«La gracia de Dios debe ayudarles a abandonar la Misa tradicional»: la polémica carta de un párroco de Wisconsin

«La gracia de Dios debe ayudarles a abandonar la Misa tradicional»: la polémica carta de un párroco de Wisconsin

El párroco de la iglesia de los Santos Cirilo y Metodio, en Sheboygan (Wisconsin, Estados Unidos), ha suscitado una fuerte polémica tras aprovechar una advertencia dirigida a los fieles sobre la Fraternidad Sacerdotal San Pío X (FSSPX) para cuestionar también la Misa tradicional celebrada en plena comunión con la Iglesia. En su mensaje pastoral sostiene que el rito según el Misal de 1962 constituye únicamente una «concesión» para quienes «todavía no han madurado lo suficiente en la fe» como para aceptar la liturgia reformada después del Concilio Vaticano II.

Las afirmaciones fueron publicadas por el sacerdote Paul Fliss en el boletín parroquial del pasado domingo y difundidas posteriormente por distintos usuarios en redes sociales. Paradójicamente, la propia parroquia acoge habitualmente celebraciones según el Misal de 1962 a cargo del Instituto de Cristo Rey Sumo Sacerdote (ICKSP), una sociedad de vida apostólica en plena comunión con la Santa Sede dedicada al apostolado de la liturgia tradicional.

La advertencia contra la FSSPX

El mensaje se abre recordando las recientes excomuniones derivadas de las consagraciones episcopales realizadas sin mandato pontificio por la FSSPX. Fliss afirma que, «a los ojos de la Iglesia», todas las celebraciones sacramentales de la Fraternidad «son ahora inválidas» y pide expresamente a los católicos que no asistan a ninguno de sus servicios religiosos.

A continuación aclara que esa situación no afecta al Instituto de Cristo Rey, autorizado para celebrar la Misa según el Misal de 1962 en la Archidiócesis de Milwaukee. Sin embargo, esa distinción sirve de punto de partida para una crítica mucho más amplia al Vetus Ordo.

«Una concesión» para quienes aún no aceptan el Novus Ordo

Aunque reconoce que el Instituto de Cristo Rey «está en comunión con la Iglesia», Fliss sostiene que «el rito que utilizan no comparte el mismo estatus ni la misma dignidad que la Misa de Pablo VI», celebrada ordinariamente en lengua vernácula.

«Tener la oportunidad de celebrar esta Misa en latín es una concesión, permitida para quienes no han madurado lo suficiente en la fe como para aceptar la Misa aprobada después del Concilio Vaticano II», escribe el sacerdote.

Añade que el objetivo de esa concesión es que «la gracia de Dios ayude a esos participantes a superar su dependencia de la antigua Misa en latín y entren en comunión con el resto de la Iglesia celebrando la Misa en lengua vernácula».

Pide que no se invite a otros católicos

Coherente con ese planteamiento, el párroco sostiene que la comunidad vinculada a la liturgia tradicional no debe promover sus celebraciones.

«Por esta razón, la comunidad de la Misa en latín no puede anunciar sus celebraciones ni debe invitar a otros católicos a unirse a su grupo», afirma.

Aunque reconoce que asistir una vez a esta liturgia puede tener un valor «educativo» o constituir «una nueva experiencia», considera que los católicos no deberían incorporarse de manera estable a esa comunidad «en lugar de asistir a la Misa dominical en inglés».

Fliss culmina este razonamiento con una pregunta retórica: «¿Por qué alguien querría dar un paso atrás en su fe y en su vida espiritual?».

«El Espíritu Santo siempre nos conduce hacia el futuro»

En la parte final de su mensaje, el sacerdote justifica su postura contraponiendo el enfoque espiritual que, a su juicio, caracteriza a la liturgia reformada con el de la Misa tradicional.

Afirma que los obispos reunidos en el Concilio Vaticano II discernieron la necesidad de una participación más profunda de los fieles en la vida de la Iglesia, que les permitiera vivir con mayor intensidad su condición de bautizados y su compromiso con la misión cristiana.

Según Fliss, ese grado de madurez «exige más del creyente que asistir a una Misa en la que el sacerdote recita las oraciones mientras los fieles se centran en su relación individual con Dios».

Finalmente, resume su planteamiento con una afirmación que considera uno de los principios espirituales fundamentales de la Iglesia: «El Espíritu Santo siempre nos conduce hacia el futuro». Por ello, invita a los fieles a mirar «con fe y esperanza» el camino por el que, según sostiene, el Espíritu guía hoy a la Iglesia.

Mensaje pastoral del P. Paul Fliss (traducción al español):

Recientemente, en las noticias de la Iglesia, el papa León reconoció la excomunión de miembros de la Sociedad de San Pío X. En la Iglesia, un obispo es elegido por el Papa y solo puede ser ordenado con su permiso. Recientemente, obispos de la Sociedad ordenaron a cuatro sacerdotes como obispos para su comunidad sin el permiso del Papa. Esto va en contra del derecho de la Iglesia y conlleva automáticamente la excomunión. Siempre es triste cuando surge la desunión dentro de la Iglesia. A los ojos de la Iglesia, todas sus celebraciones sacramentales son ahora inválidas y los católicos no deberían asistir a ellas. En la archidiócesis había un grupo de católicos que formaba parte de la comunidad que celebraba los sacramentos en una capilla de Mukwonago. Los católicos no deben asistir a ninguno de los servicios ofrecidos por la Sociedad de San Pío X.

Este no es el mismo grupo que tiene permiso para celebrar la Misa en latín según el Misal Romano de 1962 dentro de la Archidiócesis de Milwaukee. Ellos están en comunión con la Iglesia, aunque el rito que utilizan no comparte el mismo estatus ni la misma dignidad que la Misa de Pablo VI, que celebramos en inglés cada vez que participamos en la Misa. Tener la posibilidad de celebrar esta Misa en latín es una concesión, lo que significa que está permitida para quienes todavía no han profundizado lo suficiente en la fe como para aceptar la Misa aprobada después del Concilio Vaticano II. La esperanza es que la gracia de Dios ayude a esos participantes a superar su dependencia de la antigua Misa en latín y a entrar en comunión con el resto de la Iglesia celebrando la Misa en lengua vernácula. Por esta razón, la comunidad de la Misa en latín no puede anunciar sus celebraciones ni debe invitar a otros católicos a unirse a su grupo. Aunque asistir una vez a esta Misa puede ser algo instructivo y una experiencia nueva, no debería ser algo a lo que los católicos se incorporen en lugar de asistir a la Misa dominical en inglés. ¿Por qué alguien querría dar un paso atrás en su fe y en su vida espiritual?

La Misa que celebramos los domingos tiene un enfoque muy diferente al de la antigua Misa en latín. Los obispos del mundo reunidos en el Concilio Vaticano II discernieron la necesidad de permitir que la fe de las personas se profundizara mediante una participación que condujera a una Iglesia más viva en la forma de celebrar y, especialmente, de ejercer el ministerio y servir a los demás como católicos bautizados. Este grado de fe, en el que vemos a Jesús en nuestra vida cotidiana, exige más del cristiano individual que asistir a una Misa en la que el sacerdote recita sus oraciones y los fieles centran su atención en su relación personal con Dios. Uno de los principios espirituales fundamentales de la Iglesia es que el Espíritu Santo siempre nos conduce hacia el futuro. Seamos personas de fe y esperanza mientras miramos al futuro y contemplamos cómo el Espíritu Santo nos reúne y nos guía para ocupar el lugar lleno de gracia que nos corresponde en Cristo.

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