Hay personajes históricos que el tiempo convierte en consenso. Isabel la Católica pertenece a la categoría contraria: cuanto más pasan los siglos, más discusiones provoca. Y quizá por eso su causa de beatificación continúa detenida más de treinta años después de que Roma decidiera frenarla “por prudencia política”.
No por falta de documentos. No porque la Iglesia haya descartado sus virtudes. No porque el expediente carezca de peso histórico o espiritual. El problema, según reconoció públicamente monseñor Luis Argüello, sigue siendo otro: la expulsión de los judíos en 1492.
El año en que España redescubrió a su reina más vilipendiada
El 22 de abril de 2026, en la iglesia de San Nicolás de Bari de Madrigal de las Altas Torres, el Nuncio Apostólico en España, monseñor Piero Pioppo, presidió la misa solemne por el 575 aniversario del nacimiento de Isabel la Católica. El templo donde la reina fue bautizada se llenó de fieles y de instituciones que llevan décadas pidiendo lo mismo: que la Sierva de Dios acceda por fin a los altares. Pioppo recordó, en su homilía, que Isabel nació un Jueves Santo, en plena institución de la eucaristía y del sacerdocio: una coincidencia litúrgica que, dijo el nuncio, recorre toda su vida.
No fue un acto aislado. Lo precedió, en octubre de 2025, la inauguración en la Universidad Católica de Ávila del II Ciclo de Conferencias Promoción política y cultural. Personas e instituciones en la época de Isabel la Católica: ocho conferencias mensuales que ahora, en mayo, se clausuran. Y lo precedió también, dos meses antes, el Congreso Internacional Isabel la Católica, elebrado en Bogotá, donde los obispos españoles desplazados —el propio Argüello entre ellos— quedaron «gratamente sorprendidos» del reconocimiento popular hacia la reina en América. Las estampas que la comisión para la beatificación llevó a Colombia se agotaron en horas.
El mapa devocional es nítido: la reina más vilipendiada de la historia de España es también, en este momento, una de las figuras con mayor empuje popular y episcopal a favor de su elevación a los altares.
Y, sin embargo, su causa está parada desde 1993.
La «prudencia política» que Roma puso por escrito
La razón la explicó por primera vez en público monseñor Luis Argüello —arzobispo de Valladolid (diócesis actora del proceso por haber fallecido Isabel en Medina del Campo) y presidente de la Conferencia Episcopal Española— al abrir el ciclo de la UCAV el 31 de octubre de 2025: la Secretaría de Estado aconsejó pausar la causa «por razones de prudencia política», precisó, «que no clausurarla».
Días después, Argüello matizó ante medios la naturaleza de esa prudencia: lo que se pidió fue «que se valorase de una forma más detenida cómo había sido el proceso de la expulsión de los judíos».
Ese es, literalmente, el único argumento de fondo que mantiene paralizada la causa. No la Inquisición. No la conquista. No la reconquista de Granada. La pieza que la Secretaría de Estado puso sobre la mesa en 1993 —y que sigue sobre la mesa en 2026— es el Decreto de 1492. Lo demás, oficialmente, está «superado» o sería superable.
Lo que dice la Positio, y lo que Le Monde nunca leyó
La Positio de la causa de Isabel la Católica son veintiocho gruesos volúmenes que el postulador claretiano Anastasio Gutiérrez tardó doce años en componer (1958–1970), examinando más de cien mil documentos para seleccionar 3.160. Se presentó a la Congregación para las Causas de los Santos el 18 de noviembre de 1972.
El propio Relator ad casum, Justo Fernández-Alonso, escribió en su balance que de la documentación examinada «emerge una figura señera de santidad», y que los escollos clásicos —la legitimidad de la sucesión, la Inquisición, la expulsión de los judíos, la reforma de la Iglesia y de las órdenes religiosas, las tensiones con Roma— habían sido superados.
Sobre la expulsión, concretamente, la Positio recoge lo que la propia Santa Sede del momento dejó por escrito: la Bula Si convenit del papa Alejandro VI, del 19 de diciembre de 1496 —firmada con el dictamen de los cardenales Caraffa de Nápoles, Costa de Lisboa y Piccolomini de Siena—, que reconoció a Isabel y Fernando por una medida que asumieron, según el propio texto vaticano, con «increíble perjuicio» propio.
La misma bula concedió a la reina el título oficial de «Católica». El título que Le Monde, en 1991, en pleno V Centenario, decidió retirarle sin más explicación que el cambio de los tiempos.
La Positio recoge también la felicitación por escrito de la Universidad de París a los Reyes Católicos, fechada el 29 de septiembre de 1493 —un año después del edicto—, y la lectura que historiadores como Marcelino Menéndez Pelayo, Ramón Menéndez Pidal o Tarsicio de Azcona han hecho de la decisión: para el último, «una medida de estado perfectamente lógica», planteada por la Corona durante toda una década y resuelta «como el mal menor para sus reinos», con el cuidado «de que la operación se realizase ahora con estricta justicia».
Y, sobre todo, recoge lo que el propio Vaticano de Alejandro VI llamó por su nombre: no «expulsión», sino retirada del permiso de permanecer. La distinción no es retórica. Es jurídica.
El libro que pone los 27 tomos al alcance de quien quiera leerlos
A todo este arsenal el gran público no había podido acceder. Durante cuarenta y dos años, los veintiocho volúmenes durmieron en los archivos vaticanos. El propio postulador Anastasio Gutiérrez murió en 1998, en la fiesta de la Epifanía, sin ver elevada a los altares a la reina por la que había trabajado treinta y seis años.
El periodista José María Zavala —especialista en investigaciones a partir de archivos inéditos, autor de obras de referencia sobre sor Lucía de Fátima, Pío XII o el padre Pío— accedió al contenido esencial de la Positio en colaboración con la Comisión para la beatificación radicada en Valladolid.
Sobre esa base construyó Isabel la Católica. Por qué es santa, publicado originalmente por Planeta en 2019, agotado en dos ediciones en un solo mes y convertido casi de inmediato en pieza bibliográfica de difícil acceso.
Homo Legens lo recupera ahora, en su segunda edición, con la causa de beatificación de nuevo en el centro del debate eclesial.
El libro no es una hagiografía. No es una semblanza emotiva. Es la primera reconstrucción documental del único expediente que sigue sobre la mesa de Roma —los veintisiete tomos de la Positio— ordenada en cuatro partes: la mujer, la reina, la virtuosa y los favores actuales por intercesión de la Sierva de Dios.
La segunda parte —«La reina»— es la que responde, una a una, a las cuatro piezas clásicas de la leyenda negra: la expulsión, la Inquisición, Granada y América.
La cuarta —«Favores y fama de santidad»— recoge la treintena de testimonios contemporáneos compilados por Santiago Velo de Antelo desde la revista Isabel, internacional de la Sierva de Dios.
Una ventana pastoral, del 6 al 12 de junio
A esa coyuntura se suma una circunstancia inmediata: del 6 al 12 de junio, León XIV realiza su primer viaje apostólico a España — el primero de un pontífice desde Benedicto XVI hace quince años.
Lo acoge la Conferencia Episcopal Española presidida por monseñor Luis Argüello, el mismo arzobispo de Valladolid que reconoció en octubre la pausa «por prudencia política» y que, desde su archidiócesis, encabeza la comisión para la beatificación de Isabel.
Durante esa semana, Argüello dispondrá de acceso directo y prolongado al papa y a la Secretaría de Estado que viaja con él — el mismo dicasterio que en 1993 aconsejó la pausa.
Es una ventana pastoral poco frecuente para devolver el expediente, ahora íntegro y disponible, a la mesa que lo apartó hace treinta y tres años.
La devoción popular —la española, pero sobre todo la hispanoamericana, que el propio Argüello admitió haber comprobado con sorpresa en Bogotá— ya está alzando la mirada.
El libro existe para que, cuando el expediente vuelva a abrirse, esté en castellano y leído entero.
La paradoja de un proceso
Argüello lo dijo en octubre con todas sus letras: «cultivar la devoción» y «profundizar en el conocimiento de su vida y virtudes». Eso es lo que pide la causa para avanzar. Lo que el libro de Zavala aporta es exactamente lo segundo: las virtudes documentadas, los hechos contextualizados, las decisiones políticas leídas con la fuente vaticana del momento en la mano.
Quedan, sin duda, otras dificultades sobre las que la Comisión sigue trabajando. Pero el único argumento de fondo que la propia presidencia de la CEE ha hecho público está respondido desde hace siete años. Y lleva siete años imprimiéndose. Cinco siglos de devoción, veintisiete tomos de testimonios, una sola objeción «por prudencia política» — y un libro que, leído entero, dice exactamente lo contrario.
Isabel la Católica. Por qué es santa, de José María Zavala, no es solo un libro sobre una reina. Es un libro sobre cómo se construye —y cómo se desmonta— una leyenda histórica. Y también sobre algo mucho más actual: la dificultad de nuestro tiempo para comprender el pasado sin convertirlo antes en consigna.
