Cordileone: «Había más unidad en la Iglesia con Summorum Pontificum»

Cordileone: «Había más unidad en la Iglesia con Summorum Pontificum»

El arzobispo de San Francisco, monseñor Salvatore Cordileone, ha puesto palabras a lo que muchos obispos piensan y muy pocos se atreven a decir en público. En una entrevista exclusiva concedida a Tribune Chrétienne, difundida el 8 de octubre, el prelado comparó los dos regímenes que han gobernado la liturgia tradicional en los últimos veinte años y dejó una sentencia limpia, sin matices diplomáticos:

«Me resulta muy claro que había más unidad en la Iglesia cuando vivíamos bajo Summorum Pontificum que la que tenemos ahora bajo Traditionis custodes».

La frase pesa más de lo habitual por la toga de quien la pronuncia. Desde el pasado 25 de julio, Cordileone es juez del Supremo Tribunal de la Signatura Apostólica por designación de León XIV, el mismo tribunal que examina los recursos contra los decretos de la Curia romana.

La herida que Benedicto quiso cerrar

Cordileone recordó en la entrevista las guerras litúrgicas del posconcilio, aquellos años en que los católicos eran juzgados y etiquetados según la Misa a la que acudían. Las tensiones, explicó, se prolongaron hasta los noventa y solo empezaron a templarse con el indulto concedido por san Juan Pablo II y, sobre todo, con el motu proprio de Benedicto XVI en 2007. Bajo aquel régimen, quienes amaban el rito antiguo y quienes preferían formas más recientes convivían en paz, sin anatemas cruzados.

El arzobispo atribuyó a Ratzinger una comprensión profunda de la ruptura vivida tras el Concilio, porque la conoció en carne propia y vio cómo cambios rápidos y radicales en la celebración dañaron gravemente la fe de muchos católicos, y en algunos casos la destruyeron. La distinción entre forma ordinaria y extraordinaria del rito romano buscaba una reconciliación interna del culto que ninguna comisión de expertos podía fabricar en un despacho. Debía crecer de manera orgánica, con generaciones de fieles rezando con ambos misales, quizá durante siglos.

Ese proceso quedó truncado en 2021. Según Cordileone, los fieles apegados a la tradición han sido estigmatizados y marginados dentro de la Iglesia, y el trato recibido amenaza con reabrir las heridas que Benedicto quiso cicatrizar. «Creo que eso fomenta la división», afirmó, antes de confesar su temor a que vuelva a repetirse el alejamiento de quienes ya se sintieron expulsados una vez.

Un Concilio que a los jóvenes les suena a otro siglo

La parte más lúcida de la conversación es su lectura generacional. Para quienes vivieron el Vaticano II, la reforma todavía parece reciente; para un joven de hoy, sesenta años largos equivalen a lo que la primera década del siglo XX suponía para un universitario de la posguerra. Lo que sus mayores tuvieron por novedad imprescindible, los jóvenes lo perciben como una época clausurada, y buscan algo de valor eterno en lugar de modas que envejecen con la generación que las inventó.

Cordileone pidió también a esos jóvenes respeto por los mayores que atravesaron el vendaval revolucionario sin perder la fe, y propuso un diálogo entre generaciones capaz de recuperar la tradición auténtica sin convertirla en una pieza de museo. Vinculó esta renovación con la célebre profecía de 1969 del entonces profesor Joseph Ratzinger sobre una Iglesia más pequeña, sin influencia social ni grandes estructuras, pero más fervorosa y consciente de sí misma, y aseguró que esa Iglesia ya se ve con claridad en Estados Unidos. La salida pasa, a su juicio, por releer el Concilio en continuidad con lo anterior: el latín y el canto gregoriano que reclamaba Sacrosanctum Concilium, y la orientación hacia el oriente como signo de Cristo que viene.

Una voz coherente, y cada vez menos solitaria

Las palabras del arzobispo no surgen de la nada. Tras las consagraciones episcopales de la Fraternidad San Pío X el pasado 1 de julio, pidió un diálogo sincero entre Roma y Écône y un acceso más fácil a la Misa tradicional, para que nadie se sienta empujado a buscar alimento espiritual fuera de la comunión con Roma. Semanas después, cuando el cardenal Arthur Roche aseguró que León XIV no tocará Traditionis custodes, Cordileone respondió en televisión que esas restricciones no constituyen una política sostenible y que el amor de los jóvenes por la tradición es imparable.

Hay una ironía de fondo que conviene subrayar. En agosto de 2021, recién publicado el documento de Francisco, el mismo Cordileone defendió que el Papa había actuado movido por su preocupación por la unidad y censuró los ataques irrespetuosos contra el Pontífice. Cinco años después, con la serenidad de quien ha observado los frutos, el arzobispo concluye que esa unidad era mayor antes de la restricción. El argumento esgrimido para justificar Traditionis custodes se vuelve contra la propia norma.

La entrevista aborda también la visita de León XIV a Francia, el renacer de la fe en Estados Unidos, la sinodalidad y un encendido elogio del cardenal Robert Sarah, a quien Cordileone llamó «gran luz para la Iglesia de nuestro tiempo». Roma puede seguir sin mover una coma del motu proprio. Lo que ya no puede es fingir que las críticas llegan solo desde la periferia.

Perfil · Cordileone en la Signatura Apostólica

Nacido en San Diego en 1956 en una familia de pescadores de origen siciliano, ordenado sacerdote en 1982 y doctor en Derecho canónico por la Universidad Gregoriana, Salvatore Cordileone trabajó como oficial de la Signatura Apostólica durante los años noventa. Fue obispo auxiliar de San Diego, obispo de Oakland y, desde 2012, arzobispo de San Francisco, donde se hizo célebre por negar la comunión a Nancy Pelosi en 2022 por su defensa del aborto.

El 25 de julio de 2026, León XIV lo nombró miembro del Supremo Tribunal que preside el cardenal Dominique Mamberti, junto a otros seis canonistas, entre ellos el español Juan Ignacio Arrieta. Su mandato es de cinco años y lo compatibiliza con el gobierno de su archidiócesis.

La Signatura es la máxima instancia judicial de la Iglesia tras el Papa: resuelve las querellas de nulidad contra sentencias de la Rota Romana y, en su sección contencioso-administrativa, los recursos contra los decretos de los dicasterios de la Curia, incluidos los que pueda generar la aplicación de Traditionis custodes. Al aceptar el cargo, Cordileone advirtió que la justicia en la Iglesia nunca es meramente legal, porque se ordena a la salvación de las almas y a la protección de los derechos de los fieles.

Entrevista completa · Tribune Chrétienne

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