Sorprendido en pleno «cruising» con un violador convicto: cae el rector del principal santuario maronita de Estados Unidos

Sorprendido en pleno «cruising» con un violador convicto: cae el rector del principal santuario maronita de Estados Unidos

Un chorepíscopo maronita, rector durante más de dos décadas del principal santuario mariano libanés de Estados Unidos y figura apreciada en los ambientes de la Misa tradicional, ha sido relevado de su cargo tras ser imputado por indecencia pública y proxenetismo. Según la policía de Warren (Ohio), fue sorprendido a plena luz del día en un parque público mientras un delincuente sexual registrado le practicaba un acto sexual. El caso, todavía en fase judicial, es también una advertencia incómoda: la sensibilidad litúrgica no inmuniza contra el pecado ni contra el escándalo.

Los hechos, según el atestado policial recogido por los medios locales del valle de Youngstown (WFMJ, The Vindicator, Tribune Chronicle, WKBN), ocurrieron el pasado 31 de julio en Perkins Park, un parque público de Warren, Ohio. Hacia las cinco y media de la tarde, un matrimonio que paseaba a su perro alertó a la policía de que dos hombres estaban realizando un acto sexual al aire libre, junto a los campos de béisbol. Uno de ellos, arrodillado sobre una alfombrilla negra, practicaba una felación al otro, que permanecía de pie fumando un puro. Según la denuncia, uno de los dos llegó a ofrecer dinero al matrimonio por quedarse a mirar.

El hombre arrodillado fue identificado como Kenneth Kopp, de 53 años, delincuente sexual registrado de nivel III —el máximo en Ohio—, condenado en 2011 a diez años de prisión tras declararse culpable de dos cargos de violación de una menor. Los agentes lo encontraron en su coche en ropa interior, con pelucas, prótesis de pechos femeninos y tres pipas de droga, y lo detuvieron en el acto. El otro hombre, que negó conocer a Kopp, fue dejado marchar aquella tarde. Era el chorepíscopo Anthony Spinosa, de 75 años, rector desde 2002 de la Basílica y Santuario Nacional de Nuestra Señora del Líbano en North Jackson.

Del altar al juzgado municipal

El 3 de agosto, la fiscalía municipal de Warren presentó cargos contra Spinosa —procuring (proxenetismo o mediación para acto sexual, falta de primer grado) e indecencia pública (falta de segundo grado)— y emitió una orden de arresto. El 13 de agosto, décimo aniversario exacto de su consagración como chorepíscopo, Spinosa fue fichado en la cárcel del condado de Trumbull. Al día siguiente se declaró no culpable ante el tribunal municipal y quedó en libertad bajo fianza de 2.000 dólares, con la condición expresa de no acercarse a Perkins Park. Su abogado ha solicitado a la fiscalía la entrega de todas las pruebas, incluido cualquier vídeo disponible. Tanto Spinosa como Kopp —que también se ha declarado no culpable— comparecerán de nuevo el 14 de septiembre.

La reacción canónica no se hizo esperar. El 18 de agosto, monseñor A. Elias Zaidan, obispo de la Eparquía maronita de Nuestra Señora del Líbano de Los Ángeles, hizo pública una carta en la que relevaba a Spinosa de su asignación ministerial «con efecto inmediato» y nombraba al padre Michael Shami administrador temporal de la basílica y el santuario. Hasta que la justicia se pronuncie, rige la presunción de inocencia; pero la medida cautelar del obispo, rápida y pública, contrasta favorablemente con los silencios episcopales a los que tan acostumbrados estamos a este lado del Atlántico.

Un santuario querido por los tradicionales

Lo que da a este caso un filo particular es el perfil del imputado. Spinosa, ordenado en 1983 y elevado a chorepíscopo —dignidad propia de las Iglesias orientales, intermedia entre el presbiterado y el episcopado— en 2016, no era un clérigo cualquiera. El santuario que regía, réplica del de Harissa y única basílica maronita dedicada a la Virgen fuera del Líbano, es desde 1965 lugar de peregrinación anual en la Asunción para miles de fieles de rito latino, bizantino y maronita.

Y bajo su rectorado, el santuario se convirtió en un punto de referencia para los fieles apegados a la liturgia tradicional del rito romano. Los amigos de la Misa tradicional de Cleveland le llamaban en 2016 «un verdadero amigo de la Misa Tradicional Latina» al anunciar su elevación a chorepíscopo. Él mismo promovía y anunciaba Misas solemnes tridentinas en la peregrinación de la Asunción, Missas Cantatas de difuntos con catafalco y cantos gregorianos, y conferencias sobre Fátima con Misa tradicional solemne. Figuraba, además, entre los ponentes de la Catholic Identity Conference, el congreso anual del catolicismo tradicional estadounidense.

La tradición no es un salvoconducto

Si las acusaciones se confirman, estaríamos ante el cruising sodomita de toda la vida, con el agravante del exhibicionismo y de la compañía de un violador convicto de una menor, protagonizado por un clérigo que llevaba cuatro décadas subiendo al altar. Es verdad que esta pauta de doble vida y desorden moral está mucho más extendida —y más documentada, y más encubierta— en los ambientes de la progresía eclesial, donde con frecuencia ni siquiera se vive como contradicción. Pero ser tradicional no exime del escándalo.

Por eso mismo, la vigilancia y la denuncia no pueden ser selectivas. Los hechos públicos que escandalizan exigen palabra pública en todos los frentes, también —especialmente— cuando el caído es «de los nuestros»; lo contrario sería el mismo «los platos se lavan en casa» que tanto daño ha hecho a la Iglesia. Juicio sereno sobre los hechos, nunca sobre el alma del reo, por cuya conversión hay que rezar. Y la vieja advertencia de San Pablo, que nadie debería creerse exento de escuchar: «El que crea estar en pie, mire no caiga» (1 Cor 10, 12).

El 14 de septiembre, fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz, Spinosa volverá a sentarse ante el juez. Que la justicia civil haga su trabajo, y que la canónica haga el suyo.

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