Las celebraciones del denominado «Mes del Orgullo» no tienen cabida en una institución educativa católica. Así lo sostiene el padre Colin J. Blatchford, director asociado de Courage International, quien advierte de que estas iniciativas contradicen la antropología cristiana, «provocan escándalo» y terminan debilitando la identidad católica de las universidades que las promueven.
Las declaraciones del sacerdote responden a una consulta de la Cardinal Newman Society, que ha documentado cómo diversas universidades católicas de Estados Unidos —entre ellas Georgetown, Notre Dame y DePaul— organizan cada año actividades vinculadas al Pride Month, como desfiles del Orgullo, eventos recreativos o campañas institucionales destinadas a reafirmar la identidad LGBTQ entre los estudiantes.
Varios de estos centros cuentan además con oficinas y recursos específicos para promover dichas identidades, mientras apenas ofrecen materiales que expliquen la enseñanza de la Iglesia sobre la sexualidad humana o alerten sobre los presupuestos de la ideología de género.
«El Mes del Orgullo parte de una visión incompatible con la antropología cristiana»
Preguntado sobre si una universidad católica puede promover este tipo de celebraciones, Blatchford responde sin ambigüedades: «No».
A su juicio, «los fundamentos antropológicos del «Mes del Orgullo» incluyen una visión dualista de la persona y una autonomía radical». Frente a ello, recuerda que el Magisterio de los últimos pontífices ha insistido en que ninguna orientación sexual, atracción o etiqueta puede definir plenamente la identidad de una persona por encima de una verdad esencial: ser un «hijo amado de Dios».
«Cuando exaltamos nuestra opinión por encima de la verdad, nos convertimos en dioses de nosotros mismos», advierte el sacerdote, señalando que esta forma de entender la identidad termina conduciendo a la frustración y al aislamiento.
«No puede haber comunión si cada grupo tiene su propia moral»
Blatchford considera que uno de los efectos más graves de estas iniciativas es la fragmentación de la comunidad universitaria y de la propia Iglesia.
«Conduce a la división y al tribalismo», afirma.
El sacerdote recuerda que todos los bautizados han recibido una misma llamada universal a la santidad y que la identidad fundamental del cristiano no depende de una orientación sexual ni de una categoría sociológica, sino de la filiación divina recibida en el Bautismo.
«Si estamos separados en diferentes grupos con distintos principios o normas morales, entonces no puede haber comunión ni en la Iglesia ni en la sociedad», sostiene.
«Las universidades católicas vacían su propia misión»
El director asociado de Courage International advierte además de que una universidad católica deja de cumplir plenamente su misión cuando selecciona qué aspectos de la doctrina acepta y cuáles omite.
«Cuando una universidad católica escoge qué enseñanzas teológicas o filosóficas de la Iglesia va a respetar, vacía ese proceso y deja únicamente una estructura emocional donde debería existir una relación plena con Dios», afirma.
Por ello, sostiene que la promoción institucional del «Orgullo» no solo genera confusión doctrinal entre los estudiantes, sino que también «provoca escándalo» entre los fieles.
La respuesta pastoral pasa por la verdad y la caridad
Lejos de proponer el rechazo a las personas que experimentan atracción hacia el mismo sexo o confusión respecto a su identidad sexual, Blatchford defiende un acompañamiento profundamente cristiano, basado en la verdad y la compasión.
«La compasión significa sufrir con», explica. «Debemos entrar en su sufrimiento y hacerlo nuestro. Así llegarán a conocer el amor de Dios y podremos ayudarles a descubrir que son amados y que Dios tiene un plan para sus vidas».
El sacerdote anima a las instituciones católicas a transmitir tres certezas a quienes atraviesan estas situaciones: que son amados por Dios, que Él tiene un proyecto para su vida y que la Iglesia está llamada a caminar junto a ellos sin renunciar a la verdad del Evangelio.