TRIBUNA. La diócesis se muere ¿y el obispo no se entera?: El caso de Gerona

Por: Una católica (ex)perpleja

TRIBUNA. La diócesis se muere ¿y el obispo no se entera?: El caso de Gerona

La diócesis de Gerona, en Cataluña, se corresponde aproximadamente con la provincia que lleva el mismo nombre. Los datos más recientes, según el propio obispado, hablan de una población de unos 930.000 habitantes, 381 parroquias y 12 anexos 123 sacerdotes en activo (de los cuales 102 son diocesanos incardinados, sumados a sacerdotes extra-diocesanos, religiosos con cargos pastorales y miembros del Opus Dei residentes), además de 13 diáconos permanentes. La sede de la diócesis se encuentra en la ciudad de Gerona, en donde se halla la Catedral de Santa María.

Además de estos datos oficiales, es interesante recurrir a prensa no confesional para ver, junto con errores, ciertamente, algunas verdades. El Diari de Girona exponía una muy alarmante en 2021: que el número de sacerdotes de Gerona se había reducido a la mitad en los últimos veinte años. Si actualmente Gerona cuenta con 123 sacerdotes (la gran mayoría, de edades avanzadas), a finales del 2000 había 246. La cifra de 123 sacerdotes registrada a finales de 2020 es la más baja de los últimos años. El 31 de diciembre de 2010, en la diócesis había 196 sacerdotes. El descenso en 10 años es por tanto del 37%. 

Frente a esta reducción, explicaba el citado periódico “que el descenso del número de sacerdotes ha ido acompañado de un incremento de otras figuras que ayudan al obispado a poder mantener su actividad en las parroquias. De esta manera, la cifra de diáconos permanentes se ha duplicado en una década (de 7 a 13 entre 2010 y 2026), junto a los religiosos con cargo pastoral diocesano, que hace una década eran solamente 15, mientras que ahora ascienden a 43; a los que hay que sumar a los laicos que pueden realizar liturgias de la Palabra.  Nada nuevo en este truco diocesano de proyectar una imagen de normalidad y estado sano de una Iglesia que suple la falta de sacerdotes con diáconos permanentes y laicos, con liturgias de la palabra y ministros extraordinarios de la comunión en lugar de Misas, haciendo de la necesidad virtud: comunicándolo como si fuera algo creativo. 

En cuanto al futuro de la estructura diocesana, en el presente año de 2026, el obispo de Gerona ha ordenado a un sacerdote; entre 2018 y 2021 se habían ordenado 2. Y, al parecer, actualmente el seminario cuenta con dos seminaristas.

Parece, en pocas palabras, una diócesis más en estado moribundo. Pero se trata de un caso particular de una diócesis muy conflictiva. Sin ir más lejos, después de que el obispo Francesc Pardo falleciera el 31 de marzo de 2022, la diócesis no contó con nuevo obispo ¡hasta abril de 2024! Dos años con la sede vacante; finalmente, fue nombrado obispo el abad del monasterio cisterciense de Poblet, Fray Octavi Vilà (ya saben: “queremos obispos catalanes”); una persona que diversos sucesos muestran como de carácter débil. Se dice más o menos abiertamente que la larga vacante se debió a que NADIE quería ser obispo en esa diócesis en la que existe un lobby de sacerdotes, el temido Fòrum Alsina, gerontes progresaurios que hacen la vida imposible a cualquier obispo tratando de mantener la caduca agenda posconciliar (y también nacionalista). Sin ir más lejos, parece ser que hace unos meses llegaron a la diócesis dos sacerdotes africanos vestidos con sotana que, casi inmediatamente pasaron a vestir simplemente con alzacuellos por las presiones de este lobby de las camisas de cuadros. Así se las gastan. 

El fórum Alsina estaba compuesto hasta hace unos 12 años por 70 sacerdotes, una cifra muy significativa teniendo en cuenta el número total de la diócesis. Al obispo anterior a Pardo, Mons. Soler i Perdigó, ya le hicieron la vida imposible, viéndose obligado a afirmar públicamente que la actividad de este grupo «genera una doctrina paralela al mensaje de la Iglesia». Los del fórum Alsina han pedido desde su fundación, entre otras cosas, que la Iglesia «se adapte y se comprometa más con los problemas de la gente». 

También le hicieron la vida difícil al obispo Francesc Pardo. Ante el lamento del obispo de la falta de vocaciones al sacerdocio en 2015, el Fòrum Alsina publicó un comunicado en el que, como respuesta al obispo, proponían entre otras cosas una reforma «radical» del ministerio, que incluyera a las mujeres, hiciera opcional el celibato y permitiera un compromiso temporal. Señalaban en el manifiesto actitudes “dentro de la Iglesia que deberían dejarse de lado”; cargaban contra “la estructura piramidal y el control alejado del pueblo; las celebraciones «sofocantes» que alejan a la gente del mensaje de Jesús, así como los «templos y vestimentas lujosos», el «lenguaje vacío y dogmático» y las escasas oportunidades de participación que tiene la base frente a las instituciones eclesiásticas”.

Estos curas de camisa de cuadros también reclaman estrategias realistas para la renovación de la Iglesia, reforzando el papel de las parroquias y las comunidades y fomentando la participación de los laicos, para “ayudar a fomentar las vocaciones en la Iglesia”, que, según sostienen, “debe ser humilde, no imponerse y estar del lado de los más vulnerables”. 

Nada nuevo bajo el sol. Los típicos argumentos caducos del espíritu del concilio, que ha dado frutos podridos y que, en 2026, ya sólo tiene sentido para los boomers, pero para nadie más nacido después de ellos. La primavera eclesial de los años 1970, en la que viven anclados, no interesa ya a prácticamente nadie que represente futuro para la Iglesia.

A día de hoy, están en horas bajas, pues muchos de ellos han muerto, otros están jubilados (y sin responsabilidades parroquiales) y, otros se han secularizado, además de que ninguno de los sacerdotes jóvenes de la diócesis se ha unido a este decrépito foro. Aun así, siguen dando guerra. Y les ha caído un obispo de poco carácter, así que, a pesar de sus menguantes fuerzas, vuelven a creerse fuertes.

La decadencia de la diócesis es tal que el final de curso 2025 / 26 ha estado marcado por la reducción a la mitad de los arciprestazgos de la diócesis, según decreto firmado por el obispo; pasando de trece a seis. En un comunicado, la diócesis sostiene que la reorganización territorial tiene como objetivo «adaptar la organización pastoral a la realidad actual de la diócesis». Es decir, que no hay sacerdotes suficientes para mantener la estructura: el decreto para la reorganización de la Diócesis de Girona “tiene en cuenta el número de sacerdotes, la vida de las comunidades cristianas y los retos de la misión evangelizadora”. En realidad, significa que a los mismos pocos y mayoritariamente ancianos sacerdotes que hay se les echan a las espaldas más parroquias.

Junto a estos datos, se da una cuestión de importancia en la diócesis de Gerona que es preciso subrayar: un número no menor de parroquias se encuentran en la Costa Brava; es decir, en destinos turísticos de playa de primer nivel en los que, durante los meses de verano, el número fieles asistentes a la misa dominical aumenta exponencialmente. Y, ¿cómo responde la diócesis? Por lo pronto, este verano han utilizado sus redes sociales para sacar pecho de templos a rebosar, hasta con personas fuera oyendo la Misa. Citaremos tan sólo dos ejemplos de estos vídeos, que pueden verse tanto en la web como en la cuenta de Instagram de la diócesis: En Calella, el indescriptible sacerdote Cinto Busquets, ése que lanza un tweet por la independencia de Cataluña cada mañana desde 2017 y reza una sacrílega versión independentista del Padrenuestro desde hace años sin que nadie le haya llamado al orden, y sus colaboradores, que ejercen de ministros extraordinarios de la comunión, explican cómo al inicio de la Misa (que para sorpresa de nadie llaman simplemente “Eucaristía”) el sacerdote pregunta a la congregación sobre sus distintos orígenes, proyectan en una gran pantalla textos y oraciones de la Misa en diferentes idiomas y se proclama el Evangelio hasta en cuatro idiomas.

Por su parte, en la parroquia de Playa de Aro, una de las que recibe más afluencia de turistas en los meses de verano, el sacerdote, con alba y estola, pero sin casulla (como Busquets), saca pecho también de su equipo de colaboradores laicos, cuatro personas de ambos sexos, como se ve en el vídeo, que se pasan la Misa en el presbiterio vestidos de cualquier manera, leen las lecturas, pasan la cesta para la colecta y reparten la comunión, a pesar de que en las imágenes se observa un templo pequeño en el que no parece haber más de 150 personas. Belgas y franceses parecen ser aquí los grupos más numerosos, pero aguantan toda la Misa en catalán.

Una anécdota reveladora es que una de estas colaboradoras, al ser preguntada sobre las tareas que realiza en estas Misas que reciben mayor afluencia de fieles, especifica que sólo lo hacen sábado y domingo, “porque el párroco sólo abre la iglesia en fin de semana”, en un tono que suena a reproche. Un fallo en mátrix.

Esto es una Iglesia convertida en una torre de Babel. Nadie entiende nada y se mezclan constantemente los idiomas en una patética cacofonía que sería fácilmente resuelta si la Misa se celebrara en latín, el idioma universal de la Iglesia. De esta manera, las personas de cualquier lugar del mundo se sentirían en casa y podrían seguir toda la Misa con sus misalitos bilingües. Tampoco serían necesarios ministros extraordinarios de la comunión si existiera una baranda comulgatorio, que es una manera ordenada y ágil de que el sacerdote solo pueda repartir la comunión, con ayuda de un acólito sujetando la bandejita para que no caiga la hostia ni ninguna partícula al suelo. Pero no le digas a los curas del fórum Alsina que la Iglesia ya tenía maneras eficaces de que multitudes de cualquier nacionalidad oyeran Misa y comulgaran sin que el sacerdote necesitara un regimiento de ayudantes paseando por el templo, incluido el presbiterio, incesantemente…

Para colmo de males, Hakuna ha llegado a Gerona. De momento, sólo celebran una Hora Santa semanal ¡en la calle!, con un grupito de jóvenes y no tan jóvenes que se reúnen a tocar la guitarra y cantar sus pueriles cancioncitas pop ante el Santísimo, iluminado, con un mínimo ostensorio, en una mesa de plástico, con un par de velas. ¡Que están nominados a los Emmy latinos! ¿A qué distinción mayor podrían aspirar unos músicos católicos? Que Hakuna llegue a Gerona es lo más de la revitalización, parecen considerar desde la delegación diocesana de juventud. Un brote verde ilusionante que atraerá a los jóvenes como abejas a una flor. En el retiro de Adviento del año pasado incluso bendijeron a la llamada “Madre de Hakuna”, uno de los elementos de la marca de agua de adoración de Hakuna, como acertadamente lo llamó Carlos Balén.

Aunque la buena noticia hakunera no sea compartida por todos: el panfleto El Punt Avui, por ejemplo, se lamentaba en 2023 de los “jóvenes ultracatólicos en auge en Cataluña, ajenos a la manera de hacer propia e histórica de las parroquias y los jóvenes del país” (cuando dicen país, se refieren a la comunidad autónoma de Cataluña). Esos jóvenes y ese país que han apostatado en masa, olvidaba decir; algo muy evidente en Gerona.

En medio de este desierto y esta decrepitud generalizada, existe, sin embargo, como una hermosa flor crecida en una grieta del asfalto, una joven y creciente comunidad tradicional en la diócesis que busca desde hace tiempo un templo para poder celebrar la Misa vetus ordo, a la que el obispado desgraciadamente no responde y no cede ningún templo. Al contrario, ante las peticiones de distintos miembros de esa comunidad, se les deniega tal posibilidad. Un auténtico brote verde. Pero justamente el único de los “todos, todos, todos” que no tiene cabida en la Iglesia actual.

Todo esto me recuerda a un texto publicado en Germinans Germinabit hace unos años en que se describían las distintas situaciones de decadencia que vive cualquier diócesis, casi todas las diócesis, pero ante las cuales los obispos no sólo hacen la vista gorda, sino que no quieren siquiera escuchar hablar sobre ello. El mismo portal trataba recientemente la dolorosa pero cierta realidad de que “en Roma quieren obispos que sean silenciosos administradores de la decrepitud eclesial; que no destaquen en nada. Ni en estudios teológicos, ni en predicación, ni en gobierno. Perfiles grises, que no tengan carácter (…). Que mantengan la diócesis en coma inducido y no molesten al gobierno. El perfil que piden es tan estrecho, que no cabe ni un buen cura de pueblo. No quieren nombrar obispos a los curas buenos, capaces o piadosos. 

La consecuencia de todo ello, que viene sucediendo desde hace décadas, es evidente para cualquiera que no sea el obispo y sus sacerdotes incondicionales y laicos sinodales clericalizados: muchas diócesis, en general, y la diócesis de Gerona en particular, se mueren. ¿Y qué hace el obispo? Huye hacia adelante, multiplicando aún más las actividades y noticias, por mínimas que sean, en sus medios de comunicación social, sin la más mínima autocrítica. 

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