Tras la entrevista de Alberto Núñez Feijóo en El Hormiguero —en la que el líder del PP volvió a mostrarse partidario de la actual legislación del aborto—, monseñor José Ignacio Munilla ha considerado oportuno cargar, una vez más, contra VOX. Lo ha hecho, además, difundiendo un vídeo de un diputado de esa formación cuyas declaraciones fueron matizadas y desautorizadas casi de inmediato por la propia dirección del partido. Porque, al parecer, resulta más sencillo construir una crítica sobre una intervención individual corregida públicamente que sobre la posición oficial de una formación política. El objetivo vuelve a ser poner a Feijóo, un dirigente abortista que desprecia la vida del no nacido en horario de máxima audiencia, a la misma altura que el único partido que, con mayor o menor acierto, ha intentado traducir en medidas concretas la defensa de la vida.
A monseñor Munilla pueden disgustarle profundamente los dirigentes de VOX, sus formas o determinadas posiciones políticas, pero la honestidad intelectual exige analizar a cada uno por lo que realmente sostiene. Y la realidad es que VOX sigue siendo la única formación política española que mantiene una posición inequívocamente provida y que defiende como horizonte político una reducción progresiva del aborto con el objetivo declarado de alcanzar una situación de aborto cero. Podrá discutirse la estrategia, considerarse insuficiente o demasiado gradual, pero equiparar esa posición con la de quienes defienden o mantienen la legislación abortista vigente simplemente no responde a los hechos.
En enero de 2023, la Junta de Castilla y León aprobó, por iniciativa de Vox, una batería de medidas provida: refuerzo de la atención psicológica a las embarazadas, un protocolo para que los padres pudieran escuchar el latido fetal, la oferta de una ecografía 4D y la protección de la objeción de conciencia de los sanitarios. Medidas que cualquier católico debería aplaudir. ¿Y dónde recibieron una de sus andanadas más sonoras? En la COPE, la radio de la Conferencia Episcopal.
En Herrera en COPE, el programa estrella de la emisora de los obispos (de Munilla también), su tótem Carlos Herrera despachó la polémica en su monólogo de las ocho como «injustificada» y le concedió que «le viene al gobierno como anillo al dedo para escurrir su responsabilidad por el desastre de la aplicación de la ley solo sí es sí». Ignacio Camacho calificó la iniciativa de «sobreactuación de VOX» y de «marketing político, un cebo ideológico para obtener protagonismo». Otros contertulios remataron la faena: «un caramelito», dijeron, pensado «más que para su electorado, para el PSOE». La conclusión que se destiló desde la radio de los obispos fue, en suma, que proponer y aprobar medidas provida era poco menos que una provocación que daba alas a la izquierda.
En teoría, el propio ideario de la COPE proclama que la cadena «no será neutral, sino comprometida, en todo lo que atañe a la protección, desarrollo integral y defensa de la vida humana, desde el seno materno hasta el último latido». Desde el seno materno hasta el último latido. Y cuando por fin alguien puso sobre la mesa un protocolo para que una madre pueda escuchar, precisamente, ese latido, el programa de mayor audiencia de la casa lo despachó agresivamente.
Tampoco es un caso aislado. En TRECE, la televisión de los obispos, el filósofo Quintana Paz, que colaboraba como tertuliano, fue confrontado y finalmente apartado por exponer las incongruencias en la defensa de la vida. Es decir: el medio episcopal no aparta a quien transige con el aborto, sino a quien tiene la osadía de denunciar la tibieza con que se defiende a los no nacidos.
Los obispos, ahora tan exquisitos y equidistantes, poseen la principal radio del país y un canal de televisión, con un alcance social difícilmente igualable. Un instrumento colosal para sembrar esa cultura de la vida que tanto se invoca: para que llegue a la gente, crezca, se explique y se distribuya, que es el único camino serio —el camino polaco de concienciación— para revertir de verdad la mentalidad abortista. ¿Y qué se hace con ese altavoz? Ridiculizar el latido fetal y apartar a quien reclama coherencia provida. Mientras tanto, se ha normalizado y se defendiende la legislación abortista. Una estructura mediática donde, además, no falta nepotisno y conexiones familiares entre los empleados con los miembros de la jerarquía eclesiástica que luego da lecciones de pureza provida.
El Evangelio es duro con quien señala la paja en el ojo ajeno sin reparar en la viga del propio: «¿Por qué miras la mota en el ojo de tu hermano y no reparas en la viga que está en el tuyo?» (Mt 7, 3). Y la viga, en este caso, está en casa: en una radio y en una televisión que la propia Iglesia posee, dirige y financia, y desde las que se podría hacer un bien inmenso a los no nacidos. Quien dispone de semejantes medios y los emplea para ridiculizar el latido de un niño o para apartar a quien denuncia la tibieza provida no está en condiciones de dar lecciones de pureza a nadie, y menos a muchos de los que llevan toda una vida defendiendo la vida desde la concepción.
Que monseñor Munilla modere, por tanto, sus reprimendas desde el púlpito digital. No porque la verdad sobre la vida admita medias tintas —que no las admite—, sino porque la autoridad moral no se ejerce apuntando siempre hacia fuera, hacia el único partido que ha intentado impulsar medidas provida efectivas y que mantiene como horizonte declarado la reducción progresiva del aborto hasta su desaparición. Se ejerce, antes que nada, ordenando el propio testimonio. Y mientras la principal radio y la principal televisión de la Iglesia en España no den un testimonio provida claro —y mientras confronten y aparten a quien lo reclama—, los sermones contra VOX seguirán sonando a viga en el ojo propio.