Las consagraciones episcopales que la Fraternidad Sacerdotal San Pío X contempla para julio de 2026 continúan generando fuertes reacciones en Francia. El canonista y sacerdote Albert Jacquemin, antiguo miembro de la FSSPX y actualmente presidente del Tribunal Penal Canónico Nacional de la Conferencia Episcopal Francesa, ha asegurado que unos nuevos obispos consagrados sin mandato pontificio ya no serían un acto aislado como en 1988, sino “la consumación de un cisma de hecho”.
Las declaraciones fueron realizadas en una extensa entrevista concedida a Le Salon Beige con motivo de la publicación de su nuevo libro Le Choix de la rupture. Mgr Lefebvre, Rome, les sacres, 1974-2026, una obra dedicada a analizar el recorrido doctrinal y eclesiológico de monseñor Marcel Lefebvre desde los años posteriores al Concilio Vaticano II hasta la actualidad.
“La cuestión ya no es litúrgica, sino eclesiológica”
Jacquemin sostiene que el verdadero conflicto entre Roma y la Fraternidad San Pío X ya no gira principalmente en torno a la liturgia tradicional, sino sobre la autoridad doctrinal y la naturaleza misma de la Iglesia.
“El problema ya no es la misa tradicional”, afirma el sacerdote francés, recordando que el rito de san Pío V sigue celebrándose en numerosas comunidades plenamente reconocidas por Roma.
A su juicio, la posible repetición de las consagraciones episcopales de 1988 demostraría que la Fraternidad ha asumido progresivamente una lógica de autonomía doctrinal y jerárquica frente a la Santa Sede.
Según explica, la FSSPX habría desarrollado una “eclesiología de suplencia”, atribuyéndose de facto la misión de preservar la verdadera Tradición frente a lo que considera las desviaciones doctrinales de la Iglesia contemporánea.
“Un estado de necesidad no puede invocarse contra el Papa”
Uno de los argumentos centrales utilizados históricamente por la Fraternidad para justificar las consagraciones episcopales sin autorización papal ha sido el llamado “estado de necesidad” dentro de la Iglesia.
Sin embargo, Jacquemin rechaza frontalmente esa interpretación. El canonista recuerda que el derecho de la Iglesia contempla circunstancias excepcionales donde puede existir un verdadero estado de necesidad, pero insiste en que nunca puede utilizarse contra la voluntad explícita del Romano Pontífice.
Además, subraya que en 1988 Roma ya había aceptado la posibilidad de consagrar un obispo procedente de la Fraternidad mediante un acuerdo canónico con monseñor Lefebvre, lo que —según sostiene— invalidaba completamente el argumento de que no existía otra solución legítima.
Por ello, recuerda que san Juan Pablo II calificó aquellas consagraciones como un “acto cismático” en el motu proprio Ecclesia Dei.
Jacquemin critica la evolución doctrinal de la Fraternidad
El sacerdote francés considera que la posición actual de la FSSPX es aún más radical que la de 1988.
Según afirma, la Fraternidad sostiene implícitamente que los medios ordinarios de santificación prácticamente han desaparecido de la Iglesia y que solo ella conservaría plenamente la Tradición católica.
Para Jacquemin, esa visión contradice directamente la doctrina católica sobre la indefectibilidad de la Iglesia y termina trasladando la autoridad doctrinal desde Roma hacia una estructura paralela.
“La autoridad real se desplaza de hecho hacia la jurisdicción de la Fraternidad”, afirma.
Traditionis Custodes y la responsabilidad de Roma
Durante la entrevista, Jacquemin aborda el impacto de Traditionis Custodes, el documento promulgado durante el pontificado de Francisco que restringió considerablemente la celebración de la liturgia tradicional.
El canonista admite que esas medidas pudieron generar incomprensión y malestar entre numerosos fieles vinculados a la misa tradicional, pero considera que eso no justifica unas nuevas consagraciones sin mandato pontificio.
A su juicio, el problema de fondo ya no es litúrgico, sino doctrinal y eclesiológico: la pretensión de la Fraternidad de constituirse como referencia normativa frente al magisterio romano.
¿Excomunión para los futuros obispos?
Jacquemin recuerda además que el derecho canónico prevé automáticamente la excomunión para quienes participen en una consagración episcopal sin mandato del Papa.
El sacerdote responde también a quienes comparan esta situación con las polémicas doctrinales surgidas en Alemania alrededor del llamado “camino sinodal”.
Aunque reconoce la gravedad de algunas posiciones defendidas por sectores de la Iglesia alemana, sostiene que jurídicamente no se trata del mismo tipo de acto canónico.
Mientras una consagración episcopal sin permiso pontificio constituye inmediatamente una ruptura pública de la comunión jerárquica, las desviaciones doctrinales requieren procesos distintos y un discernimiento progresivo por parte de Roma.
Pese a ello, Jacquemin reconoce que en ambos casos está en juego una misma cuestión de fondo: la unidad de la Iglesia y la comunión efectiva con el sucesor de Pedro.