De las logias al Camino Sinodal: El peligro de diluir la fe

De las logias al Camino Sinodal: El peligro de diluir la fe
W.A. Mozart in an unfinished portrait by Joseph Lange, c. 1782-83 {Mozarteum, Salzburg]. Lange was Mozart’s brother-in-law.

Por Brad Miner

Una reciente y breve exposición en la Morgan Library & Museum de la ciudad de Nueva York destacó la vida y obra de Wolfgang Amadeus Mozart. J.P. Morgan, el famoso financiero, construyó su biblioteca en Madison Avenue en el siglo XIX como un lugar para albergar, preservar y poner a disposición de los académicos la creciente colección de libros raros y manuscritos de Morgan, entre ellos copias de partituras musicales de puño y letra de Mozart.

“Wolfgang Amadeus Mozart: Tesoros de la Fundación Mozarteum de Salzburgo” incluyó algunas de esas partituras y, gracias al Mozarteum, varios de los instrumentos musicales del gran hombre, numerosos retratos de Mozart, su familia y sus mecenas, así como muchas cartas y otros documentos a lo largo de toda la demasidado breve vida de W.A. Mozart (1756-1791).

Y una vez más, esto me hizo reflexionar sobre la afiliación o coqueteo del católico Mozart con la francmasonería. Más adelante hablaré de ese desvío de la Única Religión Verdadera, pero primero: Mozart el católico.

Comencemos con el hecho de que escribió cinco docenas de composiciones litúrgicas católicas, la más famosa de las cuales es la última que escribió: su inconclusa Misa de Réquiem, de casi una hora de duración. En mi opinión, sin embargo, su obra más bella es el himno eucarístico de cuatro minutos, Ave verum corpus (“Salve, verdadero cuerpo”), un SATB a cuatro partes, lo que significa que la música está arreglada para cuatro rangos vocales distintos: Soprano, Contralto, Tenor y Bajo. Es encantador con orquesta y un gran coro o como un cuarteto a cappella. Aquí está Leonard Bernstein dirigiendo el Ave verum corpus (y atrayendo, como solía hacer, casi más atención hacia sí mismo que hacia la música):

En la infancia, la familia Mozart —el padre de Wolfgang (Leopold), la madre (Anna Maria), la hermana (Maria Anna) y Wolfgang— eran devotos asistentes a Misa. (Otros cinco hijos de los Mozart murieron en la infancia). Wolfgang nunca dejó realmente de ser un cristiano fiel.

Entonces, ¿por qué —a los 28 años— el genio de una familia devotamente católica decidió unirse a la logia masónica Zur Wohltätigkeit (“La Beneficencia”) en Viena? Bueno, ¿por qué perdura la imaginería masónica en la moneda de los Estados Unidos? Para la segunda pregunta, la respuesta puede ser tan simple como: Ben Franklin, que era masón y librepensador, y (como el Sr. Jefferson podría decir —y dijo sobre su Declaración—) las ideas masónicas estaban “en el aire” hace 250 años.

En Viena, al igual que en Filadelfia, la libertad, la fraternidad, la igualdad y la investigación científica eran ideales de la Ilustración aparentemente irresistibles, y no cabe duda de que su base era en gran medida secular, a menudo incluso anticatólica. Pero también es cierto que, para los estadistas y artistas, la fe religiosa estaba más bien en sus huesos que simplemente en el aire.

La logia de Mozart era un club social con rituales y misterios que parodiaban los ritos católicos romanos. La Iglesia había sido el terreno sobre el cual se basaba la cultura de Occidente. Algunos estudiosos especulan que los templos masónicos, de naturaleza secular, estaban pensados para ser refugios de los conflictos entre católicos y protestantes que habían estado agitando a Gran Bretaña y Europa desde el siglo XVI (resueltos en su mayor parte por el Tratado de Westfalia en 1648, pero que aún rondaban en los conflictos regionales a través de las afiliaciones religiosas de los combatientes). La Logia se convirtió en un lugar donde protestantes, católicos y hombres sin fe podían reunirse en paz.

Por supuesto, Mozart y sus amigos también habrán asistido a Misa el domingo. Pero componer, al igual que escribir, es una profesión solitaria, y Mozart pudo haber encontrado la logia más relajada y agradable que la iglesia.

El Papa Clemente XII había prohibido a los católicos convertirse en francmasones en la bula de 1738, In Eminenti apostolatus, y la pena por ser masón era la excomunión. Ninguno de los documentos de la exposición de la Morgan (ni ninguno que se sepa que exista en otro lugar) sugiere que Mozart haya leído la bula y haya decidido ignorarla.

Un hecho histórico peculiar es que Zur Wohltätigkeit era una especie de logia católico-reformista basada en las enseñanzas del liberal sacerdote y teólogo italiano Ludovico Antonio Muratori (1672-1750). Muratori era sólidamente católico en la mayoría de los aspectos, pero evitaba la piedad popular y estaba particularmente comprometido con el ideal católico de la caridad (otra traducción de Wohltätigkeit). Sin embargo, en su libro De Ingeniorum Moderatione, también puso en entredicho la autoridad papal.

Y en Zur Wohltätigkeit también estaba en juego la influencia de Johann Nikolaus von Hontheim (1701-1790), obispo coadjutor de Tréveris (Alemania), que escribía bajo el seudónimo de Justinus Febronius. Sus opiniones católicas nacionalistas fueron denominadas febronianismo. Von Hontheim quería disminuir el poder del papado y de la Santa Sede. Llámenlo “catolicismo reformista” o la “Ilustración católica”, pero estas ideas —movimientos anticlericales (especialmente antivaticanos) y nacionalistas— eran una parte integral de la francmasonería en varios países católicos.

Interesante, ¿no es así, que veamos este tipo de cosas brotar hoy en Alemania? El Aufklärungskatholizismus (catolicismo de la Ilustración) de Muratori, como lo llamaban sus cofrades de habla alemana (como solo ellos pueden hacerlo), terminaría siendo condenado. Pero en su momento, el énfasis de Muratori en la patrística fue un avance bienvenido, aun cuando su insistencia en que los gobernantes temporales y los obispos locales debían estar facultados para reformar la Iglesia sin esperar la aprobación de Roma resultaba inaceptable. Pío VI condenó este enfoque en Auctorem fidei (1794), que a su vez fue un precursor de las reafirmaciones de la ortodoxia católica y la primacía papal de los siglos XIX y XX.

Pío VI también lanzó una advertencia contra el febronianismo en Super soliditate petrae (1786) y, sin embargo, la controversia sobre la fluidez de la doctrina y el cuestionamiento de la autoridad papal continuó latente hasta que el Concilio Vaticano Primero respondió a la cuestión de la autoridad papal en la Pastor aeternus de 1870, y Pío X clausuró todo el proyecto liberal en Pascendi Dominici gregis (1907).

Sin embargo, la celebración de la individualidad, el nacionalismo y la modernidad simplemente se niega a morir. Algunas personas rechazan la sabiduría porque no se les ocurrió a ellos mismos. La Sagrada Tradición y el Depósito de la Fe nos enseñan que el Espíritu Santo guía continuamente a la Iglesia. Pero las descuidadas evocaciones del Espíritu en los diversos sínodos sobre la sinodalidad resultaron sacrílegas. La revelación divina, la Escritura y la tradición vivida de la Iglesia deben guiarnos, y no lo que equivale a grupos de discusión. No necesitamos que se levante la mano para votar sobre los Diez Mandamientos.

Así pues, Mozart ciertamente tuvo su romance con la Ilustración pero, Señor, ten piedad, terminó donde pertenecía. Aquí está el Kyrie de su Réquiem (el Sr. Bernstein con la batuta de nuevo):

Sobre el autor

Brad Miner, esposo y padre, es editor sénior de The Catholic Thing y miembro sénior del Faith & Reason Institute. Fue editor literario de National Review y tuvo una larga trayectoria en la industria editorial de libros. Su libro más reciente es Sons of St. Patrick, escrito junto con George J. Marlin. Su éxito de ventas The Compleat Gentleman se encuentra ahora disponible en una tercera edición revisada y también en una edición de audio de Audible (leída por Bob Souer). El Sr. Miner se ha desempeñado como miembro de la junta directiva de Aid to the Church In Need USA y también en la junta de reclutamiento del Sistema de Servicio Selectivo en el condado de Westchester, Nueva York.

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