León XIV dirigió un mensaje al cardenal albanés Ernest Simoni con motivo de la misa que presidió el viernes 31 de julio en el antiguo campo de prisioneros de Spaç, donde cumplió buena parte de sus 18 años de condena durante la persecución comunista. En el texto, el Papa evocó el testimonio de quienes sufrieron en aquel lugar y afirmó que «ninguna cadena es lo suficientemente fuerte como para aprisionar una conciencia iluminada por el Evangelio».
El mensaje, fechado el 30 de julio y leído al término de la celebración, acompañó el regreso de Simoni al campo en el que fue sometido a trabajos forzados y donde, pese al riesgo de ser descubierto, celebró clandestinamente la misa, escuchó confesiones y distribuyó la comunión.

«Con profunda conmoción me uno espiritualmente a Vuestra Eminencia y a todos quienes, congregados en el antiguo campo de prisioneros de Spaç, regresan después de tantos años para celebrar la Eucaristía, el Sacrificio de Cristo que transformó la Cruz de signo de muerte en promesa de vida», escribió León XIV.
El regreso de Ernest Simoni a Spaç
Simoni, de 97 años, volvió al campo para celebrar la Eucaristía en memoria de quienes sufrieron o murieron allí durante el régimen comunista albanés. El cardenal había sido condenado a muerte como «enemigo del pueblo», aunque la pena fue posteriormente conmutada por prisión y trabajos forzados en distintos centros de reclusión.
Durante su cautiverio continuó ejerciendo clandestinamente el ministerio sacerdotal. «Durante mi encarcelamiento, arriesgando mi vida cada vez, celebraba la misa en latín de memoria, al igual que escuchaba confesiones y distribuía la comunión en secreto», recordó.
Para preparar la Eucaristía utilizaba una masa de harina cocinada en hornillos improvisados y uvas exprimidas. «Si me hubieran encontrado, me habrían ahorcado de inmediato», explicó. Durante la celebración en Spaç mostró también el casco que utilizaba cuando era obligado a descender a las minas.
«Una de las páginas más dolorosas» de Albania
En su mensaje, León XIV describió Spaç como un lugar «impreso en la memoria del pueblo albanés» y como una de las páginas más dolorosas de su historia. Allí, señaló, «muchos cargaron con la pesada cruz de la injusticia», mientras que «la sangre de quienes sufrieron y murieron en esas montañas irrigó esa tierra, convirtiéndola en un testimonio silencioso de fidelidad, valentía y esperanza».
El Pontífice evocó además las oraciones de quienes permanecieron recluidos en el campo y los rostros de quienes, marcados por el trabajo y la privación, confiaron al Señor su última esperanza.
«¡Cuántas oraciones se habrán elevado al Cielo desde aquel lugar! ¡Cuántas invocaciones susurradas en el corazón! ¡Cuántos rostros, marcados por el trabajo y la privación, confiaron su última esperanza al Señor!», escribió.
Una conciencia iluminada por el Evangelio
A partir de la memoria de los prisioneros, León XIV afirmó que «ninguna cadena es lo suficientemente fuerte como para aprisionar una conciencia iluminada por el Evangelio, ninguna noche es lo suficientemente larga como para impedir el alba que el Señor prepara para Sus hijos, y ninguna prisión es lo suficientemente profunda como para separar al hombre del amor de Dios».
El Papa se unió también a la oración por quienes sufrieron y murieron en Spaç, muchos de ellos sepultados en lugares sin identificar, y pidió que su recuerdo permanezca vivo como advertencia para las nuevas generaciones.
Según señaló, esa memoria debe servir como «un recordatorio constante de la inviolable dignidad de la persona humana, el valor de la libertad y el compromiso por la paz».
León XIV concluyó encomendando a Simoni y a todos los participantes en la celebración a la intercesión de la Santísima Virgen María, a quien invocó como «Madre de la Esperanza», y les impartió la bendición apostólica.