El arzobispo de Viena, Josef Grünwidl, ha dicho que desearía la ordenación de mujeres, aunque reconoce que solo podría decidirla un concilio de la Iglesia universal y que no ve perspectivas realistas de que eso ocurra pronto. Lo afirmó en el programa Im Journal zu Gast de la emisora pública austriaca Ö1, emitido el sábado 31 de octubre, en una entrevista con el periodista Tarek Leitner, según la transcripción publicada por el portal AdVaticanum. En la misma conversación dijo esperar que la Conferencia Episcopal Austriaca reforme sus estatutos para que una mujer pueda ser su secretaria general.
Preguntado por el papel de la mujer, Grünwidl rechazó que su aportación en la Iglesia sea menor y enumeró a las mujeres que trabajan como agentes de pastoral, en las escuelas, en la enseñanza de la religión y en las capellanías de los hospitales, además de en la administración de la archidiócesis. Recordó que él mismo ha nombrado a mujeres para el consejo episcopal y vino a decir que no se limitan a leer textos. Sus palabras sobre la ordenación no figuran en la noticia que news.ORF.at publicó sobre el programa ni en la crónica de Vatican News en alemán, que se ciñó a lo que el arzobispo dijo sobre la muerte, el morir y la fiesta de Todos los Santos.
La radiotelevisión pública sí recogió lo relativo a la secretaría general. El cargo quedará libre a finales de noviembre, cuando lo deje Peter Schipka, y los estatutos exigen que lo ocupe un sacerdote. Grünwidl dijo que de momento lo asumirá de nuevo un clérigo, «wieder so wie üblich» («otra vez, como de costumbre»), pero que cuenta con que se cambien las normas, algo que llevará tiempo porque la modificación debe aprobarla Roma. Según AdVaticanum, defendió que el puesto quede abierto a todos los bautizados, hombres o mujeres. Los obispos austriacos celebran su asamblea plenaria del 9 al 12 de noviembre en Salzburgo, y la reforma de los estatutos necesitaría el visto bueno del Dicasterio para los Obispos, según religion.ORF.at. El candidato lo propone el presidente de la conferencia, el arzobispo de Salzburgo, Franz Lackner, a quien Grünwidl podría suceder en los próximos años.
La doctrina sobre la cuestión de fondo está fijada. En la carta apostólica Ordinatio sacerdotalis, del 22 de mayo de 1994, Juan Pablo II declaró que «la Iglesia no tiene en modo alguno la facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres» y que este dictamen «debe ser considerado como definitivo por todos los fieles de la Iglesia». En octubre de 1995, la entonces Congregación para la Doctrina de la Fe respondió, con la aprobación del Papa, que esa enseñanza pertenece al depósito de la fe y exige un asentimiento definitivo. El canon 1024 del Código de Derecho Canónico establece que «sólo el varón bautizado recibe válidamente la sagrada ordenación».
Grünwidl ya había apuntado en esa dirección al día siguiente de su nombramiento por León XIV, en octubre de 2025. Entonces dijo que acogería cambios, pero que la ordenación de mujeres como diaconisas o sacerdotisas no era un asunto de actualidad para la Iglesia universal y que supondría una ruptura con su larga tradición, por lo que solo un concilio ecuménico podría decidirla, según katholisch.de. También se mostró partidario de que el celibato de los sacerdotes sea opcional. Un año después y ya consagrado arzobispo, el sucesor del cardenal Christoph Schönborn ha pasado de considerarlo un tema ajeno a la agenda de la Iglesia a decir en la radio pública que lo desearía.
La entrevista llega pocos días después de que siete organizaciones reformistas pidieran a la Secretaría General del Sínodo la derogación de varios cánones, entre ellos el 1024, para abrir la ordenación a las mujeres. Que el titular de la sede de Viena se sume a ese deseo en público, aunque lo aplace a un concilio, coloca la cuestión en boca de uno de los arzobispos más relevantes de Centroeuropa.
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