InfoVaticana publica en exclusiva el único documento conocido en el que el papa Francisco se refiere de su puño y letra al proceso canónico contra el padre Carlos Miguel Buela, fundador del Instituto del Verbo Encarnado. Se trata de una breve nota manuscrita fechada el 16 de agosto de 2023, cuatro meses después de la muerte del fundador, dirigida al padre Martín Prado, IVE, con quien el Pontífice mantuvo durante años una relación de amistad. El padre Prado la ha hecho circular ahora entre los miembros del Instituto acompañada de un escrito de reflexiones que reproducimos íntegro más abajo.
El documento tiene dimensión histórica por la magnitud de lo que está en juego. La Familia Religiosa del Verbo Encarnado, nacida en San Rafael (Argentina) en 1984, está presente en 45 países y reúne a más de 3.000 religiosos entre la rama masculina, las Servidoras del Señor y de la Virgen de Matará y la Tercera Orden Seglar. Pocos carismas surgidos en las últimas cuatro décadas han producido un caudal de vocaciones comparable, y pocos han vivido una intervención romana tan prolongada: más de siete años sin gobierno propio, un fundador juzgado y una comunidad dividida sobre su memoria.
El manuscrito se desvela en un momento delicado. Hace diez días informábamos de que Roma abre una nueva fase en la intervención del IVE, y estos días damos cuenta de la carta y el comunicado de los delegados pontificios que recuerdan la conclusión de los dos tribunales sobre la responsabilidad del fundador. Junto a esta exclusiva publicamos hoy una noticia sobre la cronología jurídica del proceso y un análisis canónico de fondo.
Desde infovaticana hemos denunciado las argucias con las que se cierran casos de abusos sin juicio, y hemos seguido con distancia crítica los comisariamientos romanos. Ese mismo criterio nos obliga a reconocer que el proceso contra el padre Buela fue un juicio con ciertas garantías, en dos instancias, con acusado, defensa, testigos y contradicción, y que la falta de una sentencia publicada se debió únicamente a la muerte del reo veinticuatro días después de que el tribunal de apelación votara la confirmación de la condena. Este no es el caso Lute, extinguido sin instrucción mediante una dispensa instrumental. Aquí hubo juicio, y la certeza moral de dos tribunales no desaparece porque la pena ya no pueda ejecutarse. La posición de los delegados pontificios es sólida y coherente, y la pretensión de esconderse tras la falta de una firma para vetar cualquier juicio sobre el fundador es una argucia que no podemos avalar. La nota de Francisco no altera esos hechos. El Papa sabía en agosto de 2023 que no había habido sentencia, lo daba por irrelevante y lo despachaba como «cosas de clericalismo». El padre Prado extrae de ella conclusiones distintas, que el lector podrá valorar por sí mismo. Conviene tener presente, al leerlas, cuál es el fondo del debate: no la revisión de las Constituciones, que el propio autor reclama, sino la pretensión de que, sin sentencia publicada, nadie pueda impedir al Instituto seguir honrando públicamente a su fundador.
Publicamos el escrito completo del padre Prado, incluida su transcripción de la nota papal y su nota al pie. Se han corregido únicamente erratas evidentes.
Carta manuscrita original de Papa Francisco
Como muchos de ustedes saben, durante muchos años mantuve una relación de cercanía y amistad con el papa Francisco. El 16 de agosto de 2023, el Santo Padre me hizo llegar una breve nota manuscrita, de carácter personal, que he conservado desde entonces.
Considero oportuno compartir ahora esta nota porque algunas de sus expresiones adquieren un significado particular a la luz de los acontecimientos posteriores. Junto con su transcripción, quisiera ofrecer algunas reflexiones personales sobre sus palabras y sobre las conversaciones que mantuvimos en otras ocasiones.

Transcripción de la nota:
16.8.23
P. Martín Prado
Querido hermano, gracias por tu correo y las fotos. Lindo todo lo que hacés. Lindas las fotos. Me preocupa lo que decís: «un poco enfermo». Por favor tomá las medicinas necesarias y cuidate. Mirá que no hay repuestos.
Lo del IVE está medio estancado. Ya dije al Cardenal encargado de nombrar provincial y llamar al Capítulo General. Pero aquí son vacaciones hasta principio de septiembre y ninguno se muere de hernia. Estaban muy preocupados por conocer la «sentencia» definitiva… pero no hubo sentencia. (Cosas de clericalismo).
Quedo a tu disposición. Rezo por vos, por favor hacelo por mí. Que Jesús te bendiga y la Virgen Santa te cuide.
Fraternalmente,
Francisco
Aclaraciones que surgen de la carta
De esta carta, junto con otras conversaciones públicas y privadas mantenidas con el papa Francisco, se desprenden las siguientes reflexiones:
1. La ausencia de una sentencia. El papa Francisco afirmó directamente que no hubo sentencia. Esto es central para la presente discusión, porque ahora no se puede presentar una sentencia o juicio concluso como un hecho histórico si nunca existió tal final. Se sabe además de la extinción de la causa por parte del juez (decreto del 7 de junio de 2023) lo cual muestra que ni siquiera el juez tenía en mente escribir la sentencia.
2. La participación del papa Francisco en el proceso canónico. Originalmente, el papa Francisco autorizó el proceso relacionado con el padre Buela1. Sin embargo, hacia el final de su vida habló y actuó en una dirección diferente. Esto plantea preguntas legítimas: ¿había llegado a conocer mejor al padre Buela y a sus acusadores/acusaciones? ¿Estaba considerando el asunto más conscientemente a la luz de la eternidad y del juicio de Dios? ¿Por qué habría que actuar ahora contra la voluntad expresada por el Papa fallecido y contra el curso que la Providencia permitió que siguieran los acontecimientos?
3. Su deseo de que el Instituto siguiera adelante. El papa Francisco quería que la situación del IVE se resolviera y que se celebrara un Capítulo General. Me lo dijo varias veces. Durante su visita a Papúa Nueva Guinea, nos dijo lo mismo a todos y le pidió al Provincial que se preparara, porque en pocas semanas el Instituto sería convocado a un Capítulo General. En aquella ocasión también manifestó que existían considerables presiones y malas intenciones en torno a los asuntos del IVE y del padre Buela. Repitió esta preocupación con otras expresiones incluso recurriendo a un modo muy argentino de decirlo –«hay mucha mala leche»–. Así mismo en la carta arriba citada hace referencia a «cosas de clericalismo». Estas manifestaciones ponen de manifiesto que existen otras presiones e intervenciones de personas que, lejos de procurar ayudar a nuestra congregación, buscan influir para introducir cambios en ella, incluso contra la voluntad del Papa. También demuestra (junto con las últimas intervenciones de los actuales superiores) que el único propósito de condenar ahora al padre Buela es tener la libertad de realizar cambios en nuestro carisma e Instituto, que no son otra cosa que el don y obra de Dios realizado por medio de la persona del padre Buela.
4. Su valoración personal de las acusaciones. En una de las visitas al Santo Padre en Roma, en las que hablábamos largo rato, a veces hasta una hora, después de haber hablado en concreto y detalle sobre las acusaciones (fueren falsas o verdaderas) contra el padre Buela, el Santo Padre me dijo que él entendía que las acusaciones contra el P. Buela no eran graves. También me habló de su descontento con monseñor Taussig (el mismo que buscó y levantó las acusaciones contra el padre Buela), de cómo Taussig tenía una obsesión con el tema. Y después, otra vez que lo visité al Papa en Santa Marta, me dijo que en la renuncia de Mons. Taussig y el final triste que tuvo en la diócesis de San Rafael teníamos que ver una respuesta a los problemas que estábamos pasando, el instituto y el padre Buela, porque entre otras cosas Mons. Taussig había incluido en la investigación hecha al P. Buela acusaciones y casos que resultaron falsos. También más de una vez me dijo que sabía que nosotros no éramos rígidos como otros, que el padre Buela no podía ser comparado con Marcial Maciel y que las acusaciones contra él no eran de tal gravedad.
Entonces, estimados, respondiendo también al email del pasado 23 de septiembre, distingamos con claridad la situación judicial del padre Buela del discernimiento sobre el carisma recibido y transmitido. Si se trata de revisar las Constituciones y el derecho propio, empecemos ya, que llevamos más de siete años de estancamiento, sin gobierno propio y capítulos que, entre otras cosas, son tan necesarios para estudiar, corregir y mejorar distintos aspectos de la vida del instituto. Hagámoslo entonces sin ambigüedades, desde dentro y no de oídas, sin prejuicios y con verdadero conocimiento del IVE, si escuchamos una queja o descontento también escuchemos la inmensa mayoría de sus miembros, que viven su consagración humilde, feliz y silenciosamente. Hagámoslo con verdadera autocrítica, y no solamente con críticas hacia otros o hacia el pasado. Si algo en nuestras normas o prácticas se aparta del Evangelio y de la verdad de Dios, manifestada en el Verbo Encarnado, seremos los primeros en acoger con alegría las correcciones necesarias y agradecerlas, para vivir con mayor fidelidad el carisma recibido, favorecer su maduración y profundizar la consagración a la que hemos sido llamados. Y así, seguramente, tendremos en el futuro mejores misiones y misioneros; más vocaciones y fecundidad apostólica; más persecuciones, condenas y desprecio del mundo para nuestra mayor purificación, la gloria de Dios, su Iglesia y la de nuestra pequeña familia religiosa del Verbo Encarnado.
P. Martín Prado, IVE.
1 Aunque al inicio de su pontificado el papa Francisco le dijo al P. Buela que sabía que había «accanimento» (ensañamiento) contra él, más tarde accedió al pedido del Dicasterio de levantar la prescripción que, de otro modo, habría impedido proceder con las acusaciones, ya que todos los casos estaban prescriptos. Según mi comprensión, aunque tenía autoridad para hacerlo, esto permitió que acontecimientos lejanos en el tiempo fueran reinterpretados, confundidos o exagerados. El Papa también autorizó la creación de un tribunal especial. Esto también creó un serio problema de imparcialidad: las mismas autoridades que impulsaban las acusaciones y que lo habían condenado sin un juicio, sin haberlo escuchado antes, ni haberle presentado las acusaciones, ni haberlo en todo caso corregido o amonestado, esas mismas autoridades que tenían accanimento contra el padre, fueron las que también eligieron a los jueces y establecieron el procedimiento.