Cinco mujeres que acusan al sacerdote esloveno Marko Ivan Rupnik de abusos han dirigido una carta abierta a León XIV para denunciar el silencio que rodea el proceso canónico contra el exjesuita y reclamar claridad, transparencia, celeridad e independencia judicial. La misiva, fechada este 23 de septiembre en Roma y difundida por la abogada Laura Sgrò, ha sido publicada íntegramente por La Nuova Bussola Quotidiana.
Las firmantes son Gloria Branciani, Mirjam Kovač, sor Samuelle, Vida Bernard y una quinta mujer que utiliza el seudónimo de Pia por temor a posibles represalias. Aseguran que solo conocen por los medios de comunicación que ha comenzado un proceso contra Rupnik y que Sgrò, pese a haberse dirigido repetidamente al Dicasterio para la Doctrina de la Fe para solicitar información, «nunca ha recibido respuesta».
«Una nueva y dolorosa violencia del silencio»
Las cinco mujeres describen esta situación como una prolongación del daño que denuncian haber sufrido.
«Este ensordecedor y prolongado silencio es vivido por nosotras, las víctimas, como una ulterior y continuada violencia», afirman. En la carta hablan de abusos «sexuales, físicos, psicológicos y espirituales» y sostienen que ahora se añade «esta nueva y dolorosa violencia del silencio y del abandono del sistema judicial».
También aseguran haber sido públicamente desacreditadas, acusadas de ser «prostitutas», «mentirosas», de haber recibido dinero para acusar a Rupnik y de haberse enriquecido con el caso.
Según las firmantes, la forma en que se ha desarrollado el caso puede desalentar a otras personas que estén considerando denunciar abusos ante las autoridades eclesiásticas. «El mensaje de nuestras denuncias que ha pasado es precisamente este: es inútil denunciar un abuso a la autoridad eclesiástica, porque de todos modos no sucede nada, nadie pagará y las víctimas nunca tendrán justicia», escriben.
Francisco ordenó reabrir el caso en 2023
Las acusaciones contra Rupnik adquirieron dimensión pública a finales de 2022. Varias mujeres, algunas de ellas antiguas religiosas de la Comunidad Loyola, lo han acusado desde entonces de abusos sexuales, espirituales y psicológicos.
En octubre de 2023, después de que la Pontificia Comisión para la Protección de los Menores comunicara a Francisco que existían «graves problemas» en la manera en que se había gestionado el caso y una falta de cercanía hacia las víctimas, el entonces Pontífice pidió al Dicasterio para la Doctrina de la Fe que revisara el expediente.
Francisco decidió además levantar la prescripción para permitir la celebración de un proceso, según comunicó oficialmente la Santa Sede el 27 de octubre de 2023.
El procedimiento dio un paso decisivo en octubre de 2025 con el nombramiento de los cinco jueces encargados del caso. El Dicasterio explicó entonces que el tribunal estaba compuesto por personas ajenas al propio organismo y sin cargos en otros dicasterios de la Curia Romana, una elección destinada a garantizar mejor «la autonomía y la independencia» del tribunal.
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Rupnik no ha sido declarado culpable en este procedimiento y conserva la presunción de inocencia mientras el tribunal no emita una resolución.
Las denunciantes aseguran que nadie las ha llamado
La principal objeción planteada ahora por las cinco mujeres se refiere precisamente al funcionamiento del proceso.
Según explican en su carta, conocen la existencia del procedimiento únicamente por lo publicado en los medios. Aseguran que Sgrò ha solicitado repetidamente información al Dicasterio para la Doctrina de la Fe sin recibir respuesta. Reuters recoge además que las cinco mujeres afirman no haber podido prestar testimonio dentro del actual proceso.
La falta de información cobró especial importancia durante el verano, cuando comenzaron a circular informaciones que apuntaban a una supuesta absolución de Rupnik.
El 22 de julio, el director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, Matteo Bruni, desmintió esas informaciones y aseguró que cualquier noticia sobre una deliberación de los jueces era «absolutamente infundada».
Bruni confirmó que la evaluación seguía en curso y que el tribunal estaba examinando documentación procedente de las diócesis implicadas, de los jesuitas, de los interesados y de informaciones publicadas en los medios.
El Vaticano defiende la confidencialidad
La Santa Sede defendió entonces expresamente el hermetismo del procedimiento. Según explicó Bruni, durante un proceso judicial no puede divulgarse información sobre la actividad en curso, tanto por respeto al propio procedimiento como para evitar perjuicios a las personas implicadas.
El portavoz añadió que, si el tribunal considera necesaria información adicional, será el propio colegio judicial el encargado de solicitarla. También confirmó que se trata de un proceso penal canónico de naturaleza judicial, celebrado pese a la prescripción que pudiera afectar a los eventuales delitos, y que deberá pronunciarse sobre la culpabilidad o inocencia de Rupnik conforme al Derecho Canónico.
La explicación de la Santa Sede contrasta con la posición expresada ahora por las denunciantes. Para el Vaticano, la reserva protege la integridad del procedimiento; para las cinco mujeres, el grado de silencio que lo rodea las ha dejado sin información sobre un proceso en el que sus denuncias ocupan un lugar central.
«Un proceso celebrado en el olvido no ofrece garantías a nadie»
Las cinco denunciantes cuestionan ahora las consecuencias que está teniendo esa reserva sobre quienes formularon las acusaciones.
«Un proceso celebrado en el olvido no ofrece garantías a nadie, ni al acusado ni a las víctimas», escriben. Sostienen que semejante situación resulta incompatible con «los conceptos mismos de derecho, verdad, justicia, equidad y misericordia».
Las firmantes aseguran que no pretenden «entregarse al olvido» ni renunciar a buscar justicia y piden ser consideradas «un recurso, no un obstáculo» en el esclarecimiento de los hechos.
Su petición final se dirige directamente a León XIV: reclaman que se garanticen «el contradictorio entre las partes, claridad, transparencia, celeridad, imparcialidad e independencia de los jueces», de modo que tanto el juicio como su resultado, «sea cual sea», no conserven sombras.
León XIV se pronunció sobre el caso en noviembre de 2025, poco después del nombramiento del tribunal. El Pontífice recordó entonces que la presunción de inocencia hasta que se demuestre la culpabilidad también rige en la Iglesia y expresó su esperanza de que el proceso pudiera aportar «claridad y justicia para todos los implicados».
Las cinco mujeres cierran ahora su petición con una frase dirigida al Pontífice: «Necesitamos verdad, Santidad, pero, al igual que nosotras, también la Iglesia la necesita mucho».
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A continuación, ofrecemos la traducción íntegra al español de la carta publicada por La Nuova Bussola Quotidiana:
Carta abierta al papa León XIV de cinco víctimas de don Marko Ivan Rupnik
Roma, 23 de septiembre de 2026
Santidad:
Somos cinco víctimas de don Marko Ivan Rupnik: Gloria Branciani, Mirjam Kovač, sor Samuelle, Vida Bernard y Pia; esta última, por un temor fundado a sufrir represalias, ha optado por utilizar un nombre ficticio.
Hemos decidido escribirle con ocasión de su viaje a Francia y, en particular, de su visita a Lourdes, donde se encontrará con víctimas de abusos como nosotras, en un lugar donde ya no serán visibles, en la fachada de la basílica, los mosaicos de don Rupnik, tras la decisión de Su Excelencia monseñor Jean-Marc Micas, obispo de Tarbes y Lourdes, de cubrirlos definitivamente. Un gesto muy fuerte y valiente que hemos apreciado mucho, también porque hacia nosotras nunca se ha respirado un clima de solidaridad; al contrario, siempre hemos encontrado mucha oposición y hostilidad.
Solo sabemos por los medios de comunicación que ha comenzado un proceso contra don Rupnik, porque nuestra defensora, la abogada Laura Sgrò, pese a haberse dirigido repetidamente y por todos los medios al Dicasterio para la Doctrina de la Fe para obtener un mínimo de claridad —en el respeto y el interés de todos— sobre el procedimiento en el que estamos implicadas como víctimas, nunca ha recibido respuesta.
Este ensordecedor y prolongado silencio es vivido por nosotras, las víctimas, como una ulterior y continuada violencia, que se añade, con el peso de una roca, a la violencia que ya hemos sufrido. Violencia sexual, física, psicológica, espiritual; una violencia prolongada en el alma, a la que ahora se añade también esta nueva y dolorosa violencia del silencio y del abandono por parte del sistema judicial.
Hemos sido acusadas —mejor dicho, difamadas— de ser prostitutas, mentirosas, de haber recibido dinero para acusar a don Rupnik, de habernos enriquecido con esta horrible historia. Abusadas y ultrajadas, continuamos, por tanto, sufriendo violencia en medio del silencio sepulcral y de la indiferencia de quienes han sido llamados a decidir sobre nuestras vidas. Y, lamentablemente, precisamente la violencia que todavía sufrimos públicamente no hace sino desalentar a quienes, como nosotras, han sufrido el mismo trato y estarían pensando en denunciarlo.
Nos hemos convertido, obtorto collo, de un ejemplo positivo en un ejemplo negativo. Porque el mensaje que ha quedado de nuestras denuncias es precisamente este: es inútil denunciar un abuso ante la autoridad eclesiástica, porque de todos modos no sucede nada, nadie pagará y las víctimas nunca tendrán justicia. Porque nosotras, Santidad, hemos perdido todo rastro de la justicia y porque un proceso celebrado en el olvido no ofrece garantías a nadie, ni al acusado ni a las víctimas, y es incompatible con los propios conceptos de derecho, verdad, justicia, equidad y misericordia que usted, Santidad, siempre tiene presentes.
No tenemos intención de entregarnos al olvido ni tampoco de renunciar a la justicia, hasta que sea reconocida la gravedad de los hechos ocurridos y el responsable sea castigado. Y en este tortuoso camino hacia la verdad quisiéramos ser consideradas un recurso, no un obstáculo.
Nos ponemos en sus manos y confiamos en usted, Santo Padre, como supremo Pastor de la Iglesia, para que ejerza su suprema potestad de juicio y de gracia y escuche nuestra petición, que es la de toda víctima de abusos que desea el reconocimiento de la verdad mediante un proceso justo.
Le pedimos que se garanticen siempre el contradictorio entre las partes, la claridad, la transparencia, la celeridad, la imparcialidad y la independencia de los jueces, para que el juicio y su resultado —sea cual sea— no conserven sombras.
Necesitamos verdad, Santidad, pero, al igual que nosotras, también la Iglesia la necesita mucho.
Gloria Branciani
Mirjam Kovač
Sor Samuelle
Vida Bernard
Pia