El papa León XIV recibió este lunes en el Palacio Apostólico Vaticano a los miembros de la Fundación Jérôme Lejeune con motivo del centenario del nacimiento del célebre genetista francés, considerado una de las figuras más influyentes del siglo XX en la defensa de la vida humana y de las personas con discapacidad. Durante la audiencia, el Pontífice elogió su legado científico y moral, denunció las prácticas eugenésicas dirigidas contra las personas con síndrome de Down y advirtió que «la medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada».
La audiencia estuvo marcada por la figura del profesor Jérôme Lejeune (1926-1994), descubridor de la anomalía cromosómica responsable de la trisomía 21 y uno de los pioneros de la genética moderna. Su hallazgo revolucionó el conocimiento médico sobre el síndrome de Down y le otorgó prestigio internacional, pero también lo llevó a convertirse en una de las voces más conocidas en defensa de los niños no nacidos cuando comprobó que su descubrimiento comenzaba a utilizarse para promover el aborto selectivo de fetos diagnosticados con esta condición.
Católico comprometido y estrecho colaborador de san Juan Pablo II, Lejeune desempeñó además un papel decisivo en la creación de la Pontificia Academia para la Vida. Su causa de beatificación permanece abierta y la Iglesia lo reconoce actualmente con el título de Venerable.
El científico que puso su carrera al servicio de los más vulnerables
Durante su discurso, León XIV destacó que la grandeza de Lejeune no se limitó a sus aportaciones científicas.
«Fue también un médico por vocación y trabajó incansablemente para encontrar tratamientos que aliviaran el sufrimiento de sus pacientes, a quienes llamaba “los pobres entre los pobres”», recordó el Papa.
El Pontífice evocó además una de las expresiones más conocidas del genetista francés: «La medicina es el odio a la enfermedad y el amor al enfermo».
El hombre que denunció el «racismo cromosómico»
Lejeune libró una batalla tras descubrir que los avances de la genética podían utilizarse no para curar enfermedades, sino para eliminar a quienes las padecían.
«Comprendió rápidamente que su descubrimiento científico sería utilizado para erradicar a las personas portadoras de trisomía 21 antes de su nacimiento», afirmó el Papa.
Ante esta realidad, Lejeune denunció públicamente lo que consideraba una nueva forma de eugenesia. Llegó incluso a acuñar la expresión «racismo cromosómico» para describir una práctica que seleccionaba vidas humanas en función de su carga genética.
Sus intervenciones en defensa de los niños con síndrome de Down y de toda vida humana desde la concepción le granjearon reconocimiento entre numerosos católicos, pero también fuertes críticas en determinados ambientes científicos y políticos.
León XIV recordó que el investigador francés asumió personalmente las consecuencias de esa defensa pública de la vida.
«Defendió ardientemente la vida y la dignidad de los más frágiles, incluso a costa de su propia carrera», afirmó.
Una advertencia sobre la bioética contemporánea
El Papa aprovechó la conmemoración para reflexionar sobre algunos de los desafíos que plantean los avances biomédicos actuales.
Reconoció el enorme potencial de la tecnología para mejorar la atención médica, pero insistió en que el progreso científico debe estar siempre sometido a principios éticos sólidos.
«La técnica puede ayudar a la medicina, pero no puede reemplazarla», afirmó.
Según explicó, el problema aparece cuando la tecnología deja de estar orientada al servicio de la vida y comienza a someterse a criterios de eficacia, rentabilidad o utilidad.
«El valor de la persona no depende de lo que realiza o produce», recordó el Pontífice.
En este contexto lanzó una de las afirmaciones más contundentes de todo el discurso.
«Jamás un médico debería permitirse, basándose en algoritmos de laboratorio, decidir sobre la vida de un embrión o de una persona anciana», señaló. «Jamás la medicina podrá convertirse en sierva de la muerte programada».
Las palabras del Papa se producen en un momento en el que continúan los debates sobre la selección embrionaria, la eutanasia, el aborto eugenésico y el uso de nuevas tecnologías genéticas aplicadas a la reproducción humana.
El legado de una obra que continúa
León XIV dedicó también parte de su intervención a reconocer la labor que la Fundación Jérôme Lejeune desarrolla actualmente en distintos países.
La institución continúa el trabajo iniciado por el científico francés en tres ámbitos principales: la investigación, la atención médica a personas con discapacidad intelectual de origen genético y la defensa de la dignidad humana.
El Pontífice destacó especialmente la labor del Instituto Jérôme Lejeune, que atiende cada año a miles de pacientes, así como los programas de formación impulsados por la Cátedra Internacional de Bioética.
Asimismo, animó a los miembros de la fundación a seguir participando activamente en los debates públicos para defender «a cada persona en todas las circunstancias de su existencia».
Un modelo para las nuevas generaciones
Al concluir su discurso, León XIV presentó a Jérôme Lejeune como un ejemplo para científicos, médicos, investigadores y jóvenes católicos.
«Que inspire el valor de la verdad a los numerosos jóvenes y profesionales deseosos de coherencia», deseó el Papa.
El Pontífice pidió además que el testimonio del genetista francés ayude a unir «la razón y la fe, la palabra y los actos» y a rechazar toda forma de mentira sin dejar de respetar a las personas.
Finalmente, confió a los miembros de la fundación y a las personas con síndrome de Down a la protección de la Virgen María e impartió su bendición apostólica a todos los presentes.