Los obispos de la acogida tienen una radio, y desde hoy la escuchamos por ustedes

COPE, la radio de los obispos

Los obispos de la acogida tienen una radio, y desde hoy la escuchamos por ustedes

Los obispos españoles nos aleccionan. Es su oficio y no se les reprocha: este domingo, Jornada Mundial del Migrante y del Refugiado, la Subcomisión Episcopal para las Migraciones nos recuerda que «una sola vida tiene un valor infinito», que hay que «superar prejuicios» y «una visión de las migraciones que se analiza con frecuencia en cifras, porcentajes o discursos políticos», y que el niño migrante «deja de ser un problema que gestionar para convertirse en una persona que acoger». El lema es «Incluso uno solo de estos pequeños», Mateo 18,5, y los materiales llevan en portada al Papa en Canarias. Cada verano un comunicado contra los prejuicios, cada otoño una jornada, cada homilía un recordatorio de que el otro es Cristo. Bien. Resulta que, además, tienen una radio. Oh, vaya.

Se llama COPE, factura como Radio Popular S.A., y es de ellos en el sentido más notarial de la palabra: el 75% pertenece a Ábside Media, «la plataforma de comunicación de la Iglesia», que la Asamblea Plenaria (o sea, todos los obispos, a mano alzada) acordó crear en marzo de 2020 aportando las acciones de la Conferencia Episcopal y, detrás, las de la mayoría de las diócesis y organismos eclesiásticos que las tenían desde los tiempos en que el reparto era la Conferencia al cincuenta, las diócesis al veinte y jesuitas y dominicos entre el resto. La Conferencia designa a quienes la administran y mantiene una comisión de seguimiento de la empresa presidida por su vicesecretario para asuntos económicos, Fernando Giménez Barriocanal, que además presidió la casa doce años. No es una radio católica en el sentido en que lo es una emisora que reza mucho. Es una radio de los obispos en el sentido en que un piso es de quien tiene la escritura.

Por eso abrimos hoy esta sección, que se llamará como se llama la cosa: COPE, la radio de los obispos. A partir de esta mañana, y cada mañana, escucharemos esa radio y les contaremos a ustedes lo que encontremos de interés: qué se anuncia a la una de la madrugada y qué se calla a las once de la mañana, qué invitado dice qué cosa y quién le contesta, cuántas veces suena el Papa y cuántas la cuña que pide que incluyan a la diócesis en el testamento (once, el miércoles), qué vocabulario se gasta el vestuario deportivo que factura a nombre del episcopado y cobra, en fin, del cepillo. El primer día ha dado para una casa de apuestas patrocinando una sección a la una y siete, para un youtuber explicando a las once y veinte que los misioneros son «lavaderos de cabeza» sin que nadie le llevara la contraria, para una campaña del Estado que le dice a una chica de dieciséis años que abortar «está bien» y veinticuatro horas de antena episcopal sin un solo obispo que contestara, y para un «puta hostia» a la una y tres. Lo demás irá saliendo. Da para mucho.

Cuando una radio deja pasar que los misioneros lavan cerebros, el responsable no es un director comercial ni un locutor de madrugada. El responsable es el dueño, y el dueño son ellos: todos los obispos españoles, cada uno a título personal, como miembro de la Asamblea que aprobó la empresa, como administrador de la diócesis que aportó sus acciones y como parte de la Conferencia que elige a quien fija la línea. Un obispo responde de lo que se predica en su catedral aunque no suba él al púlpito. De lo que se emite en su radio, igual. Nadie podrá decir que no lo sabía: lo leerán puntualmente cada mañana en esta sección.

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