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La devoción al Niño Jesús

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Por Roberto de Mattei

(Roberto de Mattei/CR)- Una de las devociones más hermosas y profundas que se dan en la Iglesia Católica es la devoción al Niño Jesús. Es una devoción que se practica desde hace siglos en familias religiosas como los carmelitas y los teatinos, y todavía no goza de la difusión que merece. Y a pesar de ello, no parece de más urgencia y actualidad que en este momento. El neomodernismo, extendido a todos los niveles en el seno de la Iglesia Católica, niega ya sea explícita o indirectamente la divinidad de Jesucristo. Jesús es presentado como un profeta, como un modelo, o como un hombre extraordinario, pero nunca como Dios hecho hombre.

La tesis es la siguiente: «Jesús es el Hijo de Dios, pero no es Dios mismo». Según esta doctrina, en la Encarnación el Verbo dejó de ser Dios, perdió la conciencia de su divinidad y comenzó a sentirse exclusivamente hombre, hasta el punto de ser capaz de cometer errores y pecados. Hasta después de su muerte en la cruz no recobró su naturaleza divina e inmortal. Para los modernistas, la expresión Hijo de Dios no significa otra cosa que Mesías, sin que Jesús fuese plenamente consciente de su misión terrenal.

Son los errores de las herejías antiguas, como el apolinarismo, el eutiquianismo, el nestorianismo o el socinianismo, que resurgen y son atribuidas además por Eugenio Scalfari al cardenal Martini y al papa Francisco (Il Dio unico e la società moderna. Incontri con papa Francesco e il cardinale Carlo Maria Martini, Einaudi, Turín 2019, p. 24 y passim).

De estos errores se desprende que Jesús debe ser admirado por su predicación y por su capacidad para sufrir durante la Pasión, que fue la expresión más alta de su humanidad; pero su vida privada, empezando por su infancia, carece de todo interés. María fue madre de un hombre y no de un Dios, y por consiguiente hay que considerar indebida la adoración de la bienaventurada Virgen, San José, los Magos y los pastores a aquel Hombre. Desde esta perspectiva, el Niño Dios no se diferenciaba de los niños de su tiempo, e igualmente en su vida pública, Jesús fue un hombre como los demás; excepcional, sí, pero no estaba libre de pasiones y defectos. Muy distinto es lo que enseña la Iglesia Católica. La Iglesia enseña que Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, fue Dios antes y después de su Encarnación en la Santa Casa de Nazaret, y como tal era infinitamente perfecto.

El padre Frederick William Faber lo explica bastante bien: Jesús es el Verbo Eterno. Este Verbo fue pronunciado desde la eternidad, y no había espacio dentro del cual pudiera estar expresado, ni tiempo dentro cual pudiera estar limitado, porque antes de Él y fuera de Él no existía nada. Su eterna morada no está limitada por el espacio ni el tiempo, porque se encuentra en el seno del Padre, entre las llamas de la Divinidad. En la eternidad, y no en el tiempo, tiene lugar su inexplicable generación. A cada instante el Hijo es generado por el Padre, y en cada instante el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo. «Así como no hubo un instante en el que Hijo no hubiera nacido todavía, tampoco podrá haber jamás un momento en que deje de nacer» (Betlemme, SEI, Turín 1950,  p.12 y ss.).

Lo dice la fe en el Credo: «Engendrado, no creado; consustancial al Padre». Su generación, incomprensible para la mente humana, ha tenido y tiene lugar en la eternidad, no en el tiempo. Del Padre procede el Hijo, que es el Verbo; del Padre y de su Verbo procede el Espíritu Santo; las tres personas son iguales entre sí, coeternas y consustanciales. Lo afirmó el Concilio de Nicea contra los arrianos, que negaban la eternidad del Verbo. Lo reiteró el Concilio de Calcedonia contra los nestorianos, al definir que Jesucristo es una sola Persona divina en dos naturalezas, divina y humana. La unión entre el Verbo y la naturaleza humana es hipostática porque el Verbo comunicó su ser divino a la naturaleza humana. Pero Jesucristo sigue siendo una sola Persona, la del Verbo, nacida ab aeterno el Padre y nacida en el tiempo de María, según la naturaleza humana de la que se apropió.

La mente divina concibió y decretó que la naturaleza creada se uniese al Verbo increado, la Palabra del Padre, su expresión, su imagen. Todos los ángeles, toda la humanidad, todos los animales y toda la materia fueron llamados a la existencia a causa de Jesucristo, Segunda Persona de la Santísima Trinidad, que asumió la naturaleza humana y fue por eso el Hombre-Dios, el Verbo Encarnado. El Verbo, antes incluso de la creación de Adán y Eva, eligió a una mujer, María, para que fuera Madre de Dios, y dentro del Sistema Solar escogió la Tierra para teatro de la Encarnación.

La aparición del Verbo Encarnado en la Tierra es el punto culminante de la revelación divina y de toda la historia humana, que a partir de dicho acontecimiento, como recuerda Dom Guéranger, se divide en dos grandes épocas: antes y después del nacimiento de Jesucristo. «Antes de Jesucristo, una espera de muchos siglos; después de Él, una duración cuya secreto está velado a los hombres, porque ninguno sabe a qué hora nacerá el último elegido. Y el mundo se ha conservado para los elegidos, por los cuales se encarnó el Hijo de Dios».

La Encarnación se cumplió en Nazaret y se manifestó en Belén. Pero Jesús no nació ni en Nazaret ni en Belén, porque en el momento en que nació ya tenía una edad eterna. Todas las perfecciones divinas de la eternidad, inmensidad, infinidad, simplicidad y unidad de Dios las adoramos en el Niño Jesús acostado en el pesebre. Por esta razón, la Santa Infancia de Jesús está vinculada a la devoción a los atributos divinos de Dios, que nos introduce profundamente en el misterio de la Santísima Trinidad. Mediante esta devoción declaramos que quien nace no es un niño como otro cualquiera: es un hombre-Dios, el Salvador y Redentor de la humanidad, plenamente consciente de su misión. Y este Niño envuelto en pañales es además el Ser perfectísimo, Creador del Cielo y de la Tierra, ante el cual se postra todo el universo.

La más profunda de las devociones es la que nunca pierde de vista la divinidad de Nuestro Señor. De la divinidad y de la humanidad de Cristo, unidas en una sola Persona divina, procede la realeza de Cristo, fundada –como explica Pío XI en la encíclica Quas primas– en la admirable unión que se conoce como unión hipostática. «De donde se sigue que Cristo no sólo debe ser adorado en cuanto Dios por los ángeles y por los hombres, sino que, además, los unos y los otros están sujetos a su imperio y le deben obedecer también en cuanto hombre; de manera que por el solo hecho de la unión hipostática, Cristo tiene potestad sobre todas las criaturas». Hoy en día quieren destronar a Jesús despojándolo de su divinidad. Postrados ante el Niño Jesús en el Santo Pesebre, no sólo queremos adorar su humanidad, sino también su divinidad, restituyéndole la corona que le sustraen a diario.

Publicado por Roberto de Mattei en Correspondencia Romana.

14 comentarios en “La devoción al Niño Jesús
  1. La foto de la portada no se corresponde con el contenido del artículo. Ese niño de la portada, en brazos de quien niega la divinidad de Jesucristo o que, al menos, no la afirma reiteradamente, como es su obligación, es un niño cualquiera, no el Niño Dios Redentor.

    1. El concierto de Navidad del Vaticano ha contado con momentos de adoración a la Pachamama dirigidos por una chamana aborigen. El aula de audiencias pablo VI sufre muchas críticas por el extraño bronce del resucitado que la preside y que para muchos tiene tintes demoniacos. Pues, no contentos con las escenas grotescas y carnavalescas del sínodo de la Amazonía, vemos cómo sus coletazos llegan hasta la Navidad. Tenemos pendiente el documento final que no llega y que, contenga lo que contenga, estamos seguros de que aumentará la confusión. Parece que estamos en una carrera en que, a tiempo y a destiempo, nos vemos asediados por defensas irracionales de la inmigración que a los únicos que perjudica seriamente es a los propios inmigrantes.

    2. El papa Francisco celebra en navidad el nacimiento del niño Dios, reconoce que Cristo es Dios. Hace muy poco habló de la Virgen María como Madre de Dios. El negar que el Santo Padre reconozca que Cristo es Dios ¿Cómo podríamos llamar a tal acción.?

  2. Si el creador de nosotros es Dios, ¿tendremos nosotros más poder que Dios?
    Pues claro que no.
    Así que pase lo que pase y patalee el mundo lo que quiera, a la hora que El lo disponga, nos pone en nuestro lugar y ya no será más Yo sino Él.

  3. Jesús es el Hijo de Dios hecho hombre, que se encarnó en María, nuestra Madre, todo lo demás es una estúpida herejía que puede tener eco en una sociedad abortista, apóstata y depravada como la nuestra. Nadie en su sano juicio vería normal todo lo que nosotros estamos viendo y lo peor no es eso, sino que algunas personas muy religiosas lo están si no tolerando, sí callando, no están de acuerdo, pero callan por cobardía, miedo o el qué dirán ¡¡¡Derechita cobarde!!! ¡¡¡Cristianitos cobardes!!!. Yo no puedo juzgar, pero al menos denunciarlo.

  4. !Brillante!
    Coincido con Belzunegui. La foto de portada no puede ponerse en un texto tan exclente. O puede que se haya hecho precisamente para eso: las sombras en los lienzos son necesarias para que se vea la luz.
    !Gracias Mattei!

  5. Cada uno puede proponer lo que considere oportuno y proponer la Adoracion de JESÚS niño etc…..
    Pero por eso no debe decir verdades a medias
    En mi opinión le sobra todo lo anterior a la citación
    El padre FWF
    Claro también en mi opinion

  6. Yo a Roberto de Mattei lo estimo mucho No se como di con una revista que el dirige
    Radici Cristiane.El articulo esta pues bastante bien aunque confieso que no se que es el apolinarismo el eutiquianismo y el socianismo
    Para mi la Navidad da mucho de si si se lee el prologo del evangelio de San Juan que antes se leia siempre al final de las misas Digo antes del Concilio
    Siendo pequeña y no tan pequeña pues no llegas a contemplar lo que significa
    Junto a eso el canto del Adeste fideles es pues lo que podemos hacer adorar
    Claro que el noche de paz es bello y bonito saber que hubo una tregua durante la guerra mundial pero yo insisto en el Adestes porque perdimos mucho alejandonos del latin y del griego que por otra parte nos permiten ver el origen de nuestras palabras y
    Su significado Por eso se nos pretende manipular por medio del lenguaje
    No es que seamos responsables de todo eso uno a uno pero es bueno saber recibir lecciones de un historiador que pone muchas veces el dedo en la llaga

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