León XIV agradece a Rouco su «fidelidad» en la misa por sus cincuenta años de obispo

El nuncio Piero Pioppo leyó en la Almudena la carta del Papa, que afirma que el cardenal «ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia»

León XIV agradece a Rouco su «fidelidad» en la misa por sus cincuenta años de obispo

El Papa León XIV ha felicitado al cardenal Antonio María Rouco Varela por sus cincuenta años de obispo con una carta en la que destaca «su solicitud y fidelidad en la comunión de la Santa Iglesia» y afirma que el arzobispo emérito de Madrid «ha cumplido dignamente sus deberes en la caridad y en la obediencia». El nuncio apostólico en España, Piero Pioppo, leyó la carta el sábado 31 de octubre en la catedral de Santa María la Real de la Almudena, durante la misa de acción de gracias por el aniversario, a la que asistieron más de veinte cardenales y obispos, según las crónicas de Alfa y Omega, el semanario de la archidiócesis, y de El Debate.

Rouco recibió la ordenación episcopal el 31 de octubre de 1976 en la catedral de Santiago de Compostela, como obispo auxiliar de aquella archidiócesis nombrado por Pablo VI, de modo que la misa se celebró exactamente medio siglo después. En la carta, el Papa se une a la celebración «por el feliz acontecimiento», recuerda la larga misión pastoral del cardenal en las comunidades eclesiales que le fueron confiadas y agradece su «diligente labor ejercida con esmero en la Conferencia Episcopal Española y en los diversos dicasterios de la Sede Apostólica». El texto concluye con la bendición apostólica.

Junto al nuncio participaron en la celebración el presidente de la Conferencia Episcopal Española, Luis Argüello, y el arzobispo de Madrid, el cardenal José Cobo, además de los obispos titulares, eméritos y electos de la archidiócesis, y más de 150 sacerdotes, religiosos, seminaristas y laicos. Cobo elogió los veinte años de gobierno de Rouco en Madrid y le entregó la Medalla Honorífica de la Archidiócesis, que se concedía por primera vez.

En la homilía, el cardenal, que cumplió 90 años el pasado 20 de agosto, hizo balance de su ministerio y dijo que «depositamos en las manos del Señor toda una vida entregada al ministerio». Recordó a los papas que han marcado su episcopado, desde Pablo VI, que lo nombró obispo, hasta Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco, y en vísperas de Todos los Santos dirigió a los fieles una reflexión sobre la santidad: «De lo que se trata en la vida es de querer ser santos o no quererlo, de intentarlo o de dejarlo». Propuso además unas preguntas de examen para su propia vida, entre ellas si había ido sin miedo adonde el Señor le envió y si había predicado a Jesucristo y no a sí mismo, según El Debate. También tuvo un recuerdo para las víctimas del accidente ferroviario de Urda y para sus familias.

En una entrevista con Alfa y Omega publicada el mismo día, Rouco resumió su vida en una frase: «Que el Señor me ha concedido permanecer unido a Él». Preguntado por la decisión más difícil que ha tomado, respondió: «Aceptar ser obispo. Fue una sorpresa absoluta que hubieran pensado en mí». Contó que supo de su elección a finales de junio de aquel año, en la catedral de Huesca, cuando el nuncio le mostró la carta, y dijo creer que los jóvenes «pueden responder de nuevo cuando se les habla de Cristo».

La trayectoria de Rouco recorre medio siglo de la Iglesia en España. Pasó dieciocho años en Santiago, primero como auxiliar y desde 1984 como arzobispo, una etapa en la que tuvo un papel destacado en la Jornada Mundial de la Juventud de 1989. Juan Pablo II lo trasladó a Madrid en 1994 y lo creó cardenal en el consistorio del 21 de febrero de 1998. Gobernó la archidiócesis madrileña hasta 2014, presidió la Conferencia Episcopal Española en dos etapas, entre 1999 y 2005 y entre 2008 y 2014, y fue el anfitrión de la Jornada Mundial de la Juventud de Madrid de 2011, presidida por Benedicto XVI. Francisco aceptó su renuncia por edad el 28 de agosto de 2014.

La archidiócesis de Madrid lo ha presentado con motivo del aniversario como uno de los obispos más relevantes en la historia de la Iglesia española del posconcilio. La carta de León XIV, leída ante buena parte del episcopado, pone sobre ese juicio la firma del Papa: la fidelidad en la comunión, el cumplimiento de los deberes en la caridad y en la obediencia y el trabajo en la Conferencia Episcopal y en la Curia romana.


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