El nuncio apostólico en Alemania, Mons. Hubertus van Megen, ha cuestionado la idea de que las reformas estructurales o una mayor adaptación de la Iglesia a la sociedad puedan detener la secularización, y ha advertido sobre algunos de los planteamientos que han marcado el Camino Sinodal alemán. En una extensa entrevista concedida a Katholisch.de, el representante de León XIV aborda también el futuro de la Conferencia Sinodal, la insistencia del proceso alemán en la cuestión del «poder» y las crecientes dificultades para encontrar candidatos al episcopado.
Van Megen, que lleva poco más de tres meses en Alemania después de casi 16 años de servicio diplomático en África, observa paralelismos entre la situación actual de la Iglesia alemana y el proceso de secularización vivido décadas atrás en su Holanda natal. Su diagnóstico atraviesa toda la entrevista: los problemas de la Iglesia no se resolverán simplemente modificando sus estructuras para aproximarlas a las expectativas de la sociedad.
«Adaptarse a la sociedad no salvará a la Iglesia»
El nuncio reconoce que el catolicismo alemán atraviesa una profunda transformación. Cita entre las causas de la disminución del número de fieles el escándalo de los abusos sexuales y la caída de la natalidad, pero añade un elemento todavía más básico: una parte creciente de la sociedad ha dejado de interesarse por lo que anuncia la Iglesia.
«No debemos hacernos la ilusión de que, si la Iglesia se adapta suficientemente a la sociedad, se salvará. Eso no ocurrirá», afirma.
Para Van Megen, el punto de partida sigue siendo otro: «La Iglesia tiene un mensaje, el mensaje de Jesucristo. Pero la sociedad —tenemos que ser sinceros— apenas tiene ya interés en ese mensaje».
El arzobispo considera que Alemania está experimentando, con cierto retraso, procesos semejantes a los vividos anteriormente por la Iglesia neerlandesa. «El proceso de secularización sigue avanzando», constata.
El Camino Sinodal visto desde fuera de Alemania
A partir de este diagnóstico, Van Megen aborda el proceso de reformas impulsado durante los últimos años por la Conferencia Episcopal Alemana y el Comité Central de los Católicos Alemanes (ZdK).
El nuncio comienza reconociendo un aspecto positivo: las propuestas alemanas han sido sometidas a Roma en lugar de aplicarse unilateralmente.
«En principio, es bueno que la Iglesia en Alemania haya presentado siempre a Roma sus deseos de reforma. Eso demuestra que la Iglesia de este país no quiere actuar por su cuenta. Es consciente de que forma parte de la Iglesia universal», afirma.
Pero inmediatamente relata la reacción que encontró en África cuando se conoció que sería trasladado a Berlín.
«Cuando en África se supo que iba a Alemania, hubo muchas reacciones de sacerdotes, pero también de laicos. Decían, más o menos: “Oh, usted se va a Alemania. ¡Tenga cuidado! Quieren una Iglesia que no puede existir”».
Van Megen no presenta esa reacción simplemente como una anécdota. «Esta tensión en torno al Camino Sinodal atraviesa toda la Iglesia universal», añade.
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«Los alemanes quieren a menudo demasiado y demasiado rápido»
La experiencia africana reaparece cuando el nuncio analiza las prioridades del proceso alemán. Van Megen recuerda las grandes diferencias existentes entre las Iglesias locales y advierte contra la tentación de convertir las preocupaciones alemanas en problemas universales.
«Los problemas que tenemos aquí en Alemania, por ejemplo, no existen en absoluto en muchos países de África. Allí tienen problemas completamente distintos», explica.
Su conclusión es directa: «Los alemanes, según mi impresión, quieren a menudo demasiado y demasiado rápido».
Van Megen plantea entonces una pregunta que considera anterior a la discusión sobre cada reforma concreta: qué se pretende conseguir reformando la Iglesia.
«¿Desde qué motivación se quiere reformar la Iglesia? ¿Se piensa: si hacemos esta o aquella reforma, salvaremos a la Iglesia? Como ya he dicho, consideraría eso una ilusión».
La afirmación conecta directamente con su diagnóstico inicial: la secularización no desaparecerá porque la Iglesia adapte sus estructuras o enseñanzas a las expectativas predominantes en la sociedad.
«Poder, poder, poder»: la crítica del nuncio al lenguaje sinodal
Preguntado por algunas de las reivindicaciones del Camino Sinodal, entre ellas el tratamiento del poder y la cuestión de la mujer, Van Megen no responde enumerando qué reformas considera admisibles. En cambio, cuestiona el lenguaje utilizado para formular el debate.
«Permítame hacerle una pregunta. Usted habla del “ejercicio del poder”. Como extranjero y como alguien cuya lengua materna no es el alemán: ¿por qué se dice “poder” y no “autoridad” o “servicio”?».
Para el nuncio, el concepto utilizado por el Camino Sinodal introduce ya una determinada manera de comprender las relaciones dentro de la Iglesia.
«Para mí, poder tiene algo negativo, algo opresivo. También lo veo en muchos documentos del Camino Sinodal: poder, poder, poder. La pregunta siempre es: ¿quién tiene el poder? Me parece que esta palabra es casi peligrosa».
La cuestión del poder ha ocupado un lugar central en el proceso alemán, que ha planteado durante los últimos años reformas sobre el ejercicio de la autoridad episcopal, la participación de los laicos y la creación de estructuras permanentes de decisión compartida.
Roma todavía estudia la Conferencia Sinodal
Van Megen aporta además información sobre uno de los principales asuntos pendientes entre Roma y la Iglesia alemana: los estatutos de la futura Conferencia Sinodal, concebida para dar continuidad institucional al Camino Sinodal.
Los estatutos fueron remitidos a la Santa Sede para obtener la recognitio necesaria, pero todavía no han sido aprobados. La demora obligó a aplazar la primera reunión del nuevo organismo, que estaba prevista inicialmente para los días 6 y 7 de noviembre en Stuttgart.
«Por lo que sé, los estatutos están siendo estudiados actualmente en varios dicasterios», explica el nuncio.
Van Megen espera viajar a Roma a finales de octubre. Uno de los principales objetivos del viaje será precisamente conocer de primera mano cómo está siendo recibida la propuesta alemana.
«Espero poder viajar a Roma a finales de octubre. Una razón central es escuchar un poco y percibir dónde estamos en esta discusión y cómo ve la Curia el asunto».
Preguntado directamente sobre si espera que Roma apruebe finalmente los estatutos, evita anticipar una respuesta.
«Roma no es Berlín; algunas cosas simplemente tardan un poco más en el Vaticano. Alemania, al fin y al cabo, no es el único país del que tiene que ocuparse la Curia».
Y añade un elemento fundamental: «Depende también en gran medida de cómo vea el Papa esta cuestión. Precisamente por eso quiero viajar a Roma lo antes posible, para entenderlo mejor».
El nuncio confirma además que Mons. Heiner Wilmer, actual presidente de la Conferencia Episcopal Alemana, mantiene contactos constantes con Roma sobre el asunto.
Su recomendación, por ahora, es sencilla: «Si me pregunta hoy, respecto a los estatutos diría: esperemos tranquilamente».
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De 30 candidatos en África a diez en Alemania
La entrevista permite conocer también cómo afronta Van Megen otra de las principales responsabilidades de un nuncio apostólico: la búsqueda de candidatos para las diócesis vacantes.
El contraste con África vuelve a ser significativo.
«En África, en diócesis vacantes, a veces tenía fácilmente 30 candidatos adecuados para un puesto de obispo. Si aquí en Alemania tengo diez, ya son muchos».
Y esos diez tampoco significan necesariamente diez candidatos viables: «De esos diez quizá cinco queden descartados directamente porque, después de todo, no son adecuados».
Van Megen señala como una de las causas la disminución del número de sacerdotes. Añade que algunos candidatos pueden rechazar el episcopado ante la responsabilidad y la presión asociadas al cargo.
«Puede ocurrir que un candidato al que se pregunta si quiere ser obispo diga: “Es demasiada responsabilidad, demasiada presión. Prefiero seguir siendo párroco”. Eso ocurre».
El nuncio defiende la confidencialidad de los nombramientos
Van Megen responde también a las críticas sobre el carácter secreto y jerárquico del procedimiento para seleccionar obispos.
Explica que la confidencialidad protege información sensible sobre los posibles candidatos.
«Una de las razones del secreto es seguramente que, a lo largo del procedimiento, se conoce información sensible sobre los candidatos que no se quiere que llegue al público. También se trata de proteger la privacidad de los candidatos».
Pero recuerda que la investigación previa incluye consultas a numerosas personas que han conocido al sacerdote.
«Se acude, por ejemplo, a un profesor con el que estuvo en la universidad, a un maestro que tuvo en la escuela, o se pregunta a miembros de las parroquias en las que trabajó. Se habla, por tanto, con muchas personas que tuvieron contacto directo con el candidato».
De ahí extrae una conclusión llamativa: «En ese sentido, el procedimiento es bastante democrático».
«Un obispo no puede ser un hombre gris»
Las respuestas de Van Megen permiten además conocer qué cualidades considera prioritarias en los futuros obispos alemanes.
Su primer criterio no es la capacidad administrativa ni la gestión económica.
«Según mi convicción, debe tener ante todo carisma. Debe saber cómo inspirar a la gente. Eso es importante».
El nuncio considera asimismo imprescindible que los candidatos sean capaces de mirar más allá de las fronteras alemanas y comprendan la universalidad de la Iglesia.
«No deberíamos hacer obispo a alguien que está sentado con anteojeras y no sabe lo que ocurre fuera de los límites de su propia diócesis. Somos una Iglesia universal».
Por eso, añade, «un obispo en Alemania también debe comprender qué significa ser Iglesia en África, Iberoamérica o Asia».
Tampoco concede una importancia decisiva a que el candidato sea un gran gestor. Para esas tareas, señala, existen numerosos especialistas capaces de administrar mejor las cuestiones económicas.
Su prioridad es otra: «Lo repito: para mí, lo más importante en un obispo es el carisma. Un obispo no puede ser un hombre gris».
Una Iglesia alemana sometida a una fuerte presión
Van Megen reconoce, no obstante, que el episcopado alemán está sometido a una presión considerable. Compara las expectativas depositadas sobre los obispos con las que soportan los políticos.
«De los políticos, como de los obispos, se espera que lo sepan todo, que puedan hacerlo todo, que sean perfectos y que sepan hablar bien».
El nuncio comprende por ello que algunos prelados puedan terminar reconociendo que ya no pueden continuar, especialmente cuando llegan a edades avanzadas.
Respecto a la posibilidad de fusionar diócesis ante la disminución de fieles, sacerdotes y recursos económicos, evita todavía pronunciarse. Reconoce que la unión de diócesis es posible y que existen precedentes en otros países, pero considera que lleva demasiado poco tiempo en Alemania para valorar casos concretos.
Las declaraciones dibujan así las prioridades con las que el nuevo representante pontificio comienza su misión: una Iglesia alemana inmersa en una fuerte secularización, una Conferencia Sinodal cuyo futuro sigue dependiendo de Roma y una búsqueda de nuevos obispos en la que Van Megen pretende privilegiar candidatos capaces de inspirar, mirar más allá de las fronteras nacionales y entender que la Iglesia alemana forma parte de una realidad universal.