La parroquia de San Pablo Apóstol de Nueva York celebró el pasado 25 de junio una «Misa del Orgullo» en Christopher Park, frente al Stonewall Inn, el bar donde en junio de 1969 comenzaron los disturbios que dieron origen al movimiento moderno de reivindicación de los derechos LGBT. La celebración, organizada por el ministerio Out at St. Paul, reunió a más de 150 personas en uno de los lugares más emblemáticos para el activismo homosexual en Estados Unidos, decorado para la ocasión con decenas de banderas arcoíris.
El parque forma parte del Monumento Nacional de Stonewall, creado en 2016 por el entonces presidente Barack Obama para conmemorar aquellos disturbios, considerados un hito en la historia del movimiento LGBT en Estados Unidos.
La Eucaristía, según informó el National Catholic Reporter, estuvo presidida por el padre paulino Chris Lawton, vicario parroquial de San Pablo Apóstol, quien justificó la elección del lugar afirmando que refleja la manera en que Jesús salía al encuentro de quienes permanecían alejados de la Iglesia.
Disculpas a las personas LGBT y reconocimiento a las personas trans
Durante la homilía, Lawton vinculó el significado histórico de Stonewall con la presencia de personas LGBT en la vida de la Iglesia.
«Nuestra Iglesia ha sido edificada sobre roca», afirmó, para añadir que también «ha sido construida sobre la fe de tantas personas que creyeron en el extraordinario amor de Dios y que, desde esa fe, ayudaron a construir esta Iglesia incluso mientras eran marginadas. Esto incluye, durante siglos, a los católicos LGBT».
El sacerdote dedicó también unas palabras de disculpa a quienes, según dijo, han sufrido dentro de la Iglesia por razón de su orientación sexual o identidad de género.
«A todos los que han sufrido por causa de nuestra Iglesia, quiero deciros esto: lo siento. Lamento las veces en que la Iglesia no ha reconocido la presencia de Dios en vosotros y aquellas en las que, implícitamente, ha animado a otros a hacer lo mismo.»
Lawton dirigió una mención específica a las personas transgénero.
«Quiero pedir perdón a nuestros hermanos transgénero, que siguen enfrentándose a una injusticia particular dentro de la Iglesia y también en este momento de la vida de nuestro país», afirmó.
Las peticiones de la celebración incluyeron oraciones por el cuidado de la creación, la justicia racial, los migrantes, las mujeres, las personas en situación de pobreza, la paz y una Iglesia «más unida, humilde e inclusiva», con un recuerdo especial para las personas transgénero y no binarias.
Una parroquia con un ministerio estable para personas LGBT
La celebración fue organizada por Out at St. Paul, el ministerio para personas LGBT de la parroquia de San Pablo Apóstol, una comunidad que desde hace años desarrolla actividades específicas dirigidas a este colectivo y que ha convertido este tipo de celebraciones en una cita habitual durante el denominado Mes del Orgullo.
Entre los organizadores figuraba Ben Kulos, miembro del equipo directivo de este ministerio, quien afirmó que el objetivo era visibilizar la presencia de los católicos LGBT dentro de la Iglesia. Durante la celebración también intervinieron varios fieles que compartieron públicamente su experiencia personal, entre ellos Issy Bilek, una persona trans que fue bautizada durante la pasada Vigilia Pascual tras completar el proceso de iniciación cristiana para adultos.
Una intención evidente
Más allá de la celebración litúrgica, la misa asumió el escenario, los símbolos y el relato histórico del movimiento LGBT. La elección de Stonewall, las banderas arcoíris y las referencias al Orgullo hicieron que la celebración se identificara públicamente con un movimiento cuyas reivindicaciones mantienen una abierta contradicción con la enseñanza moral de la Iglesia sobre la sexualidad y el matrimonio.
Los promotores de las llamadas «Misas del Orgullo» presentan estas celebraciones como una expresión de acogida e inclusión hacia las personas que se identifican como LGBT. Sin embargo, la acogida que propone la Iglesia nunca ha supuesto la asunción de los postulados del activismo homosexual ni la validación de conductas contrarias a su enseñanza moral.
El Catecismo de la Iglesia Católica recuerda que las personas con inclinación homosexual «deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza» (n. 2358), pero afirma al mismo tiempo que los actos homosexuales son «intrínsecamente desordenados» y «no pueden recibir aprobación en ningún caso» (n. 2357). Esa distinción, tradicionalmente mantenida por el Magisterio, queda completamente diluida en una celebración concebida precisamente para identificarse con el principal símbolo internacional del movimiento LGBT.