El Papa reivindica la defensa de la vida frente a la eutanasia y la cultura del descarte: «No estamos haciendo política, estamos aplicando el Evangelio»

El Papa reivindica la defensa de la vida frente a la eutanasia y la cultura del descarte: «No estamos haciendo política, estamos aplicando el Evangelio»

El Papa León XIV ha reivindicado el derecho y el deber de la Iglesia de intervenir públicamente en defensa de la vida humana frente a la eutanasia y ha rechazado que hacerlo constituya una intromisión en la política. «Cuando la Iglesia habla de la defensa de la vida o de cuestiones de doctrina social, no está haciendo política, sino aplicando el Evangelio a la vida de las personas», afirmó durante la rueda de prensa ofrecida este lunes 28 de septiembre en el vuelo de regreso de Francia.

La cuestión fue planteada por Xavier Le Normand, de Le Pèlerin, quien recordó que el final de la vida había aparecido repetidamente en los discursos pronunciados por el Pontífice durante sus cuatro días en Francia. El periodista mencionó expresamente las palabras pronunciadas en Lourdes —«lo que es legal no es necesariamente moral»— en el contexto de la reciente legalización de la eutanasia en Francia y preguntó al Papa si, ante cuestiones de especial gravedad, debía traspasarse la frontera impuesta por la laicidad entre religión y política.

«Yo no he traspasado ese límite»

León XIV rechazó la premisa de que sus intervenciones hubieran supuesto entrar en el terreno de la política partidista.

«Según la concepción que tiene la Iglesia de la separación entre Iglesia y política —o entre Iglesia y Estado—, yo no he traspasado ese límite», respondió.

El Papa remitió a Magnifica humanitas y explicó que la doctrina social de la Iglesia no puede quedar confinada a la esfera privada por el hecho de que sus principios tengan consecuencias sobre cuestiones debatidas políticamente.

León XIV se refirió a quienes, «de izquierdas o de derechas», sostienen que «la religión debe permanecer exclusivamente en la esfera privada» y que cada persona puede creer lo que quiera mientras el Estado permanezca al margen.

Frente a esa concepción, recordó el propósito fundamental de su viaje: «Cuando viajé a Francia, lo hice principalmente para predicar el Evangelio, para anunciar la Buena Nueva, para reafirmar lo que el propio Jesucristo dice: “Yo soy el camino, la verdad y la vida”».

«La defensa de la vida» forma parte de lo que enseña la Iglesia

El Pontífice fue explícito al situar la defensa de la vida dentro de la doctrina que la Iglesia está llamada a proclamar públicamente.

«La defensa de la vida es un principio que, como todos sabéis, la Iglesia enseña y en el que cree profundamente», afirmó.

León XIV reconoció que era plenamente consciente del contexto político y legislativo en el que había pronunciado sus discursos. Francia ha aprobado recientemente una legislación sobre el final de la vida y la cuestión continúa siendo objeto de debate en otros países europeos.

Precisamente durante su estancia en el país, el Papa convirtió la defensa de la vida en uno de los ejes de sus intervenciones. Ante Emmanuel Macron, denunció la «muerte programada», además del aborto, la gestación subrogada y determinadas manipulaciones genéticas. La cuestión reapareció después con especial claridad durante su jornada en Lourdes.

De la eutanasia al enfermo concreto

La respuesta del Papa en el avión remitió directamente a lo vivido un día antes en el santuario mariano. León XIV explicó que Lourdes permite contemplar la cuestión del final de la vida desde la realidad concreta de quienes padecen una enfermedad, una discapacidad o graves sufrimientos.

Son personas, señaló, que descubren que «su vida, incluso en medio de la enfermedad, la discapacidad o sufrimientos de diversa índole, tiene sentido».

«La Iglesia, en nombre de Jesús, quiere estar cerca de estas personas y reafirmar los valores que, en mi opinión, la vida misma encierra para todos nosotros», añadió.

El domingo, durante su encuentro con enfermos y acompañantes del Accueil Notre-Dame, León XIV formuló con todavía mayor claridad la posición de la Iglesia. «La persona humana es “digna” por el mero hecho de existir y de tener como fin la eternidad. Su dignidad no se mide ni se discute», afirmó.

El Papa pidió entonces rechazar «firmemente la tentación de quitar la vida con el pretexto de una falsa compasión» y añadió: «Es imposible considerar normal el hecho de poner fin a la vida. Lo que es legal no es necesariamente moral».

La defensa de la vida marcó buena parte de la jornada de León XIV en Lourdes, donde el Pontífice reclamó además a los profesionales sanitarios que recuerden que su vocación consiste en «hacerse cargo de una persona que sufre, y no eliminarla».

«La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada»

En Lourdes, León XIV pidió a médicos y demás profesionales sanitarios que fueran «servidores apasionados de la vida» y reclamó el desarrollo de estructuras de cuidados paliativos, investigación y acompañamiento de los enfermos.

«Ninguno tiene el derecho, nunca, basándose en algoritmos de laboratorio, de decidir sobre la vida de un embrión determinado o de una persona de la tercera edad determinada», recordó el Papa, citando su discurso del pasado junio ante la Fundación Jérôme Lejeune. «La medicina nunca podrá convertirse en sierva de la muerte programada».

El mensaje tuvo continuidad el lunes en Metz, donde León XIV reivindicó ante representantes de distintas religiones el valor sagrado de la vida «hasta el final». «Las religiones son guardianas de la vida», afirmó entonces, reclamando cuidados, presencia y ternura para las personas más vulnerables.

«Si esto es hacer política, lo he hecho»

En el avión de regreso, el Papa terminó respondiendo directamente a la cuestión sobre su oposición a la eutanasia como una intervención política.

«Si esto es hacer política, lo he hecho; pero desde luego no era mi intención entrometerme en la política francesa», afirmó.

Y resumió el sentido de sus intervenciones durante el viaje: «Simplemente quería enseñar aquello en lo que la Iglesia cree realmente».

El caso de Maricarmen: una anciana con discapacidad ante la pérdida de su vivienda

Íñigo Domínguez, de El País, preguntó a León XIV por Maricarmen, una mujer de 87 años y con discapacidad amenazada con perder la vivienda en la que residía en Madrid tras una fuerte subida del alquiler.

El periodista presentó el caso en relación con la «cultura del descarte» denunciada por el Papa y con la marginación de ancianos y personas con discapacidad cuando dejan de ser considerados productivos.

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León XIV aclaró que no conocía personalmente las circunstancias del caso, pero se preguntó cómo una sociedad puede permitir que se produzca una situación semejante. «¿Cómo es posible que un caso así suceda? ¿Cuál es el problema en el sistema que permite un caso de una anciana, además con discapacidad o con alguna dificultad, ser echada, por decir, de su casa?», planteó.

Para el Pontífice, la respuesta no corresponde únicamente a una institución. Señaló que «los vecinos, la comunidad, la parroquia, la diócesis o el Estado» deberían intervenir ante situaciones de esta naturaleza y buscar soluciones que impidan abandonar a una persona vulnerable.

Del «descarte» a la justicia

León XIV vinculó expresamente el problema con dos cuestiones que atraviesan la doctrina social de la Iglesia: el rechazo de la cultura del descarte y la exigencia de justicia.

«La Iglesia habla mucho del descarte y habla también de justicia», afirmó. La Iglesia, añadió, busca «despertar en todos la capacidad de responder con un sentido más de ser humano, de ser de verdad sensible al dolor, al sufrimiento de los demás».

El Papa reconoció, sin embargo, que la crisis de la vivienda supera la capacidad de respuesta asistencial de las comunidades eclesiales. «El problema de la casa que existe en muchos países hoy es un problema que solo una parroquia, solo una diócesis o la Iglesia misma no podrá solucionar», explicó.

Por ello, reclamó también la intervención de los poderes públicos: «Tenemos que quizás exigir también a los líderes políticos, a las autoridades, buscar solución a eso».
León XIV advirtió de que el problema está creciendo y pidió no limitarse a intervenir cuando una familia o una persona ya se encuentra ante una emergencia. «Tenemos que ver en realidad cuál es la causa sistémica de este problema y cómo ayudar», concluyó.

La respuesta sobre Maricarmen prolongó desde el terreno social una cuestión que ocupó buena parte del viaje a Francia: la dignidad del enfermo, del anciano y de la persona con discapacidad no depende de su productividad, de su autonomía ni de las dificultades que implique su cuidado.

Frente a la eutanasia, el Papa reclamó proteger su vida; frente a la exclusión y el desamparo, pidió que comunidad, Iglesia y autoridades respondan para que esa vida pueda ser vivida dignamente.

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