Contenido patrocinado por Homo Legens.
La logia estaba en penumbra y los hermanos, de pie en sus columnas, lucían mandiles y cordones. Era una tenida corriente, en grado de aprendiz, y el ritual de apertura avanzaba como siempre: la Gran Experta llevaba la llama alrededor del pavimento de baldosas blancas y negras, el Venerable Maestro encendía las velas de su mesa y los dos Vigilantes invocaban por turno la sabiduría, la fuerza y la belleza. Uno de los maestros presentes se sabía de memoria cada frase; la había pronunciado él mismo desde varios cargos, incluido el de Venerable. Aquella noche apenas la escuchaba. Al volver a casa, pasada la medianoche, escribió su carta de dimisión.
Se llama Serge Abad-Gallardo, es arquitecto y fue durante años alto funcionario de la administración territorial francesa. Cuenta esa escena al comienzo de Serví a Lucifer sin saberlo, el libro que publicó en Francia en 2016 y que Homo Legens tradujo al español en 2018. Es el testimonio de un hombre que pasó veinticuatro años en la masonería y salió de ella por la puerta de la fe.
Según su relato, había ingresado en febrero de 1989 en el Derecho Humano, una obediencia mixta e internacional de hombres y mujeres. Cuando llegó aquella tenida había pasado de los cincuenta y recorría los altos grados del Rito Escocés Antiguo y Aceptado. Acababa de completar el grado 12, el de Gran Maestro Arquitecto, y todo indicaba que lo propondrían pronto para el 13 y el 14. Por delante quedaban el grado 18, Caballero Rosa Cruz, y el 30, Caballero Kadosh. Abad-Gallardo subraya que en ese mundo no se entra pidiéndolo: se accede por cooptación, después de años de examen discreto dentro y fuera de la logia.
Pero algo había cambiado. Desde hacía alrededor de un año vivía de nuevo la fe católica y no lo escondía. El autor sitúa el giro ante la gruta de Massabielle, en Lourdes, donde dice haber recibido de la Virgen una señal que le abrió los ojos. En entrevistas posteriores ha contado que el primer paso fue más modesto: un rato de oración ante una imagen de santa Teresa de Lisieux en la catedral de Narbona, junto a su oficina. Sus hermanos de logia, escribe, lo miraban de tres maneras: con el cariño que se tiene a un amigo despistado, con escepticismo, y unos pocos con la sospecha que despierta quien está a punto de traicionar.
Durante esa última tenida, cuenta, la palabra que se le vino a la cabeza fue «mascarada». El mandil y el cordón le parecieron de pronto un simple disfraz, y el ritual que durante dos décadas le había llenado empezó a sonarle falso. Había intentado quedarse para hablar de Cristo a sus compañeros, pero dio el intento por fracasado. Se había convertido, dice, en un hombre de fe, y «ya no soportaba ser un hombre de secreto».
Mientras redactaba la carta le volvió a la memoria su iniciación. Recuerda que, al quitarle la venda, se encontró rodeado de masones que le apuntaban al pecho con espadas, y que el Venerable le explicó que aquellas armas solo amenazaban a los traidores y a los perjuros. Sabía que, desde esa noche, el traidor sería él.
La carta está fechada, según el libro, el 9 de octubre de 2013. Abad-Gallardo relata que el reglamento de su obediencia presenta la salida como un trámite: basta con que la dimisión se lea en tenida solemne. Así fue. El 15 de noviembre recibió de su Venerable Maestro una nota seca: el taller había levantado acta de su renuncia la víspera. Veinticuatro años de pertenencia se cerraban con una fórmula de cortesía y una firma. Antes, cuenta, dos hermanas de los altos grados se reunieron con él, como prevé el reglamento, en teoría para asegurarse de su decisión y, a su juicio, para intentar disuadirlo. Eran amables y estaban sinceramente apenadas, pero comprendieron pronto que lo habían perdido.
Lo que vino después desmiente, según el autor, la idea de que salir de la masonería sea fácil. Antiguos hermanos, algunos amigos íntimos, empezaron a evitarle por la calle; dejaron de invitarle a cenar; en su entorno profesional, donde abundaban los masones bien situados, el clima se enrareció. Con su primer libro, publicado en 2014, llegaron los insultos públicos y las acusaciones de intolerancia.
La Iglesia ha sido constante en este punto. La declaración de la Congregación para la Doctrina de la Fe del 26 de noviembre de 1983, firmada por el cardenal Joseph Ratzinger, mantuvo que los principios masónicos son inconciliables con la doctrina católica. El 13 de noviembre de 2023, el Dicasterio para la Doctrina de la Fe, con el cardenal Víctor Manuel Fernández al frente y la aprobación de Francisco, lo reiteró en respuesta a un obispo filipino: la pertenencia activa de un fiel a la masonería sigue prohibida.
La dimisión es solo el umbral del libro. A partir de ahí, Abad-Gallardo, que no disimula su tono de combate, examina desde dentro los símbolos de la logia, del pavimento ajedrezado a la palanca del compañero; la influencia que atribuye a las obediencias en leyes como las del divorcio o el aborto; y la tesis que da título a la obra: que muchos masones, como él, sirven sin saberlo a un señor que no conocen. Es una tesis fuerte, y el lector la juzgará, pero quien la defiende estuvo dentro de la sala.
![]() |
Sección patrocinada por Homo Legens Serví a Lucifer sin saberlo Serge Abad-Gallardo · Bibliotheca Homo Legens · 16,90 € |
Lea también
