Siete muertos en una neumática con 139 inmigrantes rescatada al noreste de Lanzarote

Cinco de los fallecidos habrían sido arrojados al mar durante la travesía, según los supervivientes; la tragedia reabre el debate sobre el efecto llamada y el discurso de la Iglesia

Siete muertos en una neumática con 139 inmigrantes rescatada al noreste de Lanzarote
Migrantes hacinados en el muelle de Arguineguín (2020)

Siete personas murieron durante la travesía de una embarcación neumática que se dirigía a Lanzarote con 139 inmigrantes a bordo y que fue rescatada en la madrugada de este lunes, 2 de noviembre, a unos 150 kilómetros al noreste de la isla. Según Salvamento Marítimo, la Guardamar Urania localizó la barcaza hacia las 5:20 horas y condujo a los 132 supervivientes, 120 hombres y 12 mujeres, hasta el puerto de Arrecife, donde fueron atendidos por los equipos sanitarios y por Cruz Roja.

Solo dos de los cadáveres seguían en la neumática cuando llegaron los equipos de rescate. De acuerdo con el testimonio de los propios supervivientes, los otros cinco fueron arrojados por la borda durante la travesía, en circunstancias que aún no están esclarecidas. Ese mismo lunes, la Salvamar Acrux rescató a otra embarcación con 59 varones magrebíes a unos ocho kilómetros de la costa norte de Lanzarote, y las llegadas se sucedieron también en El Hierro.

Una ruta que sigue cobrándose vidas

La tragedia no es un episodio aislado. A finales de octubre, un cayuco procedente de Gambia llegó a El Hierro tras ocho días a la deriva con cuatro muertos, entre ellos un bebé, y a comienzos de septiembre otro cayuco fue hallado tras 26 días en el océano con decenas de víctimas. La de Canarias es una de las rutas migratorias más peligrosas del mundo, y cada nuevo naufragio o cada cadáver arrojado al mar confirman que las mafias que organizan estas travesías trafican con vidas humanas a cambio de dinero.

El discurso de acogida, bajo examen

Ante cada tragedia, el discurso eclesial suele reducirse a la exigencia de acogida, sin detenerse en una pregunta incómoda: si una política de puertas abiertas, o percibida como tal, anima a más personas a jugarse la vida en el mar. Es lo que se conoce como efecto llamada, y quienes lo señalan sostienen que la mejor forma de evitar muertes no es multiplicar las salidas, sino disuadirlas y desmantelar las redes que las organizan. Esta es una valoración editorial, no un dato contrastado por las autoridades.

La jerarquía española ha optado por otro camino. El obispo de Tenerife, Eloy Santiago, declaró tras la visita de León XIV a Canarias que no quiere «oír la palabra remigración, porque es señal de que la humanidad ha fracasado», como publicó InfoVaticana. Durante aquel viaje, el Papa visitó el centro de acogida de ‘Las Raíces’ en Tenerife, en una jornada que InfoVaticana recogió como una defensa de la política de acogida del Gobierno.

Con la Jornada Mundial del Inmigrante y del Refugiado, la Conferencia Episcopal Española volvió a poner el acento en la acogida, según informó este medio. Frente a ese mensaje, siete muertos más en el Atlántico plantean si la Iglesia debería hablar también de prudencia, de orden en las fronteras y de la responsabilidad de quienes lucran con estas travesías.

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