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¿Símbolo o sustancia?

Eucaristía Tolkien
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La presencia real de Jesucristo en la Eucaristía no es un tema baladí, pero sí genera discrepancias entre algunas denominaciones cristianas. ¿Está Jesucristo realmente presente? Es decir, ¿es un símbolo, o es sustancia?

En “¿Símbolo o sustancia?”, Peter Kreeft acomete una empresa tremendamente difícil: contraponer la visión sobre la presencia de Jesús en la Eucaristía de  los representantes de tres importantes tradiciones teologales de Occidente, mediante una conversación entre tres de las grandes figuras del Cristianismo reciente.

William “Billy” Graham (1918, Charlotte, Carolina del Norte-2018, Montreat, Carolina del Norte) fue un predicador cristiano evangélico, ordenado ministro de la Convención Bautista del Sur (CBS), la mayor denominación protestante en Estados Unidos, y la mayor congregación bautista en el mundo.  Debido a su gran labor, Graham está considerado como uno de los predicadores evangélicos más importantes e influyentes de la historia. A través de sus múltiples viajes (fue uno de los primeros en predicar en el lado este del Telón de Acero) y de sus numerosas intervenciones en la radio y la televisión, se convirtió en uno de los mayores representantes del Protestantismo evangélico.

S. Lewis (1898, Belfast, Irlanda del Norte-1963, Oxford, Inglaterra) fue uno de los mayores apologistas cristianos, bautizado en la Iglesia de Irlanda y miembro de la Comunión Anglicana. Escritor, crítico literario, académico de la Universidad de Oxford y medievalista, es ampliamente conocido por sus obras de ficción, de manera especial por la saga “Las Crónicas de Narnia”. Durante su adolescencia, Lewis se alejó de la fe, y llegó a considerarse ateo, pero en el ecuador de su vida, debido a la influencia de algunos amigos, se convirtió de nuevo al Cristianismo. Junto a otros académicos y escritores, Lewis formó parte de los Inklings, el nombre otorgado de manera posterior al cenáculo literario en el que participaban.

Lewis fue amigo cercano de J. R. R. Tolkien (1892, Bloemfontein, Estado Libre de Orange-1973, Bournemouth, Inglaterra), quien también fue académico de la Universidad de Oxford y escritor de renombre. Sus novelas de fantasía heroica “El Hobbit” y “El Señor de los Anillos” revolucionaron y revitalizaron la literatura de alta fantasía, y fueron llevadas exitosamente al cine por el director neozelandés Peter Jackson. Tolkien nació en una familia protestante de confesión baptista, pero en 1900 su madre, ya viuda, se convirtió al catolicismo con sus dos hijos, lo que provocó que su familia le retirara las ayudas económicas. En 1904 murió de diabetes, lo que causó honda impresión en el joven Tolkien, quien durante toda su vida tuvo a su madre por mártir. Junto a otros colegas, Tolkien fue responsable de la reconversión de Lewis, a pesar de su decepción al convertirse al anglicanismo y no al catolicismo.

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Con un denodado estudio previo a la redacción, Kreeft logra armar esta particular conversación sobre el valor real de la Eucaristía. El resultado está a la altura de los mejores diálogos platónicos; no sólo no desentona, sino que será recordado como una de las mayores contribuciones jamás brindadas al ecumenismo real, a ese que, lejos de mercadear con la verdad, la pone en el centro para rendirle pleitesía.

Tan imponente es la erudición de Kreeft que, por un momento, nos hace olvidar algo que resulta hasta cierto punto increíble. Y es que resulta que la conversación que Kreeft reproduce nunca se produjo: Tolkien, Lewis y Graham nunca se reunieron para debatir sobre este tema tan trascendental. Por eso mismo, el esfuerzo de Kreeft es tan titánico, y su resultado tan sobresaliente. Tan fidedigno es el diálogo que, al pasar la última página, uno se imagina a Lewis, a Tolkien y a Graham esbozando una sonrisa, entre agradecida y satisfecha.

Peter Kreeft (1937, Paterson, Nueva Jersey) es profesor de Filosofía en el Boston College, y un prolífico apologista católico con casi medio centenar de obras en su haber. Estudió en la Universidad Fordham, en el Calvin College y en la Universidad de Yale, y su labor en el campo de la filosofía le ha valido la obtención de numerosos premios. “¿Símbolo o sustancia?” es su última obra publicada en español.

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15 comentarios en “¿Símbolo o sustancia?
  1. Presencia o substancia, son meros problemas terminológicos. De la Presencia real no es posible dudar, e incluso dar la vida por ello si se nos pidiese. Pero el término «substancia», rodeado de «accidentes», es equívoco, porque, por ejemplo, ¿cómo sé que un metal amarillo, con determinado peso específico, inatacable al agua regia, etc., es oro?: obviamente por sus accidentes. La impagable labor del Doctor Angélico está impregnada de concepciones filosóficas aristotélicas, como nuestras concepciones actuales lo están de criterios psicoanalíticos e incluso marxistas-hegelianos, aunque no seamos nítidamente conscientes de ello. Lo importante el la Presencia, la Real Presencia, la Necesaria Presencia, la Reconfortante Presencia. El asunto de la denominación ya es otro cantar. Creo que el papa Benedicto ya lo explicó, dentro de la más estricta ortodoxia y dando un valor polisémico a la palabrita «transubstanciación»; cuestión de buscar.

    1. El término sustancia no es ambiguo, es el término propio de la filosofía católica. El término presencia es el ambiguo y el equívoco porque puede significar lo mismo que la presencia de Zeus en un ídolo de piedra.
      Es precisamente Ratzinger el influenciado por Hegel, Marx y Kant, lo que hace que su filosofía no sea precisamente ortodoxa.
      Santo Tomás es la filosofía ortodoxa católica, y las filosofías de aristoteles y platón son las semillas del Verbo según San Justino, no las desprecies.

      1. No es lo mismo creer que Cristo está presente en el pan como Zeus habitando en la estatua de piedra, que creer que la sustancia del pan desaparece para ser sustituida por la sustancia de Dios.
        Muy jesuítico y modernista hay que ser para verlo al revés de como es. Hay que ser muy modernista para ver las semillas del Verbo en las religiones falsas y no en la filosofía pagana verdadera o equiparar las paranoias de kant y hegel a Aristóteles, cuya filosofía es semilla del Verbo aunque Juan Pablo II lo cambiara por las religiones para justificar Asis.

          1. Los católicos lo tenemos muy claro porque no, nunca jamás decimos ¿qué es la Eucaristía? sino ¿quién es la Eucaristía?

            Y lo siento, pero quién niegue tanto que Jesús está en la Eucaristía como Dios y hombre verdaderos, y también que en el pan y el vino consagrados están presentes realmente el cuerpo, la sangre, el alma y la divinidad de Cristo, entonces anathema sit.

        1. Los católicos creemos en la presencia «real» de Cristo, cuando durante la Misa bajo las especies de pan y de vino, tras la consagración por el sacerdote, se hace presente, realmente, Jesucristo: en Cuerpo, Sangre, Alma y Divinidad. Lo importante es «real» como sinónimo de verdadera y substancial. Como indica muy bien el comentarista, para evitar confusiones como que Zeus está «presente» en una estatua, y siguiendo a Santo Tomás de Aquino y Aristóteles y no a Hegel y Kant, damos un valor fuerte a la presencia: «presencia eucarística». Los primeros luteranos creían en la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Lutero lo dijo en su Catecismo Menor: “¿Qué es el Sacramento del Altar? Instituido por Cristo mismo, es el verdadero cuerpo y la sangre de nuestro Señor Jesucristo, bajo el pan y el vino, que nos da a los cristianos para comer y beber (”Book of Concord, Tappert ed., 351.2)

          1. Hay una diferencia. Consustanciación y Transustanciación no es lo mismo. Transustanciación no es que Dios «está realmente en» la Sagrada forma, sino que «Dios ES realmente» la Sagrada forma. Es como el «subsiste in»: no vale decir que la iglesia de Cristo está en la iglesia católica, hay que decir «es». «Esto es esto» no es lo mismo que decir «esto está en esto». Ser y estar no significan lo mismo.
            Muchos católicos creen en esta h3r3 jia: «Cristo está (consustancialmente como Lutero) realmente presente en su alma y divinidad en la Hostia». Lo católico es «Cristo ES la Sagrada forma, y por tanto presente su cuerpo alma y divinidad de forma real»

  2. Creer que el pan y el vino son habitados por la presencia de Dios es idolatría.
    Creer que la sustancia es cambiada por la sustancia de Dios a pesar de los accidentes, es ser católico. Es presencia real porque es sustancial.

  3. Gracias, Uno, por tus comentarios.
    Para mí el más claro es Jesucristo mismo :
    » El pan que yo daré es mi carne para la Vida del mundo.
    Les aseguro que si no comen la carne del Hijo del hombre y no beben su sangre, no tendrán Vida en ustedes.
    El que come mi carne y bebe mi sangre tiene Vida eterna, y yo lo resucitaré en el último día.
    Porque mi carne es verdadera comida y mi sangre verdadera bebida.
    El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y yo en él.
    Así como yo, que he sido enviado por el Padre que tiene Vida, vivo por el Padre,
    de la misma manera, el que me come vivirá por mí.»

  4. En su ensayo, “La Adoración del Sacramento” (1523), Lutero sigue una vía media, pues por un lado, critica a quienes predican en contra de la adoración eucarística porque Cristo nunca prohibió a sus seguidores hacer esto. Por otro lado, Cristo nunca pidió a sus seguidores que lo adoraran como la Hostia. Lutero definió la adoración interna y externa. La adoración eucarística es una buena práctica cuando se realiza como una expresión externa de una fe interna, de lo contrario, «donde la adoración externa está sola, hay una hipocresía absoluta y una burla real de Dios». Así como honramos y adoramos al prójimo, en quien Dios habita (Rm 12,10) podemos adorar la presencia de Cristo, porque “[…] Cristo está presente cuando su cuerpo y su sangre están presentes. Sus palabras no me mienten, y él no está separado de su cuerpo y sangre […].

    1. Lutero en realidad no es ejemplo de nada, es más, todo lo que dice está condenado por muy católico que parezca y no se puede descondenar.
      La palabra sustancia no es lo que ponga en el diccionario de la lengua sino lo que dice santo Tomás que significa, que para eso es su filosofía.

  5. Éso es casi como si un padre está esperando que salgan del sanatorio su honrada esposa y su hijo recién nacidos, y le salga uno que le pregunte: ¿ Y está seguro que el niño que tiene su esposa, ,,
    ¿es de usted?
    Yo creo que una desquijarada no estaría nada mal.,, Así la pregunta.. nosotros sabemos, sin lugar a dudas, que la Santa Hostia que levanta el sacerdote en la consagración, Es el Cuerpo y la
    Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. No hay ninguna confusión.

  6. Como muy bien aclara Uno, tras la transubstanciación no es que esté «presente» Cristo, no es que haya «presencia» de Cristo en el pan y el vino: es que ya no hay pan, ni vino. Lo que cambia es la substancia. La presencia se da porque la substancia ya es sólo Cristo. Esa, y sólo esa, es la fe de la Iglesia.

  7. Creo que fue Pio VII u otro Papa cercano el que condenó la doctrina eucarística del Sínodo de Pistoia no porque no fuera eucarística sino por su rechazo a hacer uso del término transustanciación para expresarla. Sólo por eso. Y también podría ser ilustrativo el conocer quiénes fueron los teólogos enemigos del término substancia tanto para la Eucarístia como para la Consubstancialidad del Verbo. No creo que fueran de lo más fiable, precisamente.

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