La ignorancia culpable

Por Pedro Abelló Ignorancia
|

La ignorancia es muchas veces imputable al ignorante. Hay dos tipos de ignorancia: la excusable, que se debe a la falta de medios y oportunidades para solventarla, y la no excusable, que se deriva de la simple desidia, pereza y falta de interés por conocer, teniendo los medios y oportunidades para hacerlo.

Esta última es una ignorancia culpable, porque la ignorancia impide al hombre llevar a cabo el comportamiento que mejor conviene a sí mismo y a la colectividad, y con ello deja de hacer el bien que podría hacer si su ignorancia no existiese; por el contrario, las decisiones y acciones basadas en la ignorancia suelen comportar males personales y sociales. Esa ignorancia es culpable e inexcusable, y algún día el ignorante culpable deberá rendir cuentas de su ignorancia, si no ante un tribunal mundano, sí ante uno divino.

Nos enfrentamos a un momento histórico crítico, cuyas consecuencias pueden ser devastadoras en muchos sentidos, y para abordar debidamente tal momento es necesaria claridad de ideas, conocimiento, criterio; en definitiva, lo más contrario a la ignorancia en la que, por lo general, estamos sumidos. La organización política, económica y social de nuestro tiempo no sólo favorece la ignorancia, sino que la necesita para perpetuarse. La sociedad es cloroformizada por todos los medios imaginables. Los medios de comunicación, con esa tele-basura programada para vaciar las mentes de todo contenido crítico y de todo criterio; la pasión desmedida y desordenada por los eventos deportivos; la ingeniería social que configura nuestras mentes mediante un auténtico “formateado” y las rellena de los contenidos que se ajustan a los modelos a los que debemos someternos; el “tsunami” que soportamos diariamente de contenidos publicitarios que excitan nuestro ser más primario; nuestra sumisión al dictamen de la moda en todos los terrenos; las nuevas esclavitudes de la juventud: el ‘smartphone’, el “chateo”, los video-juegos, el alcohol, la droga; la desaparición de las Humanidades en los planes educativos; el desprecio y la manipulación de la Historia… ¿Para qué seguir?

Sólo mediante un esfuerzo individual, a veces trágico y siempre difícil, es posible liberarse de esa anestesia. Pero la dificultad no excusa la obligación que todo hombre tiene de ser libre, aunque la libertad sea trágica. La libertad es, casi siempre, defender un criterio propio contra el que se nos impone; situarnos fuera, al margen, de la corriente general, y eso no sólo es incómodo, sino muchas veces peligroso. Sin embargo, todo eso sigue sin ser excusa para mantenerse cómodamente en la ignorancia. Quien tiene los medios y la oportunidad para conocer, no tiene derecho a dejar de hacerlo.

Hoy la gente se llena la boca con la palabra “libertad”; exige libertad con razón o sin ella, y tengo la impresión de que no sabe lo que pide, o tal vez lo sabe muy bien, pero eso no es la libertad. Imagina que la libertad es la posibilidad de hacer lo que uno quiera, sin restricciones de ningún tipo, y efectivamente, eso es lo que la gente intenta cada vez con mayor afán y con mayor descaro. Pero eso no es la libertad. La libertad exige conocimiento y criterio, y es incompatible con esa ignorancia culpable de la que hablamos. Porque la libertad exige ser capaz de identificar dónde está el bien, tanto el bien individual como el bien colectivo, y ajustar el comportamiento, las acciones y las decisiones a la consecución de ese bien, incluso si ello supone enfrentarnos a la opinión de la mayoría, a los usos generalmente aceptados de una sociedad como la nuestra; incluso si ello supone aceptar el riesgo de que nos señalen, de que nos marginen, de que nos persigan… Es lo que se llama un comportamiento virtuoso, que nunca es acomodaticio. Por eso la auténtica libertad es siempre trágica. Identificar el bien y ser capaz de ese comportamiento virtuoso exige estar en posesión de un criterio moral, lo cual no es posible sin un marco de referencia que defina y proporcione esos principios morales. ¿Cuál es el marco de referencia que puede proporcionar ese criterio moral al hombre de hoy? El marco existe, y es el que ha permitido la construcción de lo que llamamos “civilización occidental”, hoy en proceso de autodestrucción: nuestro fundamento en la Biblia judeo-cristiana, la filosofía griega, especialmente aristotélica, y el derecho romano, un fundamento que nos estamos esforzando en dinamitar.

La ignorancia –por lo menos esa ignorancia no excusable – hace imposible la verdadera libertad, y hoy el mundo se confabula para mantenernos en la ignorancia, que es la forma más segura de privarnos de esa libertad que, de existir, pondría en cuestión los principios por lo que ese mundo se rige, y nos engaña con el señuelo de una patética parodia de libertad que es precisamente la mayor de las esclavitudes. Se da la curiosa paradoja de que hoy el mundo es más esclavo que nunca, y sin embargo se siente más libre que nunca. 

Pedro Abelló

Ayuda a Infovaticana a seguir informando

Comentarios
10 comentarios en “La ignorancia culpable
  1. Enhorabuena por estas palabras. Tenemos efectivamente el deber de buscar y abrazar la Verdad a cualquier coste y a cualquier precio, que muchas veces puede ser social,personal y profesional. Hay igualmente que tener la humildad de reconocer aquello en lo que tal vez hasta hace poco tiempo estábamos equivocados.

    1. La ignorancia es “vencible” o “invencible”…la ignorancia vencible es aquella que se puede vencer, es decir que fácilmente quien la aduce pudo haberla vencido o superado con medios a su alcance; haber investigado, preguntado, estudiado y haberla vencido o superado…la ignorancia invencible es aquella que no se puede superar; ejemplo: si en una tribu del amazona en medio de la selva nunca ha tenido contacto con ninguna civilización y cometen pecados, ya sea individuales o colectivos, y estos pecados no pueden ser superados puesto que nunca tuvieron oportunidad de conocer la verdad, caso contrario es a quienes vivimos en una ciudad rodeados de sacerdotes, internet, iglesias donde fácilmente podemos instruirnos para saber si algún acto es pecado o no y así no condenarnos!

      1. «en una tribu del amazona en medio de la selva nunca ha tenido contacto con ninguna civilización»

        Eso sería hace cinco siglos. Ahora, ¿qué tribu de la selva no ha tenido contacto con ninguna civilización?

        «podemos instruirnos para saber si algún acto es pecado o no y así no condenarnos!»

        Dios ha inscrito la ley natural en los corazones de todos los seres humanos; también en los de quienes viven en las selvas. No hace falta que sepan Teología para darse cuenta de que hacer daño a otro ser humano es malo, por ejemplo.

  2. «Oír, oiréis, pero no entenderéis, mirar, miraréis, pero no veréis.». (Mateo 13:14).
    ¡Mira que avisó el Señor de que lo que está sucediendo iba a suceder! Por si fuera poco, la Santísima Virgen en todas sus apariciones nos lo ha vuelto a repetir.
    Es más cómodo mirar para otro lado y no complicarse.
    A algunos les pasa lo que a Albert Einstein: se dio cuenta de que de sus ecuaciones sobre la relatividad se deducía que el universo estaba en expansión, pero era un problema que él como judío no estaba dispuesto a aceptar: «Dios no juega a los dados con el universo», dijo. Se sacó de la manga la «constante cosmológica» y paró el universo en la pizarra.

    1. A principios del siglo XX, la idea predominante sobre el Universo es que éste siempre había existido y así seguiría. Era una teoría muy querida por el cientifismo ateo, porque negaba la idea de la Creación. La explicación de Georges Lemaître , en 1931, sobre la separación de las galaxias en su concepto del «áromo primigenio» y, por tanto, de un origen inicial de todo el Universo, fue duramente atacada y recibió todo tipo de epítetos, como «creacionista» (Lemaître era eclesiástico y llegó a ser «prelado doméstico de Su Santidad») y se acuñó la expresión «Big Bang», para referirse al «átomo primigenio», pero como una calificación despectiva. Experiencias posteriores corroboraron ese alejamiento de las galaxias y la expresión «Big Bang» perdió su carácter despreciativo inicial para convertirse hoy en un dogma científico y en el título de una serie de frikis. El científico sube con gran trabajo una montaña y descubre que en su cima lleva mucho tiempo sentado un teólogo.

  3. Una cosa es cierta. Que en esta mundo donde Internet permite llegar a casi cualquier rincón, sería un medio excelente para la Evangelización predicada por el Señor. Pero no lo usan los curas, no dan las prédicas de la sana doctrina, porque se contraponen a lo que manda hoy día la apóstata jerarquía vaticana. Me decepcionan muchos curas de sana doctrina que callan (el P Olivera Ravasi) u otros que sólo hacen excusar a Bergoglio y su caterva (P Santiago Martín). Otros directamente han vendido su alma al diablo (nunca mejor dicho) defendiendo las herejías que desembuchan día sí y día también las altas instancias vaticanas, para conservar el puesto simplemente (los obispos españoles, decadencia pura, con el obispo Cobo como principal representante del destructor).

  4. Muy buen artículo y muy buenos aportes de los comentaristas. Que
    Dios os bendiga.

    Viva la libertad, asentada en la verdad(con mayúsculas y minúsculas).

    Inmersos estamos en 2 Tesalonicenses 2. Hoy más que nunca. El misterio de iniquidad, cada vez más manifiesto.

    Ánimo eso requiere trabajo, tesón, valentía y amor a la verdad. Esto último es lo que falta.

    «La verdad os hará libres» Juan 8 31-42.Bendito sea
    Nuestro Señor Jesucristo. Sus palabras son espíritu y vida.

  5. La mayoría de los consagrados se encuentran en ignorancia culpable, por aceptar la anti-doctrina.
    Siendo aún Cardenal el Papa Juan Pablo II dijo en el congreso eucarístico en Filadelfia: “Estamos ante la confrontación histórica más grande que los siglos jamás han conocido. Ante la lucha final entre la iglesia y la anti-iglesia; entre evangelio y anti-evangelio… pero ahora hemos llegado al final de esta batalla que muy pocos realmente perciben en el mundo actual y que los hace incapaces de discernir los signos de los tiempos y entender lo que está pasando en el mundo de hoy en sus más profundas causas ontológicas, porque viendo no ven, y oyendo no oyen, ni tampoco entienden.” En efecto, en ellos se cumple la profecía de Isaías, que dice: Ustedes oirán una y otra vez y no entenderán; mirando, no verán. Porque el corazón de este pueblo se ha vuelto insensible, han cerrado sus ojos y tapado sus oídos, con el fin de no ver con los ojos y no oír con los oídos, ni comprender con el corazón.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

 caracteres disponibles