Por Randall Smith
Algunas personas tienen dificultades para leer la Commedia de Dante. Para ser una «comedia», no parece tan graciosa. Los profesores te dirán que es una «comedia» en el sentido de que tiene un final feliz en el Cielo. Algunos podrían reírse entre dientes ante ciertos castigos que Dante imagina para algunas almas en el Inferno, pero otros considerarían esto una falta de sensibilidad. ¿Quién sería tan desalmado como para reírse de la desgracia ajena? Es algo tan medieval. Y sin embargo, me pregunto si somos tan conscientes de nosotros mismos como solemos asumir.
Digamos que estuvieras en el lugar de Dante y realizaras una travesía con tu guía a través del Inferno. Te topás con un espacio oscuro iluminado únicamente por un opaco resplandor azul. A medida que tus ojos se acostumbran a la penumbra, te das cuenta de que ese opaco resplandor azul irradia de monitores de computadora con forma de caja, cada uno de los cuales se encuentra sobre lo que parece una combinación de cuerpo humano y un viejo tablero de conexiones de operadora telefónica, con cables que entran y salen de varios orificios.
«¿Dónde estamos?», le preguntás a tu guía espiritual, Mike Judge, escritor y director de la película Office Space. «Este es el valle oscuro a donde van los despiadados e inútiles técnicos informáticos y burócratas que no se han arrepentido de sus crímenes contra la humanidad». En ese momento, oís voces que le dicen a cada pobre alma, mientras intenta colocar el enchufe correcto en el orificio correcto para «conectar» su sistema: «Lo siento, señor, pero el sistema no está disponible actualmente». O bien: «Lo sentimos, pero no cuenta con el software correcto para conectarse a ese puerto». Ahora, sé honesto. Decime si no habría una parte de vos que tendría que reprimir una risita.
Y luego supongamos que continuás y, en otro valle vivamente iluminado con luz incandescente, encontrás a una mujer blanca de aspecto intelectual, con anteojos y traje de negocios, sentada en una silla marcada como «espacio seguro», mientras es pinchada por demonios a cada lado. Uno le dice: «esos pronombres no, estos».
Otro grita: «las minorías están esclavizadas por tu culpa, y si no pedís perdón, sos tan culpable como el dueño de un esclavo, y si pedís perdón, sos peor».
Un tercero la pincha con otra vara afilada y le dice: «Sos mujer, por lo que sos una minoría desfavorecida. Pero no pretendas ser una minoría desfavorecida porque eso sería insensible hacia las verdaderas minorías desfavorecidas».
Un cuarto la pincha y le dice: «Los niños son asquerosos. ¿Pero no te da vergüenza no tener hijos?». La mujer de la silla parece decidida a complacer a cada demonio que la pincha, diciendo: «Sí, es verdad. No, absolutamente». Volando sobre su cabeza hay arpías que caen en picada y gritan repetidamente: «¡racista, racista, racista!». Ella grita: «¡Yo no, ellos!». Pero las arpías no le prestan atención.
Cuando tu guía espiritual se vuelve hacia vos como para hablarte de la mujer, simplemente sacudís la cabeza y decís: «No hace falta. Sé quién es». Ahora bien, en este caso, es posible que no te rías, pero por la misma razón, ¿no te dirías a vos mismo: «Es lamentable, pero tiene cierto sentido»? Cuando le preguntás a tu guía: «¿No se puede hacer nada?», él simplemente mira hacia la distancia y dice: «Debemos seguir adelante».
Más abajo, encontrás al director ejecutivo de la empresa que dejó sin trabajo a miles de tus compañeros (lo llamaron «reducción de personal»). Aunque casi lleva a la empresa a la quiebra, se marchó con 40 millones de dólares en un «paracaídas de oro». Él empuja un costoso BMW sin nafta por una colina empinada hacia lo que parece ser una estación de servicio en la cima. Pero cuando llega arriba, el auto rueda hacia abajo por el otro lado y debe empezar de nuevo. Ahora, otra vez, decime que no tendrías un momento de regocijo. «Oh, vaya, lo siento. ¿Acaso se me escapó una risa? Eso está muy mal».
Así, terminás en el Monte Purgatorio, donde ves a muchos de tus viejos amigos, todos los cuales eran básicamente excelentes personas, pero cada uno tenía uno o más defectos graves de carácter. El tipo cuya ira lo dominaba de vez en cuando; la mujer que era tan amable y simpática pero que, como Ado Annie en el musical Oklahoma, «era una chica que simplemente no podía decir que no» a todos los hombres equivocados; el buen gerente que no lograba juntar el coraje necesario para desafiar las políticas estúpidas o confrontar a los empleados maliciosos.
Lo habitual. Buenas personas, pero cada una de las cuales necesita un poco de algo para extirpar ese último vestigio de crecimiento cancerígeno que mata su alegría. Y te decís a vos mismo: «Sí, esto parece correcto. Amo a esta gente, pero no pueden seguir destruyéndose así».
Y entonces, en la cima del Monte Purgatorio, te encontrás con esa maravillosa y anciana secretaria, Alice, aquella que siempre fue amable y generosa, que lo sabía todo y que realmente podía resolver las cosas. Ella está sentada ante un escritorio con esa misma sonrisa acogedora que recordás, y te dice: «¿Qué tal estuvo el recorrido?». Y vos decís: «Bien, gracias. Sospecho que tuviste algo que ver con esto». Y ella responde: «Bueno, sí, pero no yo, en realidad. El Jefe es quien realmente está a cargo. Pero hablamos con regularidad. Como te dije a menudo, Él es un Jefe magnífico».
Y este es el momento en el que te das cuenta de que, después de toda la miseria de la política de oficina, el hecho de que ella esté aquí y los demás allá abajo no sigan haciendo de la vida un infierno para sí mismos y para los demás, hace que esto sea una especie de final feliz. No hubo muchas carcajadas en el viaje, pero las cosas parecen haber salido bien.
En ese momento, sin embargo, Alice se vuelve hacia vos y te dice: «¿Te reconociste en alguna de esas personas de abajo?». Y aunque lo dice con esa mirada alegre y comprensiva que siempre tuvo, como una abuela cariñosa, hace que un pequeño escalofrío te recorra la espalda.
Sobre el autor
Randall Smith ocupa la Cátedra de Teología J. Michael Miller en la Universidad de St. Thomas en Houston. Sus libros incluyen Bonaventure’s Journey of the Soul into God: Context and Commentary, From Here to Eternity: Reflections on Death, Immortality, and the Resurrection of the Body, Aquinas, Bonaventure, and the Scholastic Culture of Medieval Paris: Preaching, Prologues, and Biblical Commentary, Reading the Sermons of Thomas Aquinas: A Beginner’s Guide. Su próximo libro, Mapping Bonaventure’s Itinerarium: Context and Commentary, será publicado por Emmaus Press este verano. Sus artículos se pueden encontrar aquí: http://t4.stthom.edu/users/smith/portfolio/