Un obispo católico chino que permanece fuera de la Asociación Patriótica Católica China, el organismo controlado por el Estado, asegura que al menos diez nuevos obispos habrían sido consagrados secretamente en la provincia de Fujian, en el sureste de China, ante el temor de las comunidades clandestinas a que el creciente control gubernamental sobre la Iglesia comprometa su continuidad. El testimonio forma parte de un amplio informe publicado por Catholic World Report sobre la situación actual de los católicos bajo el régimen de Xi Jinping.
El autor, el historiador y sinólogo Anthony E. Clark, mantiene en reserva la identidad del prelado para proteger su seguridad. Según su testimonio, después de la firma en 2018 del Acuerdo Provisional entre la Santa Sede y la República Popular China sobre el nombramiento de obispos, la situación en Fujian habría llegado a convertirse en un «estado de emergencia» para los católicos que permanecen fuera de las estructuras oficiales.
«Al menos diez nuevos obispos»
El obispo citado por Clark afirma que entre los fieles de la Iglesia clandestina existe el temor de que, a medida que aumenta la influencia gubernamental sobre los obispos, «la integridad de la fe católica sufrirá».
Según su relato, para «garantizar la supervivencia de la Iglesia en China» se han realizado consagraciones episcopales secretas.
El prelado calcula que serían «al menos diez nuevos obispos» únicamente en Fujian, aunque no proporciona sus nombres, las fechas de las ordenaciones ni las identidades de los obispos consagrantes.
La provincia tiene una especial importancia en las relaciones entre Roma y Pekín. Allí se encuentra, entre otras, la archidiócesis de Fuzhou, donde durante décadas han coexistido comunidades reconocidas por el Gobierno y católicos clandestinos.
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«Chinos primero»
Los testimonios recogidos por Clark describen también el avance de la política de «sinización» de las religiones, promovida por Xi Jinping para adaptar las confesiones religiosas a la cultura china y, en la práctica política del régimen, al socialismo y a la dirección del Partido Comunista.
Durante una reunión reciente, una religiosa china afirmó ante los presentes que admiraba al misionero belga Vincent Lebbe (1877-1940) porque, según ella, habría comprendido que era necesario ser «chino primero y católico después».
«Somos chinos primero», afirmó.
Clark señala que otros católicos chinos con los que habló posteriormente se mostraron escandalizados por esas palabras y sostiene que no corresponden al pensamiento de Lebbe.
El episodio se produce mientras las estructuras católicas reconocidas por Pekín han reforzado las exigencias de adhesión política del clero. Las nuevas normas de conducta para sacerdotes, obispos, diáconos y religiosas de la Iglesia oficial exigen apoyar el liderazgo del Partido Comunista Chino, respaldar el sistema socialista y avanzar en la sinización del catolicismo.
La normativa establece asimismo que la doctrina y la disciplina católicas deben interpretarse bajo la guía de los «valores socialistas fundamentales» y de la cultura tradicional china.
Formación política en los seminarios
Clark recoge también el testimonio de un seminarista chino con quien conversó recientemente fuera del país.
El joven describió una formación en la que, según su experiencia, prácticamente no recibía dirección espiritual, mientras que los cursos exigidos por el Gobierno ocupaban una parte considerable del tiempo destinado a la oración y al estudio.
También aseguró que apenas veía a un obispo y afirmó que algunos sacerdotes son miembros del Partido Comunista.
«Todo el mundo en China sabe que el Partido penetra en la comunidad cristiana», le dijo al autor.
Las autoridades han desarrollado durante los últimos años distintas campañas de formación política aplicadas también a las comunidades religiosas. Entre ellas se encuentran programas destinados a promover la bandera nacional, la Constitución china, los valores socialistas y la cultura tradicional dentro de los espacios religiosos.
Otra de las campañas exige fomentar el patriotismo, el «amor al Partido» y el «amor al socialismo».
La situación del obispo clandestino de Wenzhou
El informe dedica también atención a monseñor Peter Shao Zhumin, obispo de Wenzhou, en la provincia de Zhejiang, reconocido por Roma pero no por el Gobierno chino.
Shao se ha negado reiteradamente a incorporarse a la Asociación Patriótica y ha sufrido numerosas detenciones y periodos de «reeducación».
El prelado fue designado por Benedicto XVI en 2007 como obispo coadjutor y sucedió a monseñor Vincenzo Zhu Weifang tras su muerte en 2016.
Las dificultades de Shao son anteriores al acuerdo sino-vaticano. Ya en 2021, un católico de Zhejiang fue sancionado con 200.000 yuanes por haber acogido en una capilla privada una Misa celebrada por el obispo. Las autoridades calificaron la celebración como una actividad religiosa ilegal y describieron al prelado, nombrado por el Papa, como una persona ordenada por una «institución extranjera».
Clark asegura ahora que las autoridades continúan deteniendo a Shao en torno a celebraciones litúrgicas importantes y que sacerdotes, religiosas y laicos de Wenzhou también han sufrido medidas represivas.
Según las informaciones recibidas por el autor, hasta el 90% de las capillas clandestinas de Wenzhou podrían haber sido incautadas y clausuradas en las campañas contra quienes se niegan a ingresar en la Asociación Patriótica. También en este caso se trata de una estimación transmitida al autor y no de una cifra oficial verificable.
Sacerdotes detenidos por peregrinar o distribuir libros religiosos
El informe sostiene además que algunos sacerdotes, religiosas y fieles que salen de China con visados turísticos y aprovechan el viaje para realizar peregrinaciones son detenidos posteriormente bajo la acusación de «cruce ilegal de fronteras», al considerar las autoridades que la finalidad religiosa de sus desplazamientos no coincide con la declarada en el visado.
Entre las pocas novedades positivas aparece la reciente liberación del sacerdote Ma Xianshi, de Wenzhou, después de cumplir una condena de 18 meses relacionada con la venta pública de libros religiosos.
Según informó AsiaNews, más de un centenar de personas acudieron a recibirlo a su salida del centro de detención. El sacerdote ha regresado a su diócesis y a su actividad pastoral.
Restricciones a los menores
Otro de los asuntos descritos es la prohibición aplicada en numerosas zonas de China para que los menores de 18 años reciban formación religiosa o participen en actividades dentro de los templos.
Clark precisa que esta prohibición no figura de esa forma en una ley nacional general, pero afirma que las autoridades locales la aplican con distinta intensidad dependiendo de la región.
Sacerdotes y religiosas han desarrollado mecanismos para mantener la formación y la vida sacramental de los jóvenes. Una religiosa explicó al autor que, puesto que las instrucciones se refieren específicamente a las instalaciones eclesiales, algunas Misas y encuentros para menores se celebran en otros lugares.
«El Gobierno mantiene un ojo abierto y el otro cerrado», resumió otra religiosa.
Los nombramientos episcopales bajo León XIV
El informe aborda igualmente uno de los asuntos más delicados de las relaciones entre Roma y Pekín: la elección de los obispos.
El Acuerdo Provisional firmado en 2018, renovado por última vez en 2024 por cuatro años, continúa siendo confidencial. Su contenido íntegro nunca ha sido publicado.
Durante la sede vacante posterior a la muerte de Francisco, las estructuras oficiales chinas eligieron a Ignatius Wu Jianlin para Shanghái y Francis Li Jianlin para Xinxiang. León XIV terminó aprobando posteriormente ambas candidaturas.
El caso de Wu fue especialmente singular: había sido elegido por las estructuras chinas el 29 de abril de 2025, durante la sede vacante, y Roma comunicó posteriormente que León XIV había aceptado su nombramiento el 11 de agosto.
En Xinxiang, Li Jianlin fue finalmente consagrado en diciembre de 2025 después de que la Santa Sede aceptara la renuncia de Joseph Zhang Weizhu, obispo de referencia de la comunidad clandestina que había padecido durante años detenciones y presiones de las autoridades.
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Este verano se han producido otros dos nombramientos dentro del mecanismo pactado entre Roma y Pekín. León XIV aprobó el 15 de junio las candidaturas de Giuseppe Chang Yanfeng, posteriormente ordenado obispo de Chifeng, y Francisco Javier Duan Yongkun, obispo coadjutor de Bameng, ambas circunscripciones situadas en Mongolia Interior.
En el caso de Chang, la comunicación de las autoridades chinas omitió toda referencia a la aprobación pontificia y destacó, en cambio, que había sido elegido por los organismos oficiales y autorizado por las autoridades estatales.
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La memoria de quienes se negaron a ingresar en la Iglesia Patriótica
Clark explica que los católicos chinos continúan transmitiendo la memoria de sacerdotes que sufrieron la persecución durante el periodo maoísta y se negaron a ingresar en las estructuras eclesiales controladas por el régimen.
Entre ellos recuerda al jesuita Zhu Hongsheng (1916-1993), perteneciente a una familia católica desde hacía más de tres siglos. Ordenado sacerdote en 1944, fue detenido por primera vez en 1953 y pasó, entre sucesivas detenciones, más de 31 años en las cárceles chinas sin renunciar a su fe.
También menciona al jesuita Stanislas Shen Baishun (1903-1985), acusado por las autoridades de formar parte de un grupo «contrarrevolucionario» vinculado a fuerzas extranjeras, referencia con la que el régimen señalaba al Vaticano.
Ambos son recordados, señala Clark, entre otras razones por haberse negado a incorporarse a la estructura patriótica.
El autor matiza, sin embargo, que la frontera entre las comunidades llamadas oficial y clandestina es mucho menos rígida sobre el terreno de lo que puede parecer desde fuera de China. Católicos de ambos ámbitos reconocen a sacerdotes y obispos del otro y, según su experiencia, prácticamente no existe entre los fieles la idea de que los miembros de la estructura oficial pertenezcan a «otra Iglesia».