La Iglesia Católica en el Perú enfrenta una crisis sin precedentes en su historia reciente. Los últimos meses han estado marcados por escándalos, enfrentamientos internos y medidas disciplinarias sin precedentes, generando un clima de incertidumbre dentro de la comunidad eclesial y entre los fieles.
Desde la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana hasta las acusaciones contra figuras prominentes del episcopado peruano, el panorama revela un momento de gran tensión y cuestionamientos en la institución.
Uno de los episodios más impactantes de la crisis eclesial en el Perú ha sido la disolución del Sodalicio de Vida Cristiana. Una noticia que fue adelantada en exclusiva por InfoVaticana el pasado 18 de enero y que ha tenido una repercusión mundial. Esta organización, fundada en 1971 por Luis Fernando Figari, ha estado envuelta en denuncias por abusos sexuales y psicológicos. En el transcurso del año pasado, diversos miembros fueron expulsados, incluido el propio Figari. Finalmente, el Sodalicio anunció su disolución con «docilidad y plena obediencia al Santo Padre», según comunicados oficiales.
Unido a todo el tema del Sodalicio, también cabe señalar el sorprendente cese de José Antonio Eguren como arzobispo de Piura, quien había sido vinculado con la organización. Eguren ha criticado la forma en que se manejó su caso, acusando a los visitadores apostólicos Scicluna y Bertomeu de no haber realizado «una investigación seria» y de haber lesionado su buen nombre.
Polémicas en torno al cardenal de Lima, Carlos Castillo
El actual arzobispo de Lima, Carlos Castillo, ha estado en el centro de la controversia por distintas razones. Uno de los episodios más sonados fue su defensa de la obra teatral «María Maricón», la cual fue criticada por sectores católicos conservadores que la consideran blasfema.
Asimismo, Castillo ha sido crítico con su predecesor, el cardenal Juan Luis Cipriani, generando una fuerte división en la archidiócesis. La relación entre ambos ha sido tensa, con declaraciones públicas y críticas mutuas que reflejan la fractura interna dentro de la Iglesia peruana.
Muchos católicos de Perú siguen sin entender como el Papa Francisco pudo nombrar arzobispo y después crear cardenal a un sacerdote que fue apartado por Cipriani por sus confusas tesis doctrinales y que además militó en la izquierda peruana haciendo de la teología de la liberación su bandera.
La excomunión en el centro de la polémica
Un episodio particularmente llamativo ha sido el intento de excomunión de dos laicos peruanos, Giuliana Caccia y Sebastián Blanco, por parte del sacerdote español Jordi Bertomeu.
Estos laicos habían denunciado supuestas irregularidades en la investigación de casos de abusos dentro de la Iglesia. A pesar de la amenaza de excomunión, los denunciantes decidieron seguir adelante con su causa, desatando una discusión sobre el uso de la excomunión en estos casos y el nivel de transparencia en los procedimientos eclesiásticos.
Ambos periodistas mantuvieron un encuentro con el Papa Francisco en el Vaticano. Según su versión, el Pontífice les dijo que la excomunión quedaba en nada y les animó a seguir adelante. Pocos días más tarde, el Papa dijo prácticamente lo contrario, negando que les hubiera dado su apoyo. Ahora, estos dos peruanos han decidido llegar hasta el final y denunciar a Jordi Bertomeu ante la justicia peruana.
Ataques al cardenal Cipriani
Mientras los escándalos no dejan de sucederse en Perú, la izquierda política, mediática y eclesial lanzó una feroz campaña contra el cardenal Juan Luis Cipriani. El periódico El País fue el encargado de lanzar el ataque para que después se sumaran muchos más en atizar al cardenal del Opus Dei.
Ciprinai, que actualmente vive en Madrid, tuvo que emitid dos comunicados para defenderse y negar esas acusaciones. Además, mostró su estupefacción por la postura que había adoptado la Conferencia Episcopal de Perú y su predecesor en Lima, el cardenal Carlos Castillo, a quienes poco les faltó para condenar en público a Cipriani.
Acusaciones de encubrimiento contra el cardenal Prevost
Desde el pasado mes de mayo, este medio ha informado que el cardenal Robert Francis Prevost, actual prefecto del Dicasterio para los Obispos, ha sido acusado de encubrir casos de abuso durante su etapa como obispo de Chiclayo. Tres víctimas de abusos sexuales dirigieron una carta al Papa Francisco en la que señalan que Prevost tuvo una «gestión deficiente» al tratar casos de abusos en su diócesis.
Además, el sacerdote Ricardo Coronado Arrascue, quien ha actuado como abogado de las víctimas, ha denunciado haber sido perseguido por la Conferencia Episcopal Peruana. Estas acusaciones han avivado el debate sobre la actitud de la jerarquía eclesiástica frente a los casos de abuso y la defensa de los denunciantes.
Investigaciones y escándalos en la diócesis de Puno y Juli
Otro caso de relevancia es el del obispo de Puno, Jorge Pedro Carrión Pavlich, quien se ha negado a declarar ante la fiscalía en un caso de presunta malversación de bienes eclesiásticos. Bajo el foco de esta investigación también se encuentra el canciller y portavoz de la diócesis, Alex Aníbal Cano Arce, acusado de presunta venta ilícita de patrimonio religioso y malversación de fondos.
Por otro lado, el obispo Ciro Quispe, titular de la diócesis de Juli, también ha sido centro de escándalos. Se le acusa de utilizar bienes de la Iglesia para fines personales, incluyendo la apertura de una pollería de lujo. Además, enfrenta denuncias relacionadas con conductas sexuales inapropiadas. Este caso provocó en verano que el Vaticano designase una comisión para investigar al obispo de Juli. Se trata de monseñor Marco Antonio Cortez Lara, obispo de Tacna y Moquegua, nombrado como “‘visitador apostólico’, con la finalidad de verificar de manera exacta la situación de referencia”, se lee en un comunicado difundido esta tarde por la Nunciatura Apostólica en el Perú.
Además, la Conferencia Episcopal Peruana también ha sido objeto de controversia por la creación de un Comité Jurídico Canónico y Civil, en el cual se incluyó a un sacerdote previamente denunciado por pederastia. Este hecho ha sido duramente criticado por grupos católicos que exigen una política de tolerancia cero contra los abusos dentro de la Iglesia.
La prelatura de Moyobamba: un faro de luz
En medio de tanto escándalo y persecución, la prelatura de Moyobamba, sufragánea de la archidiócesis de Trujillo, es un pequeño oasis de normalidad y ejemplo para muchos otros territorios del país. Dos españoles, el obispo Rafael Escudero López Brea y el vicario general Jaime Ruiz del Castillo, han formado un espléndido tándem.
El obispo de la prelatura de Moyobamba fue uno de los valientes prelados que escribió una carta contundente contra Fiducia supplicans. Además, todo el clero firmó una carta de adhesión avalando las palabras de su obispo. En el gobierno de la prelatura de Moyobamba le acompaña el sacerdote toledano Jaime Ruiz del Castillo, a quien entrevistamos en este medio el pasado mes de junio, y cuyas homilías se viralizan con suma facilidad en redes sociales gracias a su claridad doctrinal.
Ambos, obispo y vicario general, han logrado que este pequeño territorio peruano sea un lugar sonado y puntero en todo Perú. Un pequeño reducto de catolicidad ajeno a todos los escándalos que salpican a la Iglesia peruana.