El arzobispo de Milwaukee, Jeffrey Grob, ha pedido perdón públicamente por haber participado el 22 de octubre en el encuentro de doce obispos católicos con el presidente Donald Trump en la Casa Blanca, que terminó con una oración por el mandatario en el Despacho Oval. En una carta titulada «Una disculpa pública», difundida el domingo 25 de octubre en la web de la archidiócesis, Grob sostiene que la Administración dio publicidad al acto sin el consentimiento de los participantes, que se grabó un vídeo sin que los obispos lo supieran y que una oración dirigida a Dios fue manipulada. «Pido perdón por cualquier daño que hayan causado mis actos», escribe, en palabras traducidas por esta redacción.
El arzobispo, que firma la carta desde la República Dominicana, donde acompaña a un grupo de feligreses de la parroquia de La Sagrada Familia, explica que el encuentro fue el segundo de dos organizados por la Heritage Foundation, el centro de estudios conservador de Washington, y que la invitación hablaba de la aplicación de las leyes de inmigración, de los visados para religiosos y de la dignidad humana. Según su relato, los obispos conversaron durante unos noventa minutos con colaboradores y asesores de la Casa Blanca y después fueron conducidos al Despacho Oval, donde el presidente los saludó, recibieron obsequios conmemorativos, rezaron de pie detrás de él y se tomaron fotografías. Las imágenes y el vídeo se publicaron después en internet sin su permiso.
Grob intenta deshacer la lectura política del gesto. «La reunión no fue en modo alguno un respaldo al presidente, a sus políticas ni a su partido», afirma, y asegura que su intención nunca fue causar confusión, enfado o decepción entre los fieles que tiene encomendados. Reconoce, sin embargo, que dudó antes de ir: «No fui sin reservas», admite, y añade que ojalá les hubiera hecho caso. Cuenta que ha recibido mensajes de seria preocupación por haberse sumado a lo que pareció un acto político a menos de dos semanas de unas elecciones nacionales, y también de personas que se sienten heridas por las políticas del presidente. Dice sentir una profunda tristeza, no solo por el dolor causado, sino porque la oración se utilizó de ese modo. Cierra la carta recordando que los fieles son, como siempre, un pueblo peregrino, y que eso incluye a los obispos.
La disculpa contrasta con la defensa que hizo el arzobispo de Denver, James Golka, que dirigió la oración ante el escritorio presidencial. En declaraciones a Denver Catholic, la publicación de su archidiócesis, recogidas por EWTN News, Golka reconoció que sabía que algunos podían molestarse y que el acto podía usarse con fines políticos, pero sostuvo que rezar por las autoridades es lo que hacen los católicos. «Estaba siendo un sacerdote católico», respondió a los amigos que le criticaron, según la misma fuente. Golka negó también que el gesto supusiera un apoyo electoral y recordó que los obispos de Estados Unidos enseñan que la Iglesia no puede promover a ningún candidato ni partido.
Entre los asistentes al encuentro figuraban también, según EWTN News, el obispo de Dallas, Edward Burns; el de Gallup, James Wall; el de Des Moines, William Joensen; el de Oakland, Michael Barber; el arzobispo emérito de Kansas City en Kansas, Joseph Naumann, y el obispo maronita de Los Ángeles, Abdallah Elias Zaidan. La Conferencia Episcopal de Estados Unidos ha asegurado que no participó en la preparación del encuentro. Grob no nombra en su carta a ninguno de los demás obispos, y al cierre de esta información no constaba que otro de ellos se hubiera sumado a su disculpa.
Las elecciones legislativas de mitad de mandato se celebran el 3 de noviembre.
Tres días después de la oración en el Despacho Oval, uno de los doce obispos que la rezaron pide perdón por ella, y el que la dirigió sostiene que solo hizo de sacerdote.
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