El corresponsal en Galicia de la Comunidad de Lanceros y nuestro enviado
especial a Santiago de Compostela han seguido muy de cerca los actos de la
Peregrinación Europea de Jóvenes 2022. También se han aprovechado de las
bondades culinarias de esa ciudad en la que se conserva la tumba del Apóstol.
Más que peregrinación europea habría que decir peregrinación española de
jóvenes. Eso de Europa será porque España está en la Comunidad Europea. La
Conferencia Episcopal Española parece tener poca capacidad para convencer de
nada al resto de los episcopados europeos, pese a lo bien que se le da al Presidente
las relaciones públicas.
Es parecer unánime de la Comunidad de Lanceros que lo primero que hay
destacar es el esfuerzo de los chicos, mayoritariamente adolescentes, durante los
días de una peregrinación que le coge a la Conferencia Episcopal con el paso
cambiado.
Comenta un miembro de la Comunidad de Lanceros que la mezcla de
Peregrinación, Jóvenes y Santiago de Compostela suena demasiado a san Juan
Pablo II y al cardenal Rouco Varela. Una mezcla que se palpaba en el ambiente y
que, en más de una ocasión, fue comentada entre los obispos que fueron a pasar
unos días a Santiago y a darse un pequeño baño de juventud, lo que tanto
necesitan.
Nuestro enviado especial, dedicado, todo hay que decirlo, a sacar magníficas
fotografías, destaca que de las catequesis de los obispos, las más seguidas fueron
las de monseñor Demetrio Fernández, monseñor Luis Argüello, monseñor Iceta,
monseñor Sanz Montes y monseñor Francisco Pérez.
A las de Osoro, Satué y De las Heras tuvieron que invitar a que se sumaran
algunos grupos porque corrían el riesgo de quedarse sin público.
Aunque la organización ha querido ser realista en las cifras y ha hablado de
12.000 jóvenes, en algunos actos pasaban escasamente de ocho mil, según los
testigos.
El mayor fiasco de esta peregrinación, herencia de aquel catolicismo alegre
de las Jornadas Mundiales de la Juventud, fue el legado del papa Francisco, el
cardenal obispo emérito de Fátima-Leiria, Antonio Augusto Dos Santos Marto. Un
cardenal que se ha ganado a pulso el cardenalato por sus conflictivas declaraciones
siempre escoradas al progresismo más burdo.
Poca relevancia le dio el papa a esta peregrinación de jóvenes y a la
Conferencia Episcopal Española, que, por otra parte, le ha dedicado un presupuesto
económico abundante, que envió como legado pontificio, no a un cardenal de la
Curia Romana, si no a un obispo jubilado, portugués, quizá por eso de la afinidad
con el gallego, y solo conocido por la repercusión del Santuario de Fátima, del que
fue obispo.
Cualquier cardenal emérito español lo hubiera bordado. No digamos nada si
hubiera sido el cardenal Rouco a quien se le debe el origen de esa Peregrinación
Europea y la recuperación con éxito del Camino de Santiago actual.
Muestra de la perspicacia y de la profundidad del análisis del cardenal
portugués fue su diagnóstico sobre el momento histórico, según las declaraciones
que hizo a la prensa. Aquí está lo que dijo: “El contexto histórico en el que se
realiza es un momento muy crítico para la humanidad. Las repercusiones de la
pandemia y la guerra a las puertas de Europa con sus consecuencias globales
revelan un mundo muy herido, esto es, un mundo de muchos heridos y muchas
heridas. Delante de este mundo, los jóvenes son desafiados a tomar conciencia de
estos problemas de las esperanzas y de las angustias, de las aspiraciones y de los
anhelos de este momento. Así, la PEJ es también una ocasión para dar una señal
clara de que los jóvenes quieren ser constructores de un mundo más hermoso, más
feliz, más fraterno, que no se resigna a nada, ni a la indiferencia, ni a la apatía; que
no quieren vivir anestesiados por la banalidad, por la superficialidad de la vida”.
La Comunidad de Lanceros