En modo firma

En modo firma

Publica Religión Digital un alegato de casi mil palabras contra este periódico. El motivo: unos párrafos que el martes dedicamos a Jordi Bertomeu dentro de una crónica sobre los nombramientos pendientes en España. Doscientas cuarenta palabras nuestras. La respuesta llegó el jueves, en la sección de Opinión, multiplica por cuatro y no lleva firma.

No le hace falta.

El texto nos reprocha informar «en modo irresponsable», difundir una grabación «en modo sesgado e interesado», silenciar «en modo interesado». Tres veces «en modo». En español eso se dice «de modo»: «en modo» solo existe en los teléfonos (modo avión) y en el italiano in modo irresponsabile, que es de donde viene el calco. Quien escribe así no piensa en tortosí; piensa en romañolo. Llamémoslo curialecto.

Es, en cierto modo, el sibbólet de Jueces 12: los galaaditas de Jefté tomaron los vados del Jordán y pedían a cada fugitivo pronunciar la palabra; el efraimita decía «sibbólet», con su ese delatora, y aquella ese le costaba el cuello. Cuarenta y dos mil cayeron por un fonema. Aquí nadie degüella a nadie: solo tomamos nota de la prosodia.

Pero el acento es lo de menos. Lo serio es lo que el texto sabe. Sabe que Bertomeu no consintió la grabación de la Nunciatura; sabe qué expedientes han entrado en el registro del Dicasterio para la Doctrina de la Fe y cuáles «nunca han llegado», caso del padre Omar Sánchez, ¿se quedaría en nunciatura?; sabe qué «aparente falsa promesa» se hizo a Francisco en una audiencia reservada… El autor, quienquiera que sea, no lee los periódicos: lee los registros. ¿Cuánta gente en el mundo puede escribir ese párrafo?

Y, en su afán defensivo, confirma. Confirma que el precepto penal contra Giuliana Caccia y Sebastián Blanco existió y amenazaba con la excomunión. Confirma que la conversación de la Nunciatura existió y la grabó el abogado Gonzalo Flores Santana. Confirma que allí se habló de colaborar con la justicia estadounidense por presuntos lavados en offshores de Denver (Colorado), «esperando el tratamiento jurídico que esta colaboración pudiera merecer». La defensa entera cabe en una fórmula: todo ocurrió, pero lo firmaba el Papa (el paraguas pontificio: todo un género literario).

Hay más. El texto nos acusa de no aportar «un solo dato sobre el contenido» de las reuniones con el FBI y, dos líneas después, aporta él mismo el contenido, de propina: los lavados, las offshores, Denver. Es la vieja excusatio non petita con matasellos del Tíber.

Y queda lo principal, que es lo que no dice. El titular habla de una «presunta candidatura» de Bertomeu al episcopado. El cuerpo habla de todo: de VOX, de un domicilio en la calle Nicasio Gallego que no es el de esta web, de la mafia, de las víctimas, de los ocho dicasterios… De la candidatura, ni una línea. Negarla costaba una frase. Se prefirió gastar casi mil palabras en no escribirla.

Nosotros publicamos un rumor y lo llamamos rumor. Enfrente han publicado un desmentido que no desmiente, escrito por nadie, con acento de Dicasterio.

El anónimo ha salido en modo firma.

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