El sábado 10 de octubre, a las seis menos dos minutos de la mañana, la radio de los obispos citó al Papa contra «la tentación de construir la identidad colectiva contra un enemigo» y, cuarenta segundos después, se buscó uno. Ocurrió en el editorial que COPE emite justo antes de La Mañana de fin de semana y que a las diez y veinte colgó en su web, en la sección «Línea editorial», con el título «Guerra de interpretaciones». Tras el repaso a León XIV, el texto llegaba adonde quería llegar: «Es fácil que en estas circunstancias los ciudadanos den la espalda a las formaciones clásicas y opten por formaciones radicales. En España se ha mantenido un bipartidismo imperfecto con formaciones que se mueven dentro del marco constitucional. Sería un desastre que la guerra de narrativas acabara provocando lo que ha pasado en Francia, en Italia y lo que está sucediendo en Alemania». Con cinco días de precampaña a cuestas y las generales fijadas para el 29 de noviembre, la emisora de la Conferencia Episcopal ya ha decidido qué país no quiere ser.
Lo que ha pasado en Italia tiene nombre y apellido. En septiembre de 2022, Fratelli d’Italia ganó las elecciones con en torno al 26 % de los votos, y desde el 22 de octubre de ese año gobierna Giorgia Meloni, la misma que en 2019 se plantó en la plaza de San Juan de Letrán con un «soy Giorgia, soy una mujer, soy una madre, soy italiana, soy cristiana». Su Gobierno sacó adelante en octubre de 2024 la ley que convierte la gestación subrogada en delito universal, perseguible aunque se cometa en el extranjero, y el 4 de septiembre superó los 1.412 días del segundo Gobierno de Berlusconi para convertirse en el más duradero de la historia de la República. En el país que hizo de la crisis de gobierno un género nacional, el desastre lleva casi cuatro años sin moverse del sitio.
El diagnóstico, por lo demás, no resiste el mapa. En Italia, el centro-derecha de toda la vida, la Forza Italia de Berlusconi, gobierna dentro de la coalición de Meloni, y su líder, Antonio Tajani, es vicepresidente del Gobierno y ministro de Exteriores. En Alemania, donde según COPE también se ha perdido la confianza en el centro, gobiernan juntos desde 2025 la CDU y el SPD, el centro-derecha y el centro-izquierda de manual, con un canciller democristiano. Lo que inquieta a la emisora no es que el centro desaparezca, sino quién manda en él (en Italia, una mujer que dice «soy cristiana» en los mítines, costumbre que, a juzgar por el editorial, en la calle Añastro se tiene por radicalismo).
Para llegar hasta ahí hacía falta el Papa, y al Papa hubo que arreglarlo un poco. Magnifica humanitas, la primera encíclica de León XIV, publicada el 25 de mayo, trata de la inteligencia artificial, y la frase del enemigo pertenece al capítulo sobre la cultura del poder, en un pasaje sobre las relaciones entre países. El original dice: «La simplificación en esquemas —»yo primero», «amigo-enemigo», «nosotros-ustedes»— facilita decisiones, a menudo irresponsables, que minan la confianza recíproca entre las naciones». En la versión de COPE, leída en antena y publicada entre comillas en su web, los tres esquemas desaparecen sin aviso y la frase termina en «la confianza recíproca». Las naciones se quedaron en Roma. Era la única forma de convertir una reflexión sobre la convivencia entre Estados en una consigna para las generales españolas, en un editorial que se abría reprochando, con el Papa, la costumbre de «construir narrativas sesgadas» «mezclando datos y opiniones».
Queda la otra mitad del razonamiento: el bipartidismo imperfecto que habría que proteger de los radicales, con sus formaciones «dentro del marco constitucional». La propia COPE se encargó de retratar esa misma mañana a una de ellas. A las ocho y seis, Fernando de Haro denunció que Pedro Sánchez «se ha lanzado a explotar un discurso populista que cuestiona los mecanismos de representación democrática»; a las diez y doce, Cristina López Schlichting lo situó «muy hacia las tablas de lo anticonstitucional»; a las diez y veinte, el periodista Antonio Jiménez le atribuyó en el mismo programa un comportamiento «antidemocrático y autocrático», «más propio» de «un dirigente bolivariano como Maduro» que «de un estado democrático europeo». A las seis menos dos, ese mismo partido era media muralla contra los radicales. Los editoriales de la casa, se ve, se escriben antes de que la casa se despierte.
Ningún obispo firma el editorial, y no hace falta: la cadena lo explica en el ideario que reproduce al pie de todas las páginas de su web, donde se lee que «el origen y la titularidad de la COPE marcan su identidad y sus propósitos». Sobre los propósitos de la Iglesia en política, el Concilio fue más escueto: la Iglesia, dice Gaudium et spes, «no se confunde en modo alguno con la comunidad política ni está ligada a sistema político alguno». Ni siquiera al bipartidismo imperfecto. El presidente de la Conferencia Episcopal, Luis Argüello, planteó en diciembre que la situación del Gobierno se resolviera con una cuestión de confianza, una moción de censura o «dar la palabra a los ciudadanos», y Sánchez le respondió que «el tiempo en el que los obispos interferían en la política ha acabado en este país». Se equivocaba a medias. Los obispos siguen interfiriendo, solo que su radio lo hace para pedir que se conserve el sistema del que Sánchez es la mitad, y para avisar a los católicos que piensen votar como votó Italia de que su voto sería un desastre.
Junto al editorial, entre los anuncios de la página, la web de COPE ofrecía la única Italia que la casa parece dispuesta a admitir sin riesgo de desastre: «Nuevo Fiat 500 Híbrido. Un icono italiano con tecnología híbrida para disfrutar la ciudad a tu manera». Pequeño, híbrido y sin sobresaltos. Como un bipartidismo imperfecto.
«COPE, la radio de los obispos» es una sección diaria de InfoVaticana. Escuchamos atentamente la radio de nuestros obispos y les contamos lo que encontramos: publicidad, invitados, lenguaje, lo que se dice y lo que se calla. COPE pertenece en un 75% a Ábside Media, la empresa que la Conferencia Episcopal creó en 2020 con sus acciones y las de la mayoría de las diócesis. Además los jesuitas y agustinos forman parte del accionariado.
De lo que suena en ella responden, cada uno a título personal, todos los obispos españoles.