El sacerdote y canonista alemán Georg May ha cumplido cien años este 14 de septiembre. Catedrático durante más de tres décadas en la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia, May es una de las figuras históricas del catolicismo tradicional alemán y una voz particularmente crítica con la deriva doctrinal, teológica y litúrgica que ha seguido al Concilio Vaticano II.
Nacido el 14 de septiembre de 1926 en Liegnitz, en la entonces Silesia alemana, fue ordenado sacerdote el 1 de abril de 1951. Su centenario coincide así con sus 75 años de sacerdocio, después de una vida en la que ha combinado el estudio del Derecho Canónico con el ministerio sacerdotal y una defensa pública de la doctrina y la tradición de la Iglesia.
Un canonista marcado por la defensa de la tradición
May se doctoró en 1955 y continuó su formación en el Instituto de Derecho Canónico de Múnich, donde obtuvo posteriormente la habilitación universitaria. En 1958 fue nombrado profesor en Freising y dos años después asumió la cátedra de Derecho Canónico de la Universidad Johannes Gutenberg de Maguncia.
Allí enseñó desde 1960 hasta su jubilación en 1994. Fue además decano de la Facultad de Teología Católica y presidió entre 1966 y 1969 la asociación de facultades universitarias de Teología Católica de Alemania.
Pero la importancia de May dentro del catolicismo alemán no se limita a su trayectoria universitaria. Es conocido especialmente por su defensa de la tradición doctrinal y litúrgica y por sus críticas a la evolución de la Iglesia después del Concilio Vaticano II.
Frente a quienes han interpretado el Vaticano II como el comienzo de una Iglesia sustancialmente nueva, May ha defendido la continuidad con el Magisterio y la Tradición anteriores.
«El Concilio Vaticano II no fue un superconcilio», afirmó en una entrevista de 2013 al hacer balance del pontificado de Benedicto XVI. Para el canonista, el último Concilio no puede convertirse en el único criterio desde el que juzgar toda la historia precedente de la Iglesia.
Su crítica a la crisis posconciliar
Una parte importante de la obra de May está dedicada precisamente al diagnóstico de la crisis de fe posterior al Concilio.
El canonista ha señalado durante décadas la pérdida del primado de la doctrina, la influencia del protestantismo sobre sectores de la teología católica, el debilitamiento de la disciplina eclesiástica y las consecuencias de las transformaciones litúrgicas.
Su crítica no consiste simplemente en atribuir todos los problemas de la Iglesia al Vaticano II. May distingue entre los textos conciliares y las interpretaciones y desarrollos posteriores, pero rechaza que la apelación al llamado «espíritu del Concilio» pueda justificar una ruptura con la tradición anterior.
Esta preocupación atraviesa buena parte de su extensa producción intelectual y alcanza una de sus expresiones más ambiciosas en 300 Jahre gläubige und ungläubige Theologie («300 años de teología creyente e increyente»), obra publicada en 2017 en la que examina tres siglos de teología protestante y católica desde el criterio de su fidelidad a la fe.
Benedicto XVI: «Siempre has defendido la doctrina de la fe católica»
La obra y la trayectoria de May recibieron además el reconocimiento personal de Benedicto XVI, con quien el canonista mantuvo correspondencia durante años.
Antes de la publicación de 300 Jahre gläubige und ungläubige Theologie, Joseph Ratzinger expresó a May su preocupación por la situación de las facultades teológicas alemanas. El Papa emérito lamentaba que buena parte de ellas ya no condujeran a los estudiantes hacia la fe y, menos aún, los ayudaran en el camino hacia el sacerdocio.
Por ello consideraba particularmente oportuno un estudio que abordara críticamente la aparición y expansión de una teología que había dejado de partir de la fe de la Iglesia.
En otra carta, Benedicto XVI agradeció a May «la claridad con la que siempre has defendido la doctrina de la fe católica y te has comprometido públicamente con ella».
El reconocimiento no quedó únicamente en el terreno intelectual. En 2011, durante su pontificado, Benedicto XVI concedió a Georg May la dignidad de protonotario apostólico.
Fiel a la liturgia tradicional
May mantiene también una estrecha identificación con la liturgia tradicional, en la que comenzó su ministerio sacerdotal mucho antes de la reforma litúrgica posterior al Vaticano II.
Su posición sobre la liturgia forma parte de su diagnóstico general de la situación de la Iglesia: la secularización exterior no basta, a su juicio, para explicar la pérdida de la práctica religiosa y de las vocaciones, sino que es necesario examinar también lo ocurrido dentro de la propia Iglesia en la teología, la catequesis, la disciplina y el culto.
May ha continuado ejerciendo su ministerio sacerdotal. Durante décadas ha celebrado la Misa y atendido regularmente el confesionario. En noviembre de 2025 se informó de que su estado de salud ya no le permitía continuar celebrando públicamente la Misa ni confesando como hasta entonces.
Cien años y 75 de sacerdocio
El centenario ha motivado también una felicitación del obispo de Maguncia, Peter Kohlgraf, quien ha recordado tanto su larga trayectoria académica como su fidelidad al ministerio sacerdotal.
«Cien años son una edad muy bendecida, por la que se puede estar agradecido», señaló el prelado, quien recordó que May enseñó Derecho Canónico durante varias décadas en Maguncia y «siempre ha permanecido fiel al ministerio sacerdotal».
A sus cien años y después de 75 de sacerdocio, Georg May sigue siendo una referencia para el catolicismo tradicional de lengua alemana: un canonista que ha dedicado décadas a defender la continuidad doctrinal y litúrgica de la Iglesia y a advertir sobre las consecuencias de aquellas corrientes que, amparándose en el posconcilio, han pretendido convertir la renovación eclesial en ruptura con la tradición.
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