El obispo de Mendi, en Papúa Nueva Guinea, monseñor Donald Francis Lippert, ha expresado su deseo de que la Misa tradicional pueda llegar a convertirse en una opción para los fieles de su diócesis, después de experimentar personalmente durante el último año lo que describe como «una especie de conversión» hacia la liturgia romana tradicional.
En una entrevista concedida a AdVaticanum, el capuchino estadounidense explica que no pretende enfrentar ambos usos del rito romano y subraya que celebra habitualmente el Novus Ordo, pero considera que la liturgia tradicional posee una particular capacidad para transmitir el sentido de lo sagrado. «Espero y rezo para que la Iglesia abra esa posibilidad», afirma al abordar su deseo de introducirla de forma más habitual en Mendi.
«He llegado a ver la belleza y el poder de la Misa tradicional»
Lippert relata que su acercamiento al rito romano tradicional se ha producido recientemente.
«Durante el último año, más o menos, yo mismo he tenido una especie de conversión hacia la Misa tradicional en latín», explica. El obispo señala que continúa viviendo principalmente dentro del Novus Ordo, «porque esa es la realidad en la que vivo y la Iglesia a la que he sido llamado a servir en este momento», pero asegura haber descubierto «la belleza y el poder de la Misa tradicional» en su propia vida espiritual.
El prelado insiste en que no cuestiona la validez de la forma ordinaria: «No tengo ningún problema con el Novus Ordo. Lo celebro todos los días». Su interés por la liturgia tradicional se centra especialmente en la reverencia que, a su juicio, transmite.
«Celebrada bien, la Misa tradicional en latín tiene un misticismo y una reverencia que pueden tocar el corazón de las personas y acercarlas a Dios en un mundo en el que hay tantas distracciones que las alejan de Él», sostiene.
La preocupación no es nueva en el gobierno pastoral de Lippert. En 2025 proclamó oficialmente un Año de la Reverencia en la diócesis de Mendi, desde la solemnidad del Sagrado Corazón de Jesús de ese año hasta el Corpus Christi de 2026, con el propósito de recuperar la adoración, la santidad y el sentido de lo sagrado entre los fieles. La iniciativa fue publicada por la propia Conferencia Episcopal de Papúa Nueva Guinea y las Islas Salomón.
Una Misa solemne en Mendi
En ese contexto, Lippert quiso que sus fieles conocieran una Misa solemne según el rito romano tradicional. La experiencia tuvo para él también una dimensión histórica: recordó que fue precisamente la antigua liturgia romana la que encontraron los primeros católicos de la región durante la evangelización de Papúa Nueva Guinea a mediados del siglo XX.
«Fue la Misa tradicional en latín —aunque entonces no se llamaba así— la que realmente evangelizó Papúa Nueva Guinea a mediados de los años cincuenta», señala.
El obispo recuerda que algunos de los fieles de mayor edad reconocieron la liturgia de su infancia. «Vinieron después a verme y pronunciaban algunas de las respuestas que recordaban de cuando eran niños».
La diócesis ofreció también posteriormente a los fieles la celebración de la Holy Qurbana según la tradición siro-malabar, aprovechando la presencia de sacerdotes y religiosas de este rito oriental. Según Lippert, ambas experiencias permitieron a los católicos locales percibir la reverencia ante lo sagrado desde distintas tradiciones litúrgicas de la Iglesia.
«Quiero hacer lo que pueda para fortalecer esta apreciación del temor reverencial ante lo santo, ante Dios, porque ser tan casual e informal es, creo, devastador para la vida espiritual de las personas. También creo que es una ofensa a Dios», afirma.
«Creo que nuestro pueblo la acogería»
El obispo considera que la liturgia tradicional puede resultar especialmente comprensible para una sociedad que conserva un fuerte sentido de lo sagrado y de los símbolos.
Frente a la idea de que el antiguo rito romano sólo puede resultar atractivo para ambientes occidentales cultos, Lippert sostiene que puede ser incluso «más aceptable y más poderoso para nuestra gente sencilla, que comprende los símbolos y comprende el mundo místico mejor que muchos occidentales».
«Creo que la gente la acogería si la Iglesia le diera la oportunidad de hacerlo, quizás junto al Novus Ordo», explica.
Lippert aclara, sin embargo, que no existe actualmente una celebración regular de la Misa tradicional ni en la catedral ni en otro lugar de la diócesis y presenta su proyecto como una posibilidad a largo plazo.
«Lo que me gustaría hacer es convertirla en una opción en la diócesis», afirma. El prelado asegura haber hablado sobre estas cuestiones con sacerdotes y seminaristas, aunque todavía no de manera formal, y descarta querer provocar enfrentamientos litúrgicos.
«Tendría que ser algo natural y respetuoso. Por mi propia experiencia, y teniendo en cuenta lo que ha significado para mí, me gustaría poder compartirlo de una manera más amplia con la diócesis», explica.
Reconoce, no obstante, los límites que impone actualmente la disciplina de la Iglesia: «Parece que, en este momento, eso no es una posibilidad, pero espero y rezo para que en algún momento lo sea más».
De Pittsburgh a las misiones de Papúa Nueva Guinea
Donald Francis Lippert nació en Pittsburgh en 1957 y pertenece a los Franciscanos Capuchinos. Llegó como misionero a Papúa Nueva Guinea en 2007, donde inicialmente se dedicó a la formación de jóvenes capuchinos y a la enseñanza de Filosofía.
Benedicto XVI lo nombró obispo de Mendi el 22 de noviembre de 2011. Antes de su nombramiento había ejercido diversas responsabilidades de formación y gobierno dentro de los capuchinos y era consejero de la viceprovincia de la orden en Papúa Nueva Guinea.
En la misma entrevista, Lippert aborda también la evangelización, la crisis misionera de Occidente y la sinodalidad. Sobre este último asunto advierte contra modelos que, a su juicio, desbordan la legítima consulta eclesial. Al referirse a los ejemplos que no desea para la Iglesia católica, resume su preocupación en «dos palabras»: «anglicanismo y Alemania».
«Alemania se está saliendo de los raíles. No quiero eso para la Iglesia católica. No quiero eso para Mendi. No quiero eso para la Iglesia universal», afirma, antes de advertir de que seguir esos caminos «sería desastroso para la Iglesia universal».