentalismo evangélico e Integrismo Católico en Estados Unidos: Un sorprendente ecumenismo”

Spadaro y Figueroa sostienen que existe una “convergencia ecuménica” entre sectores que comparten objetivos “en torno a temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otros asuntos generalmente considerados morales o ligados a los valores.”

“Los integristas evangélicos y católicos condenan el ecumenismo tradicional y, sin embargo, promueven un ecumenismo de conflicto que los une en el sueño nostálgico de un estado teocrático”, afirman los autores de este artículo, al tiempo que acusan a este “ecumenismo” de poseer una visión “xenófoba e islamofóbica”. “La palabra “ecumenismo” se transforma en una paradoja, en un ‘ecumenismo del odio’”, apuntan.

‘Han alzado un muro de prejuicio y estrechez mental’

En un artículo para el portal estadounidense Breitbart, Thomas Williams también responde a las afirmaciones del director de La Civiltà Cattolica y del responsable de la edición argentina de L’Osservatore Romano.

«Las generalizaciones indiscriminadas de Spadaro y Figueroa, como su evidente falta de familiaridad con el complejo panorama religioso de los Estados Unidos, es preocupante y denota el nivel que tienen los consejos que recibe el Papa Francisco de sus asesores más cercanos», afirma Williams.

El autor de este artículo señala que aunque es obvio que Spadaro y Figueroa «buscaban aprovechar esta crítica sesgada para atacar al Presidente Trump y a su estratega jefe Steve Bannon», finalmente «han acabado atacando a la propia América».

«Es un misterio que se haya podido publicar algo tan pueril, fanático y tendencioso en lo que antes se consideraba una publicación académica muy seria», critica Williams, al tiempo que indica que si los autores del artículo de La Civiltà Cattolica pensaban que estaban construyendo puentes, realmente «han alzado un muro de prejuicio y de sesgada estrechez mental que es imposible escalar.»

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Comentarios
10 comentarios en “Chaput responde a Spadaro y Figueroa: ‘Los que luchan por la libertad religiosa son héroes, no ‘haters'»
  1. Llego con sembrando dudas e incertidumbres y ahora todo es division.
    Las descalificaciones e insultos de estos dos pajaros son las de la voz de su amo.
    Tristemente es lo que padecemos y desde donde mas duele

  2. Sobre el anterior libro y otras profecías actuales, hay un Congreso en Madrid, en el centenario de las apariciones de Fátima, los días 12 y 13 de agosto, en la Casa de Brasil, a partir de las 10 horas. Si alguien conoce más datos, agradecería la información.

  3. Vergonzoso realmente lo de Spadaro. No tanto lo de Figueroa, que después de todo es protestante. El grado de ridículo al que puede llegar el «progresismo» (je) católico es realmente inaudito. Ya se acerca a los límites de lo psiquiátrico.

  4. El grado del ridículo y de maldad claro.Uno es protestante, pues a dónde va a tirar, no se de qué rama será porque protestantes hay más que las arenas del desierto. Si es evangélico de esos de las teles de USA pues no hace falta más que ir a youtube y aparecerá Benedicto, Francisco o cualquiera como la ramera de Babilonia y demás. Si es protestante a la europea pues será la nada sin sifón, nada son y en nada influyen, claudicaron ante todo, ante el poder político y encontramos abispillas y obispos que se casan entre sí,;en fin un carnaval o el desfile del orgullo gay. El Spadaro pues un imbécil de pocas luces, un trepilla que le gusta alabar al amo por donde aparezca aunque tenga que discutir con medio mundo. Eso sí si está Benedicto muy de Benedicto y si está Perico de los Palotes pues muy de Perico. Que debate intelectual va a promover, donde quedó esa intelectualidad propia de los jesuitas. Da la sensación que además de perder en número y sean del pensamiento que sean que en los últimos cincuenta años o más ya sabemos lo que son y a lo que se dedican con ahinco, también ha bajado su inteligencia, su diplomacia hasta niveles muy bajos lo que denota su deriva auténtica porque una cosa lleva a la otra.
    El problema es si la cabeza de la Iglesia se entera que en la Iglesia hay algo más que jesuitas porque todos los puestos claves son copados por los que dicen o dicen decir que no les gustan los cargos.

  5. Spadaro y Figueroa sostienen que existe una “convergencia ecuménica” entre sectores que comparten objetivos “en torno a temas como el aborto, el matrimonio entre personas del mismo sexo, la educación religiosa en las escuelas y otros asuntos generalmente considerados morales o ligados a los valores.” ….
    Justo el programa que el arzobispo Paglia tiene para el Pontificio Instituto Juan Pablo II… Nada de principios teológicos y morales claros… Colaboración «ecuménica» con abortistas declarados… y a eso le llaman «ecumenismo cultural»….
    pero se trata de un amalgamiento sin fronteras.

  6. «LA CIVILTÀ CATTOLICA»: QUELLO STRANO E INQUIETANTE ARTICOLO DI PADRE SPADARO SULL’«INTEGRALISMO»

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    Testo -Testo +
    «La Civiltà Cattolica»: quello strano e inquietante articolo di padre Spadaro sull'«integralismo»
    di Samuel Gregg
    sul sito dell’«Istituto Acton»

    L’antiamericanismo è vecchio quanto la Rivoluzione americana stessa (se non di più). Gli Stati Uniti, come tutte le nazioni, hanno i loro difetti, ma sono loro ad attirare un’attenzione spropositata da parte del resto del mondo. Questo dipende anche dall’importanza dei mass-media americani, dal fatto che le loro notizie arrivano in tutto il mondo e dallo status di superpotenza degli Stati Uniti. Su scala globale, le scelte fatte dall’Argentina o dall’Italia, ad esempio, non sono importanti per gli affari internazionali quanto quelle degli Stati Uniti.

    Alcune delle analisi più acute sugli Stati Uniti non sono state scritte da americani. Un’analisi esemplare è La democrazia in America (1835/1840) di Alexis de Tocqueville. Eppure, nonostante la grande e intensa attenzione dedicata agli Stati Uniti, non è difficile trovare articoli scritti da non americani intelligenti che però riflettono gravi incomprensioni e a volte una palese ignoranza sulle correnti politiche, economiche e culturali che definiscono l’America.

    Questo mi porta a pensare ad un articolo strano pubblicato recentemente in La Civiltà Cattolica: la rivista quindicinale gesuita italiana che gode di uno status quasi ufficiale, in quanto il Segretariato di Stato della Santa Sede esercita la supervisione sugli articoli pubblicati. L’articolo a cui mi riferisco è: “Fondamentalismo evangelicale e integralismo cattolico. Un sorprendente ecumenismo”. I suoi autori, Padre Antonio Spadaro, SJ (direttore di La Civiltà Cattolica)e il Pastore presbiteriano Marcelo Figueroa (direttore dell’edizione argentina dell’Osservatore Romano) esprimono diverse affermazioni su tendenze politiche e religiose specifiche degli Stati Uniti: affermazioni che, nella migliore delle ipotesi, sono inconsistenti e inesatte.

    Prendiamo in considerazione, ad esempio, l’analogia tra le prospettive teologiche di particolari filoni dell’evangelismo americano e l’ISIS. Per quanto ne so, quelli che si definiscono fondamentalisti americani non distruggono 2000 anni di tesori architettonici, non decapitano i musulmani, non crocifiggono i cristiani mediorientali, non supportano una vile letteratura antisemita ne massacrano sacerdoti francesi ottantenni. Un’altra tesi discutibile dell’articolo è che il Sacro Romano Impero sia stato costituito con l’intento di realizzare il Regno di Dio sulla terra. Questa particolare analisi sarà vista come una novità dagli storici esperti di quella complicata entità politica che non divenne, come dice il proverbio inglese, né Sacra né romana né un impero.

    Ci sono anche diversi legami tra lo scetticismo sul cambiamento climatico, la fede dei cristiani bianchi del sud degli Stati Uniti (commenti che se rivolti ad altri gruppi razziali sarebbero stati denunciati perché sconfina nel fanatismo) e i pensieri apocalittici di alcuni americani evangelici. In sostanza, si afferma che queste cose riflettono e aiutano ad alimentare una vista manichea del mondo da parte degli Stati Uniti. Poi c’è la particolare associazione dell’articolo con l’eresia del «vangelo della prosperità» legata agli sforzi recenti per proteggere la libertà religiosa in America.

    Senza dubbio, gli studiosi evangelici e altri esperti metteranno in evidenza i numerosi problemi riguardanti la comprensione della storia del cristianesimo evangelico e del fondamentalismo negli Stati Uniti. Un mio amico agnostico, che è uno storico eminente dell’evangelismo americano in una prestigiosa università laica, mi ha detto che l’articolo mostra un’“ignoranza ridicola”. Sospetto anche che il Pastore Figueroa e Padre Spadaro siano ignari, per esempio, dell’adesione di molti evangelici al diritto naturale negli ultimi decenni: qualcosa che, per definizione, immunizza ogni serio cristiano dalle tendenze fideiste. Ma due particolari affermazioni degli autori richiedono una risposta più dettagliata.

    Chi è un manicheo?
    Come leggiamo nell’articolo, gli autori affermano che il fondamentalismo evangelicale ha fatto sì che l’America adottasse una comprensione manichea degli affari internazionali. Essi sostengono, tuttavia, che Papa Francesco rifiuta ogni immagine di un mondo in cui si contrappongono il bene e il male assoluti. Invece, dicono, il papa saggiamente riconosce che “alla radice dei conflitti c’è sempre una lotta di potere”.

    Senza dubbio, il desiderio di potere motiva alcuni attori internazionali. È altrettanto importante riconoscere che alcune idee – come marxismo, leninismo, jihadismo islamico o nazionalsocialismo – hanno spinto i movimenti transnazionali e gli stati-nazione ad agire in modo malvagio perché le idee stesse sono malvage. Per gli americani (e per chiunque altro) riconoscere questo e chiamare queste cose con il loro nome non significa credere nel manicheismo. Si tratta semplicemente di riconoscere che alcune idee sono veramente malvage e portano molte persone, persino nazioni, a compiere atti gravemente cattivi.

    Non si può comprendere, per esempio, il regime populista che sta ora distruggendo il Venezuela, a meno che non ci rendiamo conto che la sua leadership e molti dei suoi sostenitori sono in parte motivati ​​da una visione profondamente conflittuale del mondo. Questa visione deriva soprattutto e direttamente da Marx e Lenin (cosa che potrà dichiarare chiunque abbia ascoltato una delle brevi sfuriate televisive di tre ore di Hugo Chávez). Vale la pena ricordare che quando il presidente Ronald Reagan definì l’Unione Sovietica “l’impero malvagio” nel 1983, milioni di persone al di là dalla Cortina di Ferro hanno immediatamente compreso quello di cui parlava. Sapevano che i sistemi in cui vivevano erano basati su idee malvage sulla natura dell’uomo e della società.

    Inoltre, il fatto che alcuni americani descrivano (spesso accuratamente) regimi particolari come malvagi non significa che considerino gli Stati Uniti un Regno di Dio embrionale sulla terra. Oggi, molti americani evangelici sono profondamente angosciati, per esempio, dallo status dell’élite e della cultura popolare negli Stati Uniti. E sottolineano subito questi fallimenti, anche quando tali debolezze si manifestano nei loro ranghi. Ciò dovrebbe far riflettere molti europei e latinoamericani prima di dire che milioni di cristiani negli Stati Uniti hanno una visione manichea del mondo.

    Ecumenismo, evangelici e cattolici
    Una seconda tesi problematica che caratterizza l’articolo di Spadaro-Figueroa che richiede maggiore attenzione è la sua definizione del rapporto tra molti cattolici ed evangelici negli Stati Uniti: un rapporto su cui il sacerdote e il pastore hanno chiaramente delle riserve.

    Padre Spadaro e il Pastore Figueroa osservano correttamente che molti cattolici e evangelici hanno riconosciuto di aver avuto, negli ultimi decenni, obbiettivi comuni per quanto riguarda “aborto, il matrimonio tra persone dello stesso sesso, l’educazione religiosa nelle scuole e altre questioni considerate genericamente morali o legate ai valori”. Aggiungono che “sia gli evangelicali sia i cattolici integralisti condannano l’ecumenismo tradizionale, e tuttavia promuovono un ecumenismo del conflitto che li unisce nel sogno nostalgico di uno Stato dai tratti teocratici”.

    Da “Integralisti cattolici” possiamo sicuramente presumere che gli autori si riferiscano ai tanti cattolici americani (normalmente etichettati come “conservatori”) che hanno scelto di allearsi con gli evangelici per difendere cose come la cultura della vita e la libertà religiosa da quella forma di secolarismo dottrinare dilagante sotto l’amministrazione Obama. Ma la stragrande maggioranza di questi cattolici non sono “integralisti” per non parlare dei teocratici in attesa. Piuttosto il contrario. Né la maggioranza degli evangelici negli Stati Uniti spinge i programmi teocratici.

    Se si esaminano, ad esempio, le dichiarazioni di vari studiosi e intellettuali coinvolti in movimenti come “Evangelicals and Catholics Together”, vediamo che non contengono nessuna aspirazione teocratica. La discussione ecumenica tra coloro che si impegnano in questi sforzi ha portato nel tempo a risultati positivi con chiarimenti dei punti comuni, rimozione di idee sbagliate, individuazione di blocchi dottrinali reali e individuazione di aree in cui possono essere fatti insieme lavori pratici per promuovere il bene comune. Ciò è in netto contrasto con i luoghi comuni e le assurdità che hanno da sempre caratterizzato la discussione ecumenica insieme al rapido declino delle confessioni protestanti che da tempo si sono allontanate dalle verità basilari cristiane sulla fede e la morale che la maggioranza degli evangelici continua ad affermare rigorosamente.

    Inoltre, quando negli Stati Uniti i cristiani evangelici e i cattolici affermano che, ad esempio, gli esseri umani non ancora nati hanno diritto alle stesse protezioni dall’uso ingiusto della forza letale come qualsiasi altro essere umano o che la libertà religiosa è qualcosa in più di una semplice libertà di culto, o che i genitori hanno il diritto di insistere affinché i loro figli non debbano sorbirsi la sciocchezza della “teoria del gender” a scuola, tali argomenti sono sempre più trattati in termini appartenenti alla sfera pubblica. I cattolici hanno una lunga tradizione su tali questioni. Eppure è anche un approccio che molti evangelici hanno iniziato ad adottare solo negli ultimi anni.

    Questo non aggiunge nulla al discorso dell’imposizione della teocrazia o alla pretesa di privilegi speciali, per non parlare dei tentativi di facilitare accordi tra Stato e Chiesa o qualche tipo di nazionalismo americano evangelico/cattolico. Contrariamente alle affermazioni di Padre Spadaro e del Pastore Figueroa, questa non è “una diretta sfida virtuale alla laicità dello Stato”. Si tratta di affermare che le verità che tutte le persone possono conoscere attraverso la ragione naturale possono anche essere legittimamente riconosciute in società pluralistiche come gli Stati Uniti. Inoltre, affermare così tali verità aiuta anche a facilitare la libertà e l’autentico pluralismo negli Stati Uniti (contrariamente all’ideologia della “diversità”). Queste verità aiutano anche a proteggere i non cristiani e i non credenti, così come un qualsiasi altro americano, dalla coercizione ingiusta.

    Un problema di attendibilità
    Se l’articolo di La Civiltà Cattolica riflettesse semplicemente le opinioni di un qualsiasi prete cattolico occidentale e di un ministro argentino presbiteriano, pochi sarebbero preoccupati per il suo contenuto. Ma gli articoli di La Civiltà Cattolica sono controllati dal Segretariato di Stato della Santa Sede. Quindi, è curioso che chiunque abbia approvato l’articolo (supponendo che fosse stato correttamente verificato) presso la Segreteria di Stato non abbia preso in considerazione la mescolanza fatta dagli autori su questioni indirettamente collegate, o sollevato questioni sul tono emotivista dell’articolo, o notato che Padre Spadaro e il Pastore Figueroa hanno una conoscenza amatoriale della storia religiosa degli Stati Uniti e dei punti più importanti della politica americana. Se è vero che la bandierina rossa non è stata alzata – o è stata ignorata – allora tutti i cattolici, americani e non, hanno ragione di preoccuparsi. Non è semplicemente nell’interesse della Chiesa universale sviluppare o incoraggiare visioni generalmente false sugli Stati Uniti o sull’Anglosfera.

    Tutte le persone, tra cui il papa e i suoi consiglieri, sono libere di avere le proprie opinioni sulle diverse nazioni e comportamenti internazionali. Nessuno si aspetta che il vescovo di Roma sia acritico verso gli Stati Uniti o qualunque altro Paese. C’è molto da criticare sugli Stati Uniti, proprio come sull’Argentina (fallimenti in materia economica, invidia sempre presente e idolatria della persona, incoraggiate dal veleno del peronismo) o sull’Italia (corruzione e clientelismo dilagante nella sua cultura politica ed economica a cui i funzionari vaticani e gli ecclesiastici italiani non hanno, purtroppo, dimostrato di essere immuni).

    Tuttavia, lo sviluppo di tali opinioni dovrebbe essere accompagnato da un’attenta riflessione, informazioni dettagliate e una comprensione accurata della storia e dello sviluppo di un paese. Purtroppo, tutto questo manca nell’articolo Spadaro-Figueroa ed è evidente. Ma il danno maggiore lo subisce l’attendibilità della Santa Sede nel suo contributo sulla sfera internazionale. E nessuno trae beneficio da questo, meno di tutti Papa Francesco.

  7. No hay que olvidar que fueron los jesuitas los que trazaron el entramado oculto del Vaticano I, que intentaba desarmar al concilio de Constanza que supuso la estabilización de la Iglesia Católica en el primer tercio del siglo XV, y lo consiguió con una Constitución a medida del iracundo y dicatorial Pío IX, que ha lastrado y sigue haciéndolo a la Iglesia Católica institucional. Sun-Tzu explica muy bien cómo se hace esto y Francisco lo conoce al dedillo: agentes zapadores y luego decisiones «salvadoras».

  8. Chaput risponde a Spadaro: difendere la Verità non è violenza
    di Charles Chaput*
    21-07-2017 AA+A++
    Mons. Chaput e Papa Francesco
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    La storia è colma di grandi frasi che nessuno ha mai pronunciato. Una delle migliori è di Vladimir Lenin. È quella in cui definisce «utili idioti» i progressisti, i socialdemocratici e gli altri compagni di viaggio russi: ovvero gli stravaganti alleati nella rivoluzione che poi i bolscevichi hanno schiacciato non appena hanno preso il potere.

    O questo è ciò che dice la leggenda. In realtà, non c’è prova che Lenin abbia davvero pronunciato quelle parole, quantomeno in pubblico. Ma questo non sembra interessare nessuno. È un’espressione efficace e, a modo suo, assolutamente vera. È facile che gli stravaganti e gl’imprudenti diventino utili strumenti di uno scontro più grande; o, per dirla in modo più generoso, utili innocenti. Il risultato è però sempre lo stesso. Vengono scartati.

    La storia è colma anche di battute infelici che sono state pronunciate sul serio: come quelle, per esempio, contenute in un recente articolo uscito su un periodico che ha sede a Roma e che giustamente molti hanno già criticato. L’articolo in questione, Fondamentalismo evangelicale e integralismo cattolico. Un sorprendente ecumenismo, è un esercizio semplicistico che presenta in modo inadeguato la natura della cooperazione che esiste fra cattolici ed evangelicali sulla libertà religiosa e su altri punti nodali.

    I cattolici e gli altri cristiani che si considerano progressisti tendono a essere sospettosi del dibattito oggi in corso sulla libertà religiosa. Alcuni ne diffidano, considerandolo una cortina fumogena dietro cui si celano mire politiche conservatrici. Alcuni lo considerano una distrazione da altri temi urgenti. Alcuni provano disagio per la cooperazione che unisce molti cattolici ed evangelicali, così come molti mormoni e molti ortodossi, nello sforzo di contrastare l’aborto a richiesta, di difendere il matrimonio e la famiglia, di resistere agli sforzi LGBT atti a indebolire le protezioni che la legislazione sulla libertà religiosa garantisce attraverso leggi “anti-discriminazione” OSIG (orientamento sessuale/identità di genere) coercitive.

    Ma operare per la libertà religiosa non ha mai precluso il servizio ai poveri. È anzi vero l’opposto. Negli Stati Uniti, la libertà delle comunità religiose è sempre stata il terreno di coltura dell’azione sociale e della missione ai bisognosi.

    La divisione fra i cattolici e le altre comunità di fedeli è stata spesso profonda. Solo un pericolo concreto e cogente può metterli assieme. Quando ero un giovane sacerdote, la cooperazione fra cattolici ed evangelicali era una cosa assolutamente rara. L’aiuto che invece oggi essi si danno vicendevolmente, cioè quell’ecumenismo che sembra tanto preoccupare La Civiltà Cattolica, è una funzione del loro condividere preoccupazioni e princìpi, non l’ambizione per il potere politico.

    Come ha detto una volta un amico evangelicale, il cuore della fede professata dai cristiani battisti è il contrario stesso dell’idea di una integrazione fra Chiesa e Stato. Gli stranieri che vogliono criticare gli Stati Uniti e il loro panorama religioso – e sì, da criticare c’è sempre moltissimo – dovrebbero prendere nota di questo fatto. È piuttosto basilare.

    Disdegnare gli odierni attacchi alla libertà religiosa definendoli «narrativa della paura» – come gli autori de La Civiltà Cattolica curiosamente la chiamano – avrebbe potuto avere un qualche senso 25 anni fa. Oggi suona caparbiamente ignorante. E ignora pure il fatto che le guerre culturali che si stanno combattendo negli Stati Uniti non state volute, non sono state incominciate da chi è fedele al credo cristiano di sempre.

    Sorprende dunque in modo particolarmente singolare vedere i credenti attaccati dai propri correligionari solamente perché si battono per ciò che le loro Chiese hanno sempre creduto essere vero.

    All’inizio di questo mese, uno degli architetti e dei finanziatori principali dell’odierno attivismo LGBT ha detto pubblicamente quel che dovrebbe essere ovvio da tempo: l’obiettivo quantomeno di una parte dell’attivismo omosessuale non è semplicemente quello di garantire eguaglianza alle persone attratte dal proprio stesso sesso, ma quello di «punire i malvagi»: in altre parole, punire chi si oppone all’agenda culturale LGBT.

    Non ci vuole un genio per immaginare chi possa finire in quella categoria. Gli attuali conflitti sulla libertà e sull’identità sessuali implicano infatti una inversione quasi perfetta di ciò che noi una volta intendevamo con “giusto” e “sbagliato”.

    I cattolici debbono trattare tutte le persone con carità e con giustizia. Compresi coloro che odiano ciò in cui noi crediamo. È necessaria la conversione del cuore. Sono necessari pazienza, coraggio e umiltà. Dobbiamo respingere ogni arroganza. Ma la carità e la giustizia non possono essere separate dalla verità. Per i cristiani, la Scrittura è la Parola di Dio, la rivelazione della verità di Dio: e non c’è modo di ammorbidire o di girare attorno alla sostanza di Rm 1, 18-32, o di qualsiasi altro richiamo biblico all’integrità sessuale e al comportamento virtuoso.

    Cercare di farlo avvilisce ciò che i cristiani hanno sempre creduto. Ci riduce a utili strumenti di coloro che in questo modo soffocheranno quella fede per testimoniare la quale tanti altri cristiani hanno sofferto e ancora soffrono. Per questo le organizzazioni che si battono per la libertà religiosa nei tribunali, negli organi legislativi e sulla piazza pubblica ? organizzazioni illustri come l’Alliance Defending Freedom e il Becket (già Becket Fund for Religious Liberty) ? sono eroi, non “hater”.

    E se i loro sforzi riuniscono in una causa comune cattolici, evangelicali e altre persone di buona volontà, di questa unità dobbiamo ringraziare Dio.

    L’arcivescovo incoraggia i lettori a conoscere meglio, e a sostenere con preghiere e aiuti, l’Alliance Defending Freedom e il Becket.

    Traduzione di Marco Respinti

    * Mons. Charles J. Chaput, classe 1944, guida l’arcidiocesi cattolica di Filadelfia dal 2011. L’articolo A Word about useful tools, qui tradotto, è stato pubblicato il 18 luglio sul portale d’informazione della diocesi, CatholicPhilly.com.

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