Archivado el caso del padre Omar: el expediente que evidenció un método de filtraciones interesadas en el Vaticano

Archivado el caso del padre Omar: el expediente que evidenció un método de filtraciones interesadas en el Vaticano

La investigación canónica contra el padre Omar Sánchez Portillo ha quedado archivada, y con ella las diligencias preliminares que abrió la Fiscalía peruana. Lo ha anunciado el propio sacerdote de la diócesis de Lurín en un vídeo recogido por Expreso, después de seis meses de silencio escrupuloso. Ninguna de las dos instancias encontró motivo para seguir adelante: el expediente, en sus palabras, se cerró «al no encontrarse sustento alguno». Sánchez asegura tener en su poder toda la documentación oficial que lo acredita.

Se cierra así, sin una sola prueba, la causa que durante medio año convirtió en carne de titular a uno de los sacerdotes más queridos de los arrabales del sur de Lima, director de la Asociación de las Bienaventuranzas, que acoge a cientos de personas abandonadas. Y queda a la vista, con una nitidez incómoda, la secuencia que InfoVaticana ya había documentado: una crítica pública a Mons. Jordi Bertomeu, un expediente dormido que despierta de golpe y una periodista de la órbita del comisario dispuesta a publicarlo.

Veintidós días

El 6 de abril, el padre Omar se atrevió a cuestionar en público la gestión de Bertomeu como comisario apostólico para el Sodalicio de Vida Cristiana. Veintidós días después, Paola Ugaz difundía en Epicentro TV una denuncia remitida en mayo de 2023 al Dicasterio para la Doctrina de la Fe, el mismo dicasterio en el que trabaja Bertomeu, por unos supuestos abusos cometidos en 2019 contra un joven acogido en la obra del sacerdote. Tres años en un cajón romano. Salió a la luz justo cuando el cura levantó la voz.

Como reveló InfoVaticana, la firma del reportaje correspondía a la periodista que durante años ha ejercido de interlocutora mediática habitual del propio Bertomeu. La misma que compartió estrado con él en la lectura del mensaje papal dedicado al «Proyecto Ugaz».

Una víctima que nunca denunció

El edificio empezó a resquebrajarse en mayo. El joven al que el reportaje presentaba como «Rafael», Nicolás Arosemena, declaró públicamente que jamás había denunciado al padre Omar, que desautorizaba al familiar que había firmado aquel escrito en su nombre y que llegó a la asociación para ayudar a los más pobres, no como paciente de rehabilitación. Tres afirmaciones que dinamitaban de raíz el retrato de la «persona vulnerable» sobre el que se levantaba toda la acusación.

Las versiones de los protagonistas tampoco encajaban entre sí. Bertomeu sostuvo en una entrevista con Rosa María Palacios que no existía denuncia alguna contra Sánchez en Doctrina de la Fe; Epicentro TV insistía en que había una en curso; la propia Ugaz llegó a afirmar que la denuncia había sido retirada, según recogió InfoVaticana. Consta, además, que en septiembre de 2023 un familiar pidió retirar el expediente. Tres relatos incompatibles sobre un mismo papel, y un sacerdote arrojado a los leones mientras tanto.

El método Puente, versión vaticana

España ha asistido esta semana a una maniobra de factura parecida. Horas después de que el ministro Óscar Puente señalara el error humano como causa de la tragedia ferroviaria de Urda, aparecían en los medios unos audios recortados de las conversaciones entre el centro de control de Atocha y los maquinistas. Los sindicatos ferroviarios, unánimes, denunciaron la filtración como un juicio paralelo contra el eslabón más débil de la cadena, con la investigación todavía abierta y el sumario bajo secreto. El poder se pone a salvo, el operario queda expuesto y el periodismo amigo hace el resto.

El caso del padre Omar sigue el mismo guion con sotana. Un documento reservado que dormía en un despacho romano, extraído en el momento oportuno, entregado a una periodista de confianza y servido a la opinión pública como prueba de culpabilidad antes de que nadie lo investigara. Cuando la Iglesia y la Fiscalía examinaron el caso con calma, no encontraron nada. Pero el escarmiento ya había cumplido su función.

Las preguntas que nadie responde

¿Quién custodiaba ese expediente y quién decidió desempolvarlo en abril de 2026? ¿Cómo llegó a manos de una periodista un documento reservado de un dicasterio romano? ¿Por qué un procedimiento cuya retirada había solicitado la propia familia reapareció precisamente tras la crítica al comisario? ¿Rectificará Epicentro TV con el mismo despliegue con que publicó la acusación? ¿Responderá alguien en Roma del daño infligido a un sacerdote y a una obra que da de comer a quienes nadie quiere?

Durante seis meses, el nombre del padre Omar recorrió titulares pegado a la palabra abuso, y su obra quedó bajo una sombra de sospecha que ningún archivo borra del todo. Bertomeu sigue en su expectante despacho y Ugaz en su tribuna.

La lección que queda flotando sobre el clero peruano es tan sencilla como inquietante. Quien critique a Bertomeu debe saber que sus papeles viejos pueden salir del cajón, que los medios afines se pondrán en marcha y que su nombre quedará manchado durante meses, haya o no algo detrás. Al padre Omar le ha salvado que detrás no había nada. Otros sacerdotes, con menos paciencia o menos suerte, ya han tomado nota y callan.

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