Una gran ovación y «a seguir con lo mismo»: la advertencia que deja la visita de León XIV en España para Francia

Una gran ovación y «a seguir con lo mismo»: la advertencia que deja la visita de León XIV en España para Francia
Foto: EFE/EPA/Yara Nardi

La imagen de Pedro Sánchez estrechando la mano de León XIV mientras las excavadoras entraban en el Valle de los Caídos ya había dejado una de las fotografías más elocuentes de la visita papal a España. Mientras el presidente del Gobierno participaba en los actos oficiales y multiplicaba los gestos de cordialidad institucional hacia el Pontífice, el Ejecutivo mantenía intacta su hoja de ruta sobre uno de los lugares más emblemáticos del catolicismo español.

Apenas unos días después, el Parlamento español ofreció una nueva muestra de la distancia que puede existir entre los homenajes públicos al Papa y las decisiones políticas efectivas.

El pasado 8 de junio, León XIV pronunció ante las Cortes Generales uno de los discursos más importantes de su viaje apostólico. Siguiendo la estela de Benedicto XVI en Westminster y en el Bundestag, el Papa defendió la dignidad inviolable de toda persona humana y recordó que la vida debe ser protegida desde la concepción hasta su término natural.

Las palabras del Pontífice fueron recibidas con una larga ovación. Los parlamentarios se pusieron en pie y aplaudieron durante varios minutos. La escena transmitía la impresión de una amplia coincidencia con el mensaje papal. Sin embargo, la realidad política demostró muy pronto otra cosa.

Tres días después llegó la reforma

El 11 de junio, apenas tres días después de aquella intervención, la Mesa del Congreso decidió acelerar la tramitación de una reforma de la ley de eutanasia. Al día siguiente, la Cámara aprobó la toma en consideración de la iniciativa legislativa.

La modificación pretende reducir los tiempos judiciales cuando existan recursos contra resoluciones favorables a la eutanasia y limitar los efectos suspensivos de esos procedimientos. Sus defensores sostienen que la reforma evitará retrasos en la aplicación de la ley. Sus detractores consideran que disminuye las garantías jurídicas en una cuestión que afecta directamente a la vida humana.

La coincidencia temporal resulta difícil de ignorar. El mismo Parlamento que había aplaudido durante minutos un discurso centrado en la defensa de toda vida humana avanzaba pocos días después en una dirección incompatible con ese planteamiento.

El valor de los aplausos

La política democrática exige diálogo institucional y respeto entre las autoridades civiles y religiosas. Nadie discute que los representantes públicos deban recibir con cortesía al Sucesor de Pedro. El problema aparece cuando los gestos públicos terminan convirtiéndose en un sustituto de la coherencia.

Los aplausos tienen valor cuando expresan una adhesión real a aquello que se escucha. Cuando no existe esa correspondencia entre palabras y decisiones, el homenaje corre el riesgo de convertirse en una simple representación protocolaria.

Precisamente eso es lo que ha llamado la atención de numerosos observadores tras la visita de León XIV. El contraste entre el contenido del discurso y la evolución inmediata de la agenda legislativa ha sido demasiado evidente como para pasar desapercibido.

La advertencia que llega desde Francia

La secuencia española tampoco ha pasado inadvertida fuera de nuestras fronteras. El medio francés Tribune Chrétienne pone como ejemplo el caso español para reflexionar sobre la próxima visita de León XIV a Francia, prevista para finales de septiembre.

Las imágenes entre Emmanuel Macron y el Papa estarán previsiblemente marcadas por la cordialidad institucional y los habituales mensajes sobre paz, solidaridad o cooperación internacional. Sin embargo, el medio francés recuerda que las diferencias entre el Vaticano y las autoridades francesas sobre cuestiones como el aborto y la eutanasia permanecen intactas.

La reflexión resulta especialmente significativa porque Francia se prepara para continuar el debate legislativo sobre la llamada «ayuda a morir», mientras mantiene en su ordenamiento jurídico posiciones alejadas de la doctrina católica en materias fundamentales relacionadas con la defensa de la vida.

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Juzgar por los hechos

León XIV no habló ante las Cortes de cuestiones secundarias. Defendió la dignidad inviolable de toda persona humana y recordó que la vida debe ser protegida desde la concepción hasta su muerte natural.

Por eso, cuando el Papa llegue a Francia en septiembre, muchos observarán no solo la recepción que se le dispense ni la cordialidad de los encuentros oficiales. La atención estará puesta también en las decisiones que adopten después quienes hoy se muestran dispuestos a aplaudirle.

Mmás allá de los aplausos, lo verdaderamente relevante son las decisiones posteriores. La experiencia de la visita papal a España deja entonces una enseñanza sencilla: la sintonía con el mensaje del Papa no se mide por la duración de las ovaciones ni por las fotografías oficiales, sino por la coherencia entre lo que se celebra públicamente y los actos que vienen después.

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