El cura que me confesaba en el colegio no tenía cara. Tenía una voz ronca que llegaba por la rejilla con un aliento de tabaco negro y caramelo de eucalipto, una tos que anunciaba la penitencia y la paciencia de un hombre que llevaba cuarenta años oyendo los mismos cuatro pecadillos infantiles, pero cara no tenía, porque la rejilla y la penumbra de la capilla se la comían entera, y uno salía de allí ligero sin haber visto a nadie. Una vez, con la osadía de los nueve años, le pregunté cómo se llamaba. Se rio, tosió y me contestó con lo que entonces me pareció una manera educada de quitarse de en medio: «Eso da igual, hijo. Aquí no estoy yo». Pensé durante años que era tímido.
Me acordé de él el otro día, leyendo la carta que Jordi Bertomeu, comisario pontificio para el Sodalicio, mandó a las víctimas de aquella casa, gente que pasó años dentro de una institución construida alrededor de un solo hombre y que salió de ella sabiendo mejor que nadie lo que ocurre cuando alguien se pone en el centro de todo. La carta empezaba por «Queridas víctimas» y terminaba hablando de él. El apartado más largo no trataba de la reparación sino de los medios que, según el comisario, intentaban desprestigiarle, y la única confesión que contenía, con su «Os confieso» y todo, era que no compartía lo que se decía de «mi persona o trabajo». La firmaba el cargo, no el nombre. Y salió de una cuenta de Gmail que llevaba el cargo por nombre de usuario, la misma que el comisario deja abierta para que las víctimas le escriban.
Pero si el nombre faltaba al pie, la cara no faltaba en ninguna parte. En mayo, en plena ronda de escucha a las víctimas, se quejó en una entrevista de estar cada vez más canoso, más cansado y con más ojeras, y bromeó: «Me tienen que poner aquí liftings y bótox porque no hay manera de aguantar todo esto». En junio, presentando un libro suyo, explicó que era de altos vuelos porque lo había escrito en aeropuertos y aviones. Y alguien cercano a la productora del documental que HBO prepara sobre el Sodalicio contó a El Español que el protagonista no iban a ser las víctimas, como es costumbre en estas historias, sino él. Todos hemos visto alguna vez, en la ventanilla de un avión de noche, que con la luz de lectura encendida hace de espejo, nuestra propia cara flotando sobre las luces de una ciudad desconocida, un poco más vieja de lo que esperábamos. Lo normal es apagar la luz.
La historia la contó Ovidio, mucho antes de que la psiquiatría se quedara con el nombre del muchacho que se enamoró de la cara que le devolvía el agua de una fuente y que, cuando por fin se reconoció en ella y dijo aquello de iste ego sum, tampoco pudo levantarse, y se fue consumiendo allí mismo sin dejar de mirarse. Lo terrible del mito no es la belleza del muchacho, es que el resto del mundo desaparece del paisaje. En la carta, quienes le atribuyen filtraciones son los mismos que se atreven con el Papa, de modo que el que toca al comisario toca a León XIV. En junio se quejaba en público de un acoso judicial, mediático y lobbístico que, decía, sufría desde hacía más de dos años. Y si las víctimas llegan a ver al Papa en Perú, ya saben quién inició las gestiones.
Un hombre así puede ser inofensivo en casi cualquier despacho de Roma. En ese no. Entre personas que salieron rotas de una casa levantada alrededor de un hombre y una Iglesia que les debe reparación, que es el único sitio del mundo donde de verdad no cabe un yo, la Santa Sede ha puesto a uno que firma con el cargo y escribe en primera persona, que habla de sus ojeras en plena escucha y que, cuando confiesa, confiesa agravios. El cura de mi colegio murió hace años sin salir en ningún periódico, y nunca supe cómo se llamaba. De niño creía que la rejilla estaba ahí para esconderle. Ahora sé que estaba para que no estorbara.
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De: Jordi Bertomeu <comisario.pontificio.scv@gmail.com>
Date: vie, 30 de oct de 2026, 8:44 a. m.
Subject: Comunicado interno del Comisario Pontificio a las víctimas de la ‘’Familia Espiritual’’ del Sodalicio
Queridas víctimas:
A raíz de los últimos acontecimientos como la anunciada visita del Papa León XIV a Perú y de informaciones publicadas recientemente en periódicos vinculadas con la ultra derecha española, considero necesario compartir con vosotros y vosotras algunas precisiones sobre las responsabilidades que corresponden a cada una de las personas e instituciones implicadas en el proceso de vuestra reparación integral y las razones que considero exigen mucha prudencia institucional.
1. Sobre el encuentro del Papa con las víctimas del Sodalicio
Tal como anunció la Santa Sede, ‘Durante los días del próximo Viaje Apostólico del Santo Padre a América Latina, están previstos algunos encuentros con personas que han sido víctimas de abusos por parte de miembros del clero y de la Iglesia’.
Como Comisario Pontificio, quiero informar que tan pronto se confirmó que el Papa iría a Perú, inicié todas las gestiones para que, en lo posible, tuviera un encuentro con víctimas del Sodalicio, por la magnitud de la tragedia sufrida por vosotros y por los elementos que hacen de este caso un precedente único para toda la Iglesia.
Como sabéis, es un encuentro que no entra en mis competencias y que por ello no depende de mí. Sin embargo, es de esperar que los organismos pertinentes de la Santa Sede acogerán esta petición mía y la que formularon recientemente dos de vuestras asociaciones.
2. Sobre el proceso de reparación
Como os informé en la anterior comunicación, el Canal de Primera Escucha iniciado en mayo de 2026 concluyó el 31 de agosto del corriente. Simultáneamente, junto a los Comisarios Adjuntos, mantenemos una fase de negociación muy delicada para procurar que se asuman las responsabilidades correspondientes y se contribuya a la indemnización de las víctimas mediante los bienes de origen eclesiástico que fueron privatizados antes de la efectiva supresión de la así llamada ‘’Familia Espiritual’’ del Sodalicio, el 14 de abril de 2026.
Tres meses antes, el 14 de enero de 2025, al decretar la supresión, el papa Francisco dispuso que se procurara no solo la reparación moral de las víctimas de los cuatro entes fundados por Luis Fernando Figari, sino en lo posible una indemnización económica que atendiera a criterios de proporcionalidad, equidad y a las posibilidades existentes, con cargo a los bienes de la ‘’familia espiritual’’ del Sodalicio que resultasen de su liquidación.
Esta orientación no supeditaba la indemnización a la existencia de una sentencia judicial condenatoria, que no la hay, pero sí debía abordarse de acuerdo con los criterios y las posibilidades establecidos en el mandato.
3. Sobre la información a las víctimas
Soy plenamente consciente de vuestro legítimo derecho a conocer el desarrollo de las actuaciones que os afectan. Por ello, estoy procurando manteneros informados sobre lo que se está haciendo tan pronto hay una novedad que lo requiere y en la medida en que las circunstancias lo permiten. Así lo hice al concluir el Canal de Primera Escucha.
Por otra parte, me consta que la gran mayoría de vosotros y vosotras comprendéis que hay aspectos de la negociación que, por su propia naturaleza, requieren reserva mientras el proceso está en curso. Esta reserva no debe confundirse con una voluntad de ocultamiento ni con una falta de consideración hacia vuestras preocupaciones. Su finalidad es evitar que la divulgación prematura de determinados detalles pueda comprometer las posibilidades de alcanzar una indemnización económica efectiva y lo más ventajosa para vosotros y vosotras, las víctimas.
4. Sobre las preocupaciones expresadas acerca de las condiciones de la negociación
Entiendo que existan inquietudes, desacuerdos y exigencias de mayor información. Reconozco plenamente vuestro derecho a expresar vuestras preocupaciones, reclamar justicia y solicitar las aclaraciones que consideréis necesarias. Para ello continúa abierta la dirección de correo electrónico por la que os transmito esta comunicación interna.
Sin embargo, algunas actuaciones de negociación, en el marco de la legislación canónica, sin descartar la civil, requieren un marco de prudencia y reserva particulares que no comprometan sus posibilidades de éxito.
Mi deber es proteger ese espacio de trabajo y procurar que las actuaciones emprendidas conduzcan a resultados concretos, sin limitar el derecho de nadie a manifestarse, denunciar posibles irregularidades o reclamar responsabilidades.
5. Sobre la participación del abogado Manel Riera
En relación con las informaciones sobre el Sr Manel Riera, abogado y canonista prestigioso que asesoró al Arzobispado de Lima durante un tiempo, cuando las Siervas del Plan de Dios eran una asociación pública de fieles de derecho diocesano, quiero precisar que nunca ha participado en las diligencias de investigación o reparación desarrolladas bajo mi responsabilidad, en particular desde que asumí el cargo de Comisario Pontificio para la liquidación de la ‘’familia espiritual’’ del Sodalicio el 14 de abril de 2025.
6. Sobre la intervención de Eshmá
Eshmá había intervenido en una etapa anterior al 14 de abril de 2025, en particular en relación con la atención a las víctimas Siervas del Plan de Dios.
Es importante distinguir esa intervención histórica, e incluso de una posible intervención futura, de las actuaciones que se están desarrollando actualmente bajo mi responsabilidad. Esta precisión no pretende restar valor al trabajo realizado anteriormente, sino aclarar las diferentes etapas y responsabilidades del proceso.
7. Sobre la intervención del Arzobispo de Lima
Desde mi nombramiento como Comisario Pontificio en la fecha antes indicada, el Cardenal Carlos Castillo Mattasoglio, arzobispo de Lima, ha dejado de intervenir en este proceso en los términos en que lo hacía anteriormente, es decir, cuando las Siervas del Plan de Dios eran una asociación de derecho diocesano erigida en Lima.
Esta distinción responde al cambio en el marco de competencias y responsabilidades derivado de mi nombramiento. Considero importante explicarla para que exista una comprensión adecuada de las funciones que corresponden a cada autoridad en las distintas etapas del proceso.
8. Sobre la gravedad de las prácticas que motivaron la supresión
Quiero reiterar, sin ninguna ambigüedad, que las prácticas abusivas y sectarias que motivaron la supresión de la ‘’Familia Espiritual’’ del Sodalicio, basada sobre un falso carisma original, considero que eran absolutamente reprobables y no pueden justificarse bajo ninguna circunstancia.
Entre los hechos denunciados se encuentran actuaciones de extrema gravedad, incluidas intervenciones médicas o psiquiátricas que, según los testimonios recibidos durante el Canal de Primera Escucha y que antes desconocíamos, habrían afectado profundamente a muchos miembros de esta ‘’familia espiritual’’, en especial de algunas Siervas del Plan de Dios.
Ninguna práctica abusiva puede justificarse por el mero hecho de que se alegue el consentimiento de una persona adulta. Es necesario tener en cuenta las situaciones de vulnerabilidad, las posibles dinámicas de dependencia, manipulación y sometimiento, y las condiciones reales en las que se produjeron las decisiones.
9. Sobre algunos intentos mediáticos de desprestigiar mi actuación como Comisario Pontificio
Habréis comprobado que ciertos medios de comunicación vinculados a la ultra derecha española y peruana insisten una y otra vez en atribuirme ideas que no comparto o hechos que no he protagonizado.
Entre las primeras, algún periodista que no da gran valor a la deontología profesional me ha atribuido unas palabras descontextualizadas que, ciertamente, pronuncié en una larga conferencia sobre el instituto canónico de la dispensa y que podrían dar a entender un mensaje contradictorio por mi parte. Se referirían a la posición de las víctimas en la crisis de los abusos eclesiales. Permitidme insistir que en la doctrina católica, la Iglesia tiene una misión sobrenatural que trasciende los intereses individuales, pero esa misión en vistas del bien común debe realizarse respetando siempre y por encima la dignidad de las personas. No me cansaré de repetir que la víctima debe estar en el centro de todo proceso de justicia, reparación integral y prevención.
Sobre lo segundo, es absolutamente falso y malintencionado afirmar que haya filtrado a la prensa información sobre un famoso sacerdote peruano cuya denuncia, por otra parte, nunca llegó al Dicasterio para la Doctrina de la Fe por retractación de la persona denunciante. Por lo que tengo entendido, dicha denuncia se presentó ante la Comision de Escucha de Lima y la presunta víctima sería un adulto vulnerable, asunto para el que mi Dicasterio es incompetente. Los mismos que me lo atribuyen son los que incluso se atreven, manipulando una vez más los hechos, a acusar una y otra vez al Papa León de ser un presunto encubridor.
Por todo ello y como conclusión, soy consciente de que la confianza no se funda en las palabras, sino en los hechos. Comprendo vuestra necesidad de respuestas y de reconocimiento, así como vuestra legítima exigencia de que se conozca la verdad sobre lo sucedido.
Os confieso que no comparto, en cambio, alguna manifestación sobre mi persona o trabajo que considero como mínimo injusta y que, además, creo que en nada ayuda al proceso en curso.
Mi responsabilidad como Comisario Pontificio me obliga a actuar con firmeza, transparencia y prudencia, procurando que las actuaciones que nos ocupan puedan traducirse pronto en resultados reales.
También me exige responder con serenidad y en el momento oportuno a las informaciones públicas, aclarar los hechos cuando sea necesario y preservar la confidencialidad que legítimamente requiere el proceso, sin desatender nunca vuestras preocupaciones.
Continuaré informándoos de los avances en la medida en que sea posible hacerlo sin comprometer las negociaciones indicadas ni las posibilidades de reparación.
Con respeto y consideración,
El Comisario Pontificio de la ‘’Familia Espiritual’’ del Sodalicio
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