Chimes of Freedom

Chimes of Freedom
Bob Dylan, de William Claxton, 2006 [Fuente: The Nobel Prize]

Por P. Raymond J. de Souza

Este verano me hice de una nueva canción favorita: Chimes of Freedom de Bob Dylan. No es una canción nueva; data de comienzos de los años sesenta. Me era por completo desconocida hasta hace unos meses, en el Madison Square Garden, donde Bruce Springsteen la usó como canción final de su gira Land of Hope and Dreams. La usó también en su gira europea del año pasado. No soy el único que a menudo prefiere las versiones de otros al propio Dylan.

¿Es la música de Bob Dylan una Catholic thing?

Más de un homilista ha citado su canción de 1979 Gotta Serve Somebody, sobre todo contra el argumento de que los incrédulos son más libres porque no tienen que servir a Dios. Dylan sabía más: «It may be the devil, or it may be the Lord/ But you’re gonna have to serve somebody».

En mayo, por el 85.º cumpleaños de Dylan —y el 40.º aniversario de su propia ordenación sacerdotal—, el obispo Robert Barron grabó un video cantando You’re Gonna Make Me Lonesome When You Go.

En junio, el papa León XIV le ganó a Barron, citando a Dylan en el prólogo de una antología sobre la paz y el desarme. Citó letras de 1963 que Dylan nunca grabó él mismo, Go Away You Bomb. Eso es dylanología seria. «Como escribió el cantautor y poeta Bob Dylan, dirigiéndose figuradamente a la bomba atómica en uno de sus poemas: “I hate you because man created you, and man possesses and controls you”», escribió el papa León.

Luego estuvo Dylan con san Juan Pablo Magno en Bolonia, en el Congreso Eucarístico italiano de 1997, que tenía un aire de Jornada Mundial de la Juventud. Invitado a cantar en presencia del papa y de unos 300.000 jóvenes, Dylan cantó Knockin’ on Heaven’s Door y A Hard Rain’s Gonna Fall. Tras saludar al Juan Pablo de 77 años, concluyó con Forever Young.

Juan Pablo no era un dylanólogo, pero alguien en el taller de discursos papales pensó que Dylan podría haber cantado Blowing in the Wind.

«¡La respuesta a las preguntas de vuestra vida “is blowing in the wind”! ¡Es verdad!», dijo Juan Pablo. «Pero no en el viento que se lleva todo en remolinos vacíos, sino en el viento que es el soplo y la voz del Espíritu. . . .How many roads must a man walk down before you call him a man? Yo os respondo: one! Solo hay un camino para el hombre y es Cristo».

Chimes of Freedom trata de refugiarse de una tormenta vespertina, de contemplarla desde un umbral, probablemente el de una iglesia. En la oscuridad del cielo, la lluvia que sopla, el granizo que rasga, el trueno ruidoso y los relámpagos, Dylan escribe «the sky cracked its poems in naked wonder/ That the clinging of the church bells blew far into the breeze».

La tormenta representa a todos los abatidos por la vida, el relámpago «flashing for the warriors whose strength is not to fight/ flashing for the refugees on the unarmed road of flight/ an’ for each an’ ev’ry underdog soldier in the night».

Las «bells of the lightning» «tolling for the rebel, tolling for the rake/ tolling for the luckless, the abandoned an’ forsaked/ tolling for the outcast, burnin’ constantly at stake».

La tormenta ruge por aquellos que el mundo olvida. Dylan hace eco de Lucas 14,21, donde los pobres, los lisiados, los cojos y los ciegos son acogidos en el banquete del señor.

Las «bells of lightning and its thunder» «striking for the gentle, striking for the kind/ striking for the guardians and protectors of the mind/. . .tolling for the tongues with no place to bring their thoughts/ tolling for the deaf an’ blind, tolling for the mute/ tolling for the mistreated, mateless mother, the mistitled prostitute/ for the misdemeanor outlaw, chased an’ cheated by pursuit».

Entonces destella el relámpago, los «chimes of freedom»: una luz que brilla en las tinieblas. Dylan nos invita a contemplar, en la tormenta, «upon the chimes of freedom flashing».

Springsteen la llamó «una de las más grandes canciones sobre la libertad humana jamás escritas». Es un tanto extravagante, pero es una gran canción, y expresa una verdad humana profunda: que fuimos creados para la libertad. Mucho antes de Dylan, el papa León XIII llamó «la libertad el más alto de los dones naturales».

El deseo permanece en el corazón en medio de tanto que conspira contra la libertad. La libertad puede parecer un breve destello de relámpago a través del largo valle de lágrimas.

Un destello brillante de libertad humana fue la Declaración Universal de los Derechos Humanos en 1948. Por su cuadragésimo aniversario, Amnistía Internacional organizó una gira mundial de conciertos, con Springsteen, Sting, Tracy Chapman, Joan Baez, Bono y Roy Orbison. ¿Cómo concluir, con tantas estrellas? Todos podían ponerse de acuerdo en Dylan, así que Chimes of Freedom fue el final.

Durante aquella gira de verano, Springsteen dio un concierto en solitario en Berlín Este. Las autoridades comunistas permitieron que viniera una estrella del rock occidental, con la esperanza de aplacar a su juventud… y de cooptar a la estrella.

Cuando Springsteen llegó a su concierto del 19 de julio de 1988, descubrió que los alemanes orientales lo habían anunciado como un «concierto por Nicaragua» en apoyo del régimen sandinista. Springsteen insistió en que los alemanes orientales quitaran sus carteles y pancartas. Cedieron, no fuera que Springsteen se negara a actuar, pero le ordenaron con firmeza que no hablara de política.

«No estoy a favor ni en contra de un gobierno», dijo Springsteen de todos modos. «He venido a tocar rock and roll para ustedes, con la esperanza de que un día todas las barreras serán derribadas».

La inmensa muchedumbre de 300.000 personas —la más grande de la carrera de Springsteen— sabía exactamente de qué barreras hablaba. Subrayó el punto lanzándose de inmediato a Chimes of Freedom: «In the city’s melted furnace, unexpectedly we watched with faces hidden while the walls were tightening».

Al año siguiente, los campanilleos de la libertad resonaron sobre el Muro de Berlín.

Los cielos se oscurecen, y la agenda de la libertad de finales de los años ochenta está en retirada. La tormenta se junta de nuevo. Los campanilleos de la libertad necesitan destellar otra vez.

Sobre el autor

El p. Raymond J. de Souza es un sacerdote canadiense, comentarista católico y Senior Fellow de Cardus.

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