El obispo de Mondoñedo-Ferrol y presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones y la Movilidad Humana de la Conferencia Episcopal Española (CEE), Fernando García Cadiñanos, ha asegurado que «los migrantes no son una amenaza» al abordar la situación de Ceuta un mes después de la invasión del pasado 30 de julio. El prelado sostiene que la acogida debe conjugarse con el derecho de los Estados a «gestionar sus fronteras y controlar los flujos para una real integración».
En una entrevista concedida a Vida Nueva, García Cadiñanos defiende la respuesta de la Iglesia ante lo ocurrido y reconoce también la situación que atraviesan los habitantes de la ciudad autónoma, cuya sociedad describe como «muy tensionada». Frente a la contraposición entre las necesidades de los ceutíes y las de los inmigrantes, afirma que «se ha planteado el debate así: o estás con los migrantes, o estás con los ceutíes, y no es cierto».
«Los migrantes no son una amenaza»
Preguntado expresamente sobre si los inmigrantes representan una amenaza para España, García Cadiñanos lo descarta y señala como ejemplo aquellos lugares del país donde «la integración es un hecho» y los inmigrantes colaboran en el «desarrollo económico, social, humano y religioso» de las comunidades.
El responsable de Migraciones de la CEE considera, sin embargo, que durante la invasión de Ceuta quienes atravesaron la frontera fueron instrumentalizados. «Los migrantes han sido utilizados y siguen siendo utilizados por oscuros intereses. Esto es muy triste y lamentable», afirma.
También recuerda a quienes perdieron la vida intentando llegar a territorio español. «No seremos auténticamente humanos si no nos duelen y consideramos como hermanos nuestros a ese número indeterminado de personas que han muerto en el paso de la frontera, siguiendo cantos de sirena que alguien ha lanzado y que es el último responsable de sus muertes».
García Cadiñanos considera que alrededor de la inmigración se fomenta una «guerra entre pobres» que termina desviando la atención de lo que denomina «las auténticas causas del problema».
El derecho de los Estados a controlar sus fronteras
El obispo reconoce que el derecho a emigrar no excluye la potestad de los Estados para controlar sus fronteras. Al explicar la posición de la Iglesia, enumera tres principios que considera necesarios para abordar el fenómeno migratorio: «el derecho a no migrar, el derecho a migrar y el derecho de los Estados a gestionar sus fronteras y controlar los flujos para una real integración».
«Se conjugan así el bien particular y el bien común», señala García Cadiñanos, para quien la inmigración es una realidad compleja que requiere la intervención de distintos actores y no puede abordarse desde una única perspectiva.
El prelado reclama asimismo «vías legales y seguras para facilitar las migraciones» e introduce en este punto una crítica al «sistema económico capitalista», al que atribuye la generación de «exclusión y fractura social».
Los ceutíes y el debate sobre el orden de la caridad
García Cadiñanos dedica también parte de sus declaraciones a la población de Ceuta. Aunque presenta a la ciudad como una sociedad «integrada e integradora», reconoce que tras la invasión se encuentra «muy tensionada» y pide que sus habitantes no tengan que afrontar solos una situación que los supera.
«Hay que ayudarla para que no se sientan solos y crean que es un problema que tienen que resolver aisladamente», afirma. El obispo pide además «desechar toda violencia y toda hostilidad» y buscar vías de «diálogo y legalidad», con la intervención del Estado y de la comunidad internacional.
Sus palabras se producen pocos días después de que el sacerdote Jesús Francisco Molina, vicario parroquial del Santuario de Santa María de África de Ceuta, planteara la cuestión desde el orden de la caridad ante la insuficiencia de los recursos disponibles en la ciudad.
Molina recordó entonces que la Iglesia ya atendía a personas necesitadas antes de la invasión y sostuvo que la llegada de miles de inmigrantes no podía implicar desatender a quienes ya dependían de esa asistencia. «Es la caridad la que exige esa jerarquía. Uno atiende antes a su prójimo, que es el próximo, el que tiene al lado, el ceutí, antes que al que no lo es», afirmó.
García Cadiñanos no alude a Molina ni responde directamente a sus declaraciones. Sí rechaza plantear la atención a los inmigrantes y la defensa de los ceutíes como alternativas enfrentadas: «La reivindicación de sus derechos fundamentales no puede ser alternativa a la fraternidad».
«Se ha planteado el debate así: o estás con los migrantes, o estás con los ceutíes, y no es cierto. Entre todos hemos de salir de este dilema que puede ocasionar muchas consecuencias negativas», añade.
También el vicario de Ceuta, Francisco Fernández Alcedo, se refirió esta semana a la tensión que atraviesa la ciudad y pidió evitar que la situación derive en enfrentamientos entre las distintas comunidades religiosas. «La Iglesia es garante de esa convivencia y es garante de que esto no vaya a extrapolarse a otro enfrentamiento», afirmó.
La respuesta de la Iglesia tras la invasión
Al hacer balance de la actuación eclesial durante el último mes, García Cadiñanos asegura que las parroquias y Cáritas han permanecido cerca tanto de los habitantes de Ceuta como de los inmigrantes, «acompañando, ayudando, orando, dando esperanza y horizonte».
Según explica, los centros de acogida de la Iglesia están «desbordados» y se ha realizado una campaña de recogida de donativos para hacer frente a las necesidades surgidas tras la entrada masiva desde Marruecos.
Para el presidente de la Subcomisión Episcopal para las Migraciones, la respuesta de la Iglesia pasa por «estar cerca de las víctimas, repudiar toda violencia, defender la dignidad de toda persona» y aplicar los principios de la doctrina social ante una situación que, reconoce, «tiene muchas aristas» y supera «lo puramente humanitario».