Martín Varsavsky, empresario argentino-español conocido por fundar compañías tecnológicas como Jazztel, Ya.com y la empresa de reproducción asistida Prelude Fertility, celebra su sexto unicornio. La farmacéutica suiza Ferring ha firmado un acuerdo para adquirir Gameto, la empresa de fertilidad que cofundó en 2020, por una cantidad que puede alcanzar los 1.382,5 millones de dólares. Sexto unicornio, si se cuenta Ya.com, vendida a T-Online en 2000 por 550 millones de euros, y si se da por cobrado un dinero que todavía depende de objetivos futuros.
El acuerdo está sujeto a condiciones de cierre y a hitos de desarrollo, aprobación regulatoria y comercialización. La adquisición todavía no se ha completado. Fertilo, el principal producto de Gameto, sigue siendo experimental en Estados Unidos y no cuenta con la aprobación de sus autoridades sanitarias.
Fertilo promete reducir el tratamiento hormonal previo a la extracción de óvulos de unas dos semanas a dos o tres días. Lo consigue mediante una tecnología que utiliza células de tipo ovárico derivadas de células madre reprogramadas para favorecer la maduración de óvulos inmaduros en el laboratorio.
Esas células, por sí mismas, no exigen destruir embriones humanos. El problema moral aparece en lo que viene después: los óvulos maduros se fecundan mediante las técnicas habituales de reproducción asistida.
La innovación está en cómo se obtiene el óvulo. La fecundación in vitro sigue siendo la misma.
Los embriones que la industria llama «sobrantes»
Conviene detenerse en lo que significa un ciclo de fecundación in vitro.
En el Reino Unido, según una respuesta oficial del Departamento de Salud al Parlamento, entre agosto de 1991 y diciembre de 2019 se descartaron 3.106.319 embriones humanos. Durante ese periodo se transfirieron al útero otros 2.056.449.
Por su parte, el organismo regulador británico de fertilidad, la HFEA, contabilizaba unos 390.000 niños nacidos mediante tratamientos de fertilidad desde 1991.
Son magnitudes que no miden exactamente lo mismo, pero su comparación permite comprender la escala del problema: millones de embriones descartados frente a cientos de miles de nacimientos. Más de siete embriones eliminados por cada niño nacido en ese balance histórico.
En España, la acumulación de embriones crioconservados constituye otro de los grandes problemas de la reproducción asistida. Más de 668.000 permanecen almacenados en nitrógeno líquido, según las cifras recogidas en el debate sobre su destino. Algunos llevan años esperando una decisión que sus progenitores no han tomado o que las clínicas no consiguen obtener.
La industria tiene una palabra tranquilizadora para ellos: sobrantes.
Juan Pablo II ya había descrito este mecanismo en 1995. En el número 14 de la encíclica Evangelium vitae, advirtió de que las técnicas de reproducción artificial, aunque se presentan al servicio de la vida, pueden convertirse en instrumentos contra ella.
El Papa denunciaba que se produjeran embriones en número superior al necesario para su implantación y que los restantes fueran destruidos o utilizados en investigaciones como material biológico disponible.
La industria puede mejorar sus procedimientos, reducir las inyecciones y aumentar las probabilidades de embarazo. Lo que no desaparece es la pregunta sobre los seres humanos concebidos que no llegan a nacer.
El pronatalismo de probeta promete más hijos. Pero su funcionamiento habitual permite producir, seleccionar, congelar y descartar a otros.
La «segunda revolución sexual» que prometía Varsavsky
La operación de Gameto no aparece de la nada. Forma parte de un proyecto empresarial y cultural que Varsavsky lleva defendiendo desde hace más de una década.
A finales de 2015, durante la presentación de Prelude en Campus Madrid, el empresario habló de una «segunda revolución sexual». Según recogió entonces la revista Emprendedores, su propuesta consistía en completar la separación entre sexualidad y procreación iniciada con la expansión de la píldora anticonceptiva.
Si la primera revolución sexual había permitido mantener relaciones sexuales sin tener hijos, la segunda prometía tener hijos sin necesidad de relaciones sexuales.
La reproducción quedaba convertida en un proceso organizado por etapas: congelación de gametos jóvenes, fecundación posterior, análisis de embriones y selección de aquellos considerados adecuados para su implantación.
La propuesta se presentaba como una oportunidad para distintas formas de familia, incluidas las parejas del mismo sexo.
Pero había otra consecuencia: los embriones podían someterse a pruebas genéticas y aquellos que presentaran determinadas alteraciones podían quedar excluidos del proceso reproductivo.
La lógica empresarial incorporaba así una operación que la doctrina católica lleva décadas denunciando: decidir qué vidas humanas merecen continuar desarrollándose y cuáles no.
La selección genética de embriones tiene un nombre en el magisterio: eugenesia
En 2008, la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó la instrucción Dignitas personae.
Su número 22 aborda expresamente el diagnóstico genético preimplantatorio, utilizado para analizar embriones obtenidos mediante fecundación artificial antes de transferirlos al útero.
El documento señala que estas pruebas suelen ir acompañadas de la eliminación de embriones considerados portadores de defectos genéticos o cromosómicos, o que no reúnen las características buscadas.
La instrucción califica esa selección destructiva como una «práctica abortiva precoz» y denuncia la mentalidad eugenésica que pretende medir el valor de una vida humana por criterios de normalidad o bienestar físico.
No se trata de una objeción contra el conocimiento médico. Se trata de una objeción contra el poder que se atribuye quien decide que una vida humana puede ser descartada porque no responde a determinadas expectativas.
La selección genética tampoco ofrece la certeza absoluta que su presentación comercial puede sugerir.
Desde 2024, pacientes estadounidenses de fecundación in vitro han promovido litigios contra empresas relacionadas con las pruebas genéticas de aneuploidías. Entre las cuestiones discutidas figura la posibilidad de que determinados resultados clasifiquen como anómalos embriones que podrían haber dado lugar a embarazos viables.
Las acusaciones deben distinguirse de las conclusiones judiciales y de la evidencia científica sobre cada prueba. Pero el problema ético es anterior al margen de error.
Incluso una prueba perfecta seguiría dejando intacta la cuestión fundamental: ¿con qué derecho se elimina a un ser humano por sus características genéticas?
Cuando además existe incertidumbre diagnóstica, el riesgo se agrava.
Del embrión seleccionado al embrión editado
La selección es solo el primer peldaño de una carrera tecnológica que ya contempla modificar genéticamente los embriones humanos.
En 2023, Varsavsky participó en una conversación sobre natalidad y nuevas tecnologías reproductivas en la que aparecieron cuestiones como la selección embrionaria, las posibilidades de CRISPR y la modificación genética de rasgos humanos.
La aspiración de controlar la herencia biológica tiene una historia anterior a los laboratorios actuales.
Francis Galton, uno de los principales impulsores de la eugenesia moderna, defendía a comienzos del siglo XX la posibilidad de orientar deliberadamente la reproducción humana para obtener los resultados que la naturaleza produce sin planificación.
Hoy las herramientas son distintas. El lenguaje también. Ya no se habla necesariamente de mejorar la raza, sino de prevenir enfermedades, optimizar resultados reproductivos o ampliar las posibilidades de elección de los padres.
Pero cuando la técnica pasa de tratar enfermedades a seleccionar qué personas deben nacer, la pregunta de fondo sigue siendo la misma.
Algunos de los inversores relacionados con Gameto también han mostrado interés por la edición genética de embriones.
Brian Armstrong, fundador de Coinbase y uno de los primeros financiadores de Gameto, expresó públicamente en 2025 su disposición a impulsar una empresa dedicada a este campo.
Posteriormente, The Wall Street Journal informó de sus vínculos, junto a otros inversores tecnológicos, con Preventive, una empresa centrada en la investigación sobre edición genética de embriones humanos.
La compañía ha señalado que su actividad se limita a la investigación preclínica y ha negado que esté preparando la implantación de embriones editados. Esa distinción es importante: investigar la edición embrionaria no equivale a haber iniciado embarazos con embriones modificados.
Pero la dirección de las inversiones muestra hasta dónde pretende llegar una parte de esta industria.
El laboratorio, los embriones humanos y el sueño del «mejor bebé»
La investigación sobre edición genética embrionaria sigue avanzando.
En la Universidad de Columbia, el equipo del investigador Dieter Egli ha trabajado en técnicas destinadas a aumentar la precisión de las modificaciones genéticas en embriones humanos.
En junio de 2026 se difundieron nuevos resultados obtenidos con cigotos y embriones de dos células donados para investigación. El desarrollo de estas técnicas plantea la posibilidad de extender los experimentos a fases posteriores del desarrollo embrionario.
También aparecen en este sector empresas dedicadas a la selección genética, como Nucleus Genomics, cuya campaña publicitaria en el metro de Nueva York utilizó el lema «Ten tu mejor bebé».
La publicidad de niños seleccionados mediante pruebas genéticas convierte en argumento comercial una aspiración inquietante: que los padres puedan elegir determinadas características biológicas de sus hijos.
La Iglesia no necesita esperar al nacimiento del primer niño diseñado genéticamente para formular su juicio moral.
Dignitas personae advierte contra las intervenciones en la línea germinal humana por sus riesgos para la descendencia y rechaza la ingeniería genética orientada a mejorar características humanas conforme a preferencias particulares.
Evangelium vitae, por su parte, condena la utilización de embriones humanos como objetos de experimentación.
Desde la perspectiva católica, el hecho de que un embrión haya sido concebido en un laboratorio no reduce su dignidad ni autoriza a destruirlo en nombre de un avance científico.
El sueño del óvulo fabricado a partir de células de piel
La carrera tecnológica tampoco termina en la edición genética.
Uno de los objetivos más ambiciosos de la investigación reproductiva es obtener gametos humanos a partir de células ordinarias del organismo, como las de la piel.
En septiembre de 2025, un equipo de la Universidad de Salud y Ciencia de Oregón presentó resultados experimentales sobre la obtención de óvulos mediante procedimientos de reprogramación celular.
Los investigadores fecundaron 82 estructuras ovocitarias obtenidas mediante esta técnica. La mayoría de los embriones resultantes presentó anomalías cromosómicas o detuvo su desarrollo en las primeras divisiones celulares. Ninguno fue cultivado más allá de la fase de blastocisto.
No se trataba de una técnica clínica capaz de producir nacimientos, sino de una investigación experimental con importantes limitaciones biológicas.
Sin embargo, entre las posibilidades futuras mencionadas por sus investigadores figura que personas del mismo sexo pudieran llegar a tener descendencia con una contribución genética de ambos miembros de la pareja.
El proyecto plantea así un horizonte en el que la producción de gametos ya no dependería necesariamente de la obtención de óvulos mediante los procedimientos habituales.
Y cuanto mayor sea la capacidad de producir gametos, mayor puede llegar a ser también la capacidad de crear embriones destinados a pruebas, selección o experimentación.
El problema no es únicamente cuánto puede avanzar la técnica. Es qué límites está dispuesta a reconocer.
La eugenesia no comenzó con los regímenes totalitarios
En 2019, el genetista George Church respondió a las críticas dirigidas contra sus propuestas de selección genética en las relaciones personales señalando que la eugenesia implica coerción.
Es una definición cómoda para la industria: si la decisión es voluntaria, la selección deja de ser eugenésica.
Pero la historia de la eugenesia es más compleja.
La propia revista de Harvard publicó en 2016 una revisión del papel que desempeñaron profesores y antiguos alumnos de la universidad en el desarrollo del movimiento eugenésico estadounidense.
Durante las primeras décadas del siglo XX, la eugenesia fue defendida por científicos, académicos y reformadores sociales que la presentaban como un instrumento de progreso.
El expresidente de Harvard Charles Eliot llegó a pronunciarse contra determinados matrimonios entre grupos étnicos y religiosos, incluidos los de católicos irlandeses con protestantes.
Aquellas ideas no nacieron únicamente de la imposición estatal. Circularon primero por universidades, sociedades científicas y círculos intelectuales.
Después llegaron las leyes de esterilización forzosa.
Esto no significa que toda investigación genética actual sea equivalente a las políticas eugenésicas del siglo pasado. Significa que la ausencia de coacción no basta, por sí sola, para resolver la cuestión moral de seleccionar seres humanos por sus características biológicas.
La libertad de elección de los padres no convierte al hijo en un producto.
Varsavsky denuncia la crisis de natalidad mientras invierte en separar la procreación del matrimonio
La contradicción resulta todavía más llamativa cuando Varsavsky habla de la crisis demográfica occidental.
En junio de 2026, durante una conversación en el podcast The Real Talks junto a Iván Espinosa de los Monteros, el empresario relacionó la caída de la natalidad con la pérdida del orgullo nacional y el debilitamiento del prestigio social de la familia.
También señaló como contraste a sociedades en las que la religión y la institución familiar conservan una influencia importante.
Es un diagnóstico que puede compartir buena parte del pensamiento católico: la natalidad no depende únicamente de las ayudas económicas, sino también de una cultura que valore el matrimonio, la familia y la transmisión de la vida.
Pero el remedio que Varsavsky impulsa empresarialmente pertenece a otra lógica.
La doctrina católica no considera que el problema demográfico pueda resolverse separando definitivamente la procreación del acto conyugal y trasladando al laboratorio la decisión sobre el origen y el destino de los hijos.
En 1987, la instrucción Donum vitae rechazó que científicos y médicos pudieran atribuirse la facultad de decidir sobre el origen y el destino de los seres humanos.
Y en junio de 2026, León XIV, durante un encuentro con la Fundación Jérôme Lejeune, advirtió contra una medicina que somete la dignidad humana a criterios técnicos y de selección.
El diagnóstico demográfico de Varsavsky puede coincidir parcialmente con el de quienes defienden la familia tradicional. Su propuesta reproductiva, no.
Una cosa es recuperar una cultura favorable a los hijos. Otra, convertir la generación de esos hijos en un servicio tecnológico sometido a las decisiones del mercado.
Engendrado, no fabricado
El Credo que la Iglesia confiesa desde Nicea proclama que el Hijo es genitum, non factum: engendrado, no hecho.
La fórmula se refiere a la generación eterna del Hijo y no fue concebida como una enseñanza sobre reproducción asistida. Pero expresa una distinción que permite iluminar el problema antropológico: la diferencia entre engendrar una vida y fabricar un objeto.
La tradición cristiana ha defendido que los hijos son personas que se reciben, no productos que se encargan conforme a determinadas especificaciones.
Los niños que nazcan gracias a Fertilo tendrán exactamente la misma dignidad que cualquier otro ser humano. Su valor no depende del procedimiento mediante el cual hayan sido concebidos.
La tienen también los embriones que permanecen congelados en nitrógeno líquido. Y la tenían aquellos que fueron descartados.
La venta de Gameto puede convertir a Varsavsky en un empresario todavía más rico. Puede acelerar la investigación reproductiva y ampliar el mercado de la fecundación in vitro. Puede incluso reducir algunas de las cargas físicas que soportan las mujeres durante estos tratamientos.
Pero ninguna de esas ventajas responde a la pregunta esencial: qué sucede con los seres humanos concebidos que no son elegidos para nacer.
Engendrado, no fabricado. Lo fabricado se controla, se mejora y, si sale defectuoso, se tira.
A Occidente no lo salva ninguna probeta.
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