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Una pena: Müller nos confunde y a Buttiglione lo publican junto a san Josemaría

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Siempre he apoyado los intentos del cardenal Müller por darle una hermenéutica de la continuidad a Amoris laetitia, porque es obviamente la más católica. También abrigo la esperanza de que el Papa lo haga, antes o después.

La gente de a pie está desconcertada, molesta, desilusionada. Me lo decía ayer un estudiante, de los más papistas que he conocido.

Pero ahora Müller apoya a uno de los intelectuales que ha hecho filigranas para apoyar la interpretación progre de AL, cosa que para algunos quizás logra disimular, pero que es evidente cuando se leen con detalle sus explicaciones.

Una pena. Porque cuando la Iglesia está dividida en dos campos, nada se aclara por el hecho de que otro cardenal más se sume a uno de ellos. Aunque sea con tantos matices, como hace Mons. Müller.

La otra pena es que el libro de R. Buttiglione sea publicado por la misma editorial que publica en Italia las obras de san Josemaría, la biografía del beato Álvaro, los libros de don Javier Echevarría.

Y ahora esta cochinada. (No lo he leído, me baso en los artículos previos del autor, que sí he leído).

 

P.S.: lo otro injusto es que estas respuestas de R. Buttiglione se digan dirigidas a los críticos de AL, cuando se refieren a los cardenales de las dubia… y quizás también a los profesores de las herejías (que no atribuyen a AL, sino a la interpretación errada de AL, que la Santa Sede debería detener de una vez por todas). Bien, todos estos, más Spaemann, Seifert, la carta de Grisez-Finnis, han querido contribuir a aclarar las cosas, y siempre han obrado con respeto al Santo Padre. Pero ahora es fácil tergiversarlo todo y poner a unos buenos católicos como enemigos del Papa, como si fueran teólogos del disenso.

Los simples laicos no debemos quedarnos callados ante tanta infamia. Santa Catalina de Siena, ora pro nobis!

 

7 comentarios en “Una pena: Müller nos confunde y a Buttiglione lo publican junto a san Josemaría
  1. Lo que escribe Müller no está mal. Pero el problema es que el Papa Francisco no piensa como él.
    Claramente dijo que la interpretación de Amoris Laetitia era la que habían dado los obispos argentinos, y que no había otra. Entonces, con qué nos quedamos, con Muller, destituído por el Papa (y desautorizado por el Papa en ese mismo acto) o con la interpretación de los argentinos, o de los malteses… ese es el espectáculo: que lo que es pecado a un lado del Rin es bendecido al otro lado.
    La división, la decepción y la crispación vienen precisamente de que el Papa Francisco, a su manera, ya ha dirimido la cuestión.

  2. A propósito, ¿y la “misa” ecuménica con intercomunicación en la que trabaja una comisión? Aun cuando el trabajo de ésta no habría concluido, Respetuosamente solicitamos las orientaciones del Santo Oficio.

  3. Menudo atajo de plañideras están hechos los carcas.
    Disparan con todo lo que tienen contra Francisco y su papado y como no les hace caso ni la Chelito (no llegan a 200 los firmantes y en un solo día el Papa recibe más de 3000 apoyos) y los cristianos se rebelan ante la imposición por parte de una minoría de una visión inquisitorial de la Iglesia y la Doctrina, se siente perseguidos y maltratados.
    Tranquilícese Sr. Cristóbal, nadie les persigue. De hecho a nadie le importa un pito lo que ustedes opinen.
    Tienen menos futuro que un submarino descapotable.

  4. Al igual que la papolatría, el irenismo desenfrenado lleva a realizar absurdos ejercicios de contorsionista, al querer conciliar lo irreconciliable: el error con la verdad, la ortodoxia con la herejía, la fe con la apostasía; todo ello para evitar lo que supuestamente sería el máximo mal: el cisma abierto y formal, pues el velado ya lo tenemos sin duda alguna. El enfoque irenista olvida sin embargo, que cuando el cisma se da a causa de la difusión de herejía(s) e incluso de apostasía entre la jerarquía de la Iglesia, el verdadero mal a combatir son la(s) herejía(s) y la apostasía, mientras que el cisma formal solo sería el síntoma extremo de ese extremo mal subyacente.

    Ahora una vez más el Cardenal Müller malgasta sus energías ofreciéndonos una presentación de contorsionismo intelectual sincronizado con el contosionista profesional Buttiglione, que ya desde hace mucho perdió toda honestidad intelectual entregándose al arte de los sofismas con el fin de conciliar la fe y la moral con las severas exigencias del «Zeitgeist» -espíritu del tiempo- moderno y posmoderno. De esta forma el Cardenal Müller no solamente no contribuye a solucionar la crisis en la que se encuentra la Iglesia, sino que obstaculiza directamente todo esfuerzo de auténtica y verdadera solución, como aquel de los cuatro cardenales, de los que ya solo quedan dos.

    Si el Cardenal Müller quiere hacer algo útil para la Iglesia, pues que se una a los cardenales de las dubia, se solidarice con el vilmente atacado Cardenal Sarah y deje de encomendarse constantemente como el gran e ilustre mediador entre los jerarcas aún católicos y aquellos ya herejes o incluso apóstatas en aras de una unidad meramente ficticia de la Jerarquía eclesiástica.

  5. Pudiera ser que el fundador escribiera una cuarta campanada, pero no para publicarla sino para que en los cursos anuales, retiros y convivencias los directores se la leyeran a sus hijos, sin que éstos guardasen copia ni mucho menos se publicase fuera de casa (así llamaban y llaman a la institución). Campanadas sin badajo, aunque su contenido sea muchas veces admirable y profético y recuerde con frecuencia a la predicación pública y valiente de un benemérito arzobispo francés, el cual sí pagó con creces la gallardía de sus actos y palabras contra la espantosa crisis que sufre la Iglesia desde el concilio Vaticano II y no sólo con el calamitoso pontificado actual. Francisco no es un meteorito que nos haya caído del cielo o del infierno, sino un epígono y banalizador de cincuenta años de creciente neomodernismo y neoprotestantismo.

  6. AL es una ruptura en toda regla con las palabras de Cristo condenando el adulterio y con las de San Pablo confirmando que los adúteros impenitentes no entrarán en el Reino de Dios, y con el Magisterio ininterrumpido de la Iglesia. Desde el momento en que dice que es mejor que vivan en adulterio para no cometer nueva culpas (¡!) o que se puede estar en gracia de Dios viviendo en adulterio more uxorio (¡!), o que los adúlteros impenitentes pueden acceder a los sacramentos sin propósito de enmienda (¡!) o que Dios puede pedirles en un determinado momento a los adúlteros que sigan cometiendo adulterio porque no están en situación de evitarlo (¡!). Son varias las afirmaciones allí contenidas que son blasfemias contra Dios, en concreto, contra la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Espíritu Santo, por hacer pasar por bueno lo que es demoníaco. Si Cristo tuvo un santo profeta, el mayor de todos, que murió mártir del matrimonio (San Juan Bautista) es plausible que el Anticristo venga precedido por un falso profeta que diga que el adulterio no es pecado.

  7. ¡ Si San Josemaría Escrivá levantara la cabeza, seguro que publicaba la cuarta campanada recordando que comulgar en pecado mortal es un sacrilegio, por mucho que Roma lo propugne y los sofistas traten de disfrazarlo con sus juegos malavares butiglionescos ! ¡ Bravo Cristobal Orrego !

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