Un experto en liturgia reivindica el Vetus Ordo: «La lex orandi tiene el poder de estabilizar una Iglesia que ha perdido su orientación»

Un experto en liturgia reivindica el Vetus Ordo: «La lex orandi tiene el poder de estabilizar una Iglesia que ha perdido su orientación»

Peter A. Kwasniewski, profesor, escritor y conocido defensor de la liturgia tradicional, sostiene que la recuperación del Vetus Ordo puede desempeñar un papel decisivo ante la crisis doctrinal, moral y espiritual de la Iglesia. «La lex orandi tiene el poder de estabilizar una Iglesia que ha perdido su orientación», afirma en una entrevista en la que aborda también las restricciones de Traditionis custodes, las señales procedentes de Roma bajo León XIV y la situación de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX).

En una entrevista publicada el 5 de septiembre por el medio católico alemán Certamen, Kwasniewski defiende que la cuestión litúrgica precede a otros problemas eclesiales porque la forma de rendir culto a Dios configura también la fe y la vida moral. Desde esa perspectiva reclama una vuelta a la «paz litúrgica de Summorum Pontificum», el motu proprio de Benedicto XVI que amplió en 2007 la celebración según el Misal Romano de 1962.

«Necesitamos volver a la paz litúrgica de Summorum Pontificum»

Partiendo de las declaraciones realizadas a finales de julio por el cardenal Arthur Roche —prefecto del Dicasterio para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos— quien descartó una modificación de Traditionis custodes y una vuelta al marco establecido por Summorum Pontificum, Kwasniewski considera que esas palabras no deben interpretarse automáticamente como una expresión definitiva de la posición de León XIV.

«En primer lugar, debemos tener claro que el cardenal Roche habla por sí mismo. No se puede presuponer que conozca perfectamente la mente del Papa —¿quién la conoce a estas alturas?—, ni tampoco que el Papa haga suyo automáticamente todo lo que dicen los colaboradores vaticanos en entrevistas o artículos», sostiene.

El académico recuerda que León XIV ha mantenido encuentros con conocidos defensores de la liturgia tradicional y destaca también las palabras dirigidas por el Pontífice a los obispos franceses, a quienes pidió actuar pastoralmente con los fieles vinculados al antiguo rito.

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Asimismo señala que, mientras no exista una decisión más clara, la situación sobre el terreno seguirá dependiendo en buena medida de cada obispo.

«En una diócesis un obispo erige una nueva parroquia tradicional atendida por un instituto Ecclesia Dei, mientras que en la diócesis vecina otro obispo suprime todas las Misas en latín», explica.

A su juicio, esa disparidad no puede prolongarse indefinidamente. «La Iglesia católica parece comportarse cada vez más como los anglicanos, que fingen unidad en medio de un desacuerdo radical en doctrina y vida. Esto no puede sostenerse a largo plazo. Necesitamos volver a la paz litúrgica de Summorum Pontificum».

Kwasniewski es especialmente crítico con Traditionis custodes. Considera que la normativa promulgada por Francisco en 2021 presenta problemas jurídicos y teológicos y señala su aplicación desigual como prueba de sus dificultades.

«Ya está siendo aplicada, adaptada e ignorada por partes: el signo seguro de una legislación fallida», afirma.

«La lex orandi tiene el poder de reorientar a la Iglesia hacia lo divino»

Situando la cuestión litúrgica más allá de la discusión sobre la autorización o prohibición de determinadas celebraciones, para él, la recuperación del culto tradicional está relacionada con la restauración de la doctrina y de la vida moral católicas.

«La lex orandi tiene el poder de reorientar a la Iglesia hacia lo divino; la desorientación antropocéntrica es el mal más grave y deformante de nuestro tiempo. La lex orandi tiene el poder de estabilizar una Iglesia que ha perdido su orientación. La lex orandi tiene el poder de volver a arraigar a la Iglesia en su patrimonio dogmático y en las exigencias morales que derivan de él», sostiene.

Esta convicción explica que coloque la recuperación del Vetus Ordo antes que otras batallas eclesiales. Kwasniewski reconoce las desviaciones doctrinales y morales que identifica en el periodo posterior al Concilio Vaticano II, pero considera insuficiente combatirlas sin abordar también la forma en que la Iglesia rinde culto.

Según explica, durante más de medio siglo los llamados sectores «conservadores» han intentado recuperar claridad en materia dogmática y moral mientras numerosas instituciones católicas —diócesis, universidades y comunidades religiosas— se debilitaban y grandes cantidades de bautizados abandonaban la práctica religiosa.

«La única “medicina” que puede curar esta enfermedad es la decisión radical de entregarse al culto divino tal como tradicionalmente ha sido entendido y practicado. Esa es la semilla de mostaza de la que puede crecer la renovación. En otro lugar buscamos en vano», afirma.

Desde esta perspectiva, Kwasniewski considera necesaria una firme fidelidad al antiguo rito entre los sacerdotes que lo celebran. Defiende que continúen haciéndolo incluso discretamente cuando sea necesario y llega a sostener que, ante determinados intentos de prohibición, deben «oponerse abiertamente».

«Deben hacer lo que tuvo que hacerse a finales de los años sesenta y principios de los setenta para preservar la tradición romana. Si nadie hubiera actuado entonces con semejante valor y celo, hoy no tendríamos el usus antiquior», asegura.

La FSSPX y qué significa «adherirse formalmente»

Después de las consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio el pasado julio por la FSSPX y de las posteriores decisiones adoptadas por Roma, Certamen pregunta a Kwasniewski por la nota romana que, además de la declaración relativa a los seis obispos implicados, aborda la situación de los clérigos de la Fraternidad y de aquellos laicos que se «adhieran formalmente» a ella.

El académico sostiene que debe distinguirse entre la pena declarada contra los seis obispos y el contenido explicativo de la nota.

«Las penas de la declaración se aplican únicamente a los seis obispos, no a los clérigos ni a los fieles laicos, y la nota no cambia eso», afirma.

Respecto de los laicos, rechaza que la mera asistencia a una capilla de la FSSPX constituya por sí sola una adhesión formal.

«Ningún laico que asiste a Misa en una capilla de la Fraternidad porque ama el rito antiguo y quiere adorar a Dios en él es por eso un cismático», sostiene.

Kwasniewski introduce, sin embargo, una distinción respecto de quienes defienden acudir indistintamente a las capillas de la Fraternidad. A su juicio, resulta «más difícil de justificar» hacerlo cuando en la misma zona existe otra posibilidad de participar en el rito tradicional dentro de una estructura canónicamente regular.

«Mantener la comunión viva, activa y visible con el ordinario local es un bien real y fundamental en la Iglesia católica, y su ausencia es un mal», afirma.

Si un católico puede disponer al mismo tiempo de «la plenitud de la liturgia tradicional» y de la unidad jerárquica, añade, esa situación constituye «una manera más plena y perfecta de vivir la fe católica» que poseer solamente uno de esos bienes.

«Si solo pudiera encontrar la Misa en la Fraternidad, iría sin vacilar»

Para finalizar, se refiere a la cuestión de conciencia que puede plantearse a un católico cuando considera que existe una tensión entre determinadas decisiones de miembros de la jerarquía y la conservación de la Tradición.

Kwasniewski rechaza las soluciones que reducen el problema a una «obediencia por encima de todo», pero también el extremo contrario de negar indiscriminadamente la autoridad de la jerarquía. Descarta expresamente el sedevacantismo, que califica de «monstruosidad».

«No somos donatistas que creen que la sucesión apostólica y la eficacia sacramental dependen de la rectitud moral personal de los ministros; y tampoco estamos en condiciones de convertirnos simultáneamente en juez, jurado y verdugo de los ministros que consideramos herejes», explica.

Para el académico, uno de los puntos firmes desde los que forma su propio juicio de conciencia es la liturgia tradicional en toda su amplitud. No se refiere únicamente a la Misa, sino también a los demás sacramentos, el Oficio Divino, los sacramentales, las ceremonias pontificales y el patrimonio teológico, espiritual y cultural desarrollado alrededor de ellos.

«Eso para mí sencillamente no es negociable; no existe ningún otro bien creado que pese más», afirma.

De ahí deriva su posición ante la posibilidad de encontrarse en un lugar donde la única Misa tradicional disponible fuese celebrada por la FSSPX.

«Si me encontrara en una situación en la que solo pudiera encontrar la Misa en la Fraternidad, iría sin vacilar. Eso no tiene nada que ver con el cisma y sí todo que ver con el culto divino, que es el deber moral supremo del hombre», asegura. Si tampoco tuviera esa posibilidad, añade, buscaría una liturgia católica oriental.

El escritor insiste en que presenta esa decisión como el resultado de su propio juicio de conciencia y no como una regla que pretenda imponer a otros fieles.

«No presionaría a nadie para que lo aceptara ni criticaría a nadie por no hacerlo si no está completamente convencido de que es correcto. Así son las situaciones morales difíciles», explica.

Para Kwasniewski, la conciencia debe formarse individualmente mediante la fe y la razón y no puede «externalizarse» para que otra persona realice en lugar del fiel ese juicio práctico.

Paciencia ante «tiempos oscuros»

El académico concluye pidiendo comprensión entre los católicos que llegan a conclusiones diferentes ante estas cuestiones. Describe el momento actual como un periodo de gran confusión, en el que distintas autoridades ofrecen orientaciones que pueden parecer contradictorias.

Su petición se dirige particularmente a los tradicionalistas. Kwasniewski recuerda que muchos de quienes hoy defienden la liturgia tradicional pasaron antes por un proceso de descubrimiento y recibieron, según sus palabras, gracias que no habían merecido.

«Los tradicionalistas han sido maltratados durante mucho tiempo, y probablemente seguirá siendo así durante algún tiempo. Pero podemos mostrar al mundo que nuestra respuesta consiste en rezar más, perdonar, mostrar un amor sincero, hacer de la alegría del Señor nuestra fortaleza, no cansarnos de hacer el bien y renovar siempre la invitación: “Ven y verás”».

Kwasniewski es doctor en Filosofía por la Catholic University of America y fue uno de los fundadores del Wyoming Catholic College, donde impartió Teología, Filosofía, Música e Historia del Arte hasta 2018. Actualmente desarrolla su actividad como escritor, conferenciante y editor, dirige Os Justi Press y ha publicado más de veinte libros, buena parte de ellos dedicados a la liturgia romana tradicional.

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